Aunque Irán da muestras de resistencia en la guerra con Estados Unidos, a sus gobernantes les preocupa que la amenaza de nuevas sanciones económicas por parte de Donald Trump pueda agravar las dificultades, reavivar los disturbios y erosionar aún más la legitimidad de la República Islámica.
Trump prometió el viernes asestar un duro golpe económico a Irán, un día después de que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirmara que Washington impondría a Teherán medidas "sin precedentes" pronto. Washington no ha especificado en qué consistirán dichas medidas.
A pesar de toda la bravuconería de los líderes iraníes tras haber resistido durante casi seis meses de conflicto y haber cerrado de hecho el estrecho de Ormuz, una ruta vital para el suministro mundial de petróleo, éstos se enfrentan a una presión creciente en el país que podría dar lugar a disturbios a nivel nacional, según tres funcionarios iraníes.
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Los funcionarios, dos expertos en política, un exfuncionario iraní y una docena de ciudadanos iraníes de a pie hablaron con Reuters para este reporte bajo condición de anonimato, ya sea por temor a represalias o porque no están autorizados a hablar con los medios de comunicación.
Irán entró en la guerra con una elevada inflación, una moneda en declive, escasez de energía, sanciones y profundas debilidades estructurales, y ahora debe hacer frente a infraestructuras dañadas, un comercio interrumpido, la pérdida de producción y el costo de la reconstrucción.
Arshia, ingeniero civil, trabajó durante una década en el sector de la construcción en Irán antes de que la guerra, que comenzó con los ataques de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, paralizara en gran medida los proyectos.
Ahora le cuesta encontrar trabajo, ya que los proyectos se retrasan o se cancelan y los costos se disparan, con pocas perspectivas de una rápida recuperación.
"Estoy preocupado. Si Trump impone más sanciones, ¿cómo sobrevivirá la gente? No quiero que mi país sea castigado militar ni económicamente. Ya lo estamos pasando mal", afirmó este padre de dos hijos, residente en la ciudad central de Isfahán.
Su difícil situación refleja una realidad más amplia en todo Irán, donde los ataques estadounidenses han dañado fábricas, centrales eléctricas, redes de transporte y otras infraestructuras críticas, lo que aumenta la presión sobre una economía ya de por sí en apuros.
Mohsen, de 53 años, se vio obligado a cerrar su pequeño negocio de importación y exportación con los países del Golfo después de que Irán respondiera a los ataques estadounidenses atacando bases y activos estadounidenses en la región.
"Tuve que despedir 10 empleados. Fue doloroso, pero no tuve otra opción. Ya no podía permitirme pagar sus salarios y ahora dependo de mis ahorros para mantener a mi familia", afirmó desde la ciudad portuaria sureña de Bandar Abbas.
INFLACIÓN E INCERTIDUMBRE
La tasa de inflación anual de Irán alcanzó el 66% en julio, mientras que los precios al consumidor eran un 87,9% más altos que un año antes, según el Centro de Estadística de Irán. La inflación de los alimentos alcanzó el 128% interanual.
Para los gobernantes iraníes, la mayor amenaza puede que no sea el propio sufrimiento económico, sino el riesgo de que el empeoramiento de las dificultades reavive los disturbios masivos, afirmaron dos fuentes y un funcionario.
El nombramiento la semana pasada de Hossein Taeb, uno de los principales artífices de campañas represivas previas, al frente de la milicia Basij iraní es una de las señales más claras hasta la fecha de la creciente preocupación por un resurgimiento de los disturbios, afirmó un antiguo funcionario reformista.
La Basij, una milicia paramilitar de voluntarios, está afiliada a la poderosa Guardia Revolucionaria iraní, y ambas han sido utilizadas por los gobernantes clericales para sofocar las protestas.
En los últimos años, las penurias económicas han desembocado repetidamente en protestas a nivel nacional en Irán. En enero, las manifestaciones por estas dificultades fueron reprimidas por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y la milicia Basij, con un saldo de miles de muertos.
En los últimos meses, los gobernantes clericales de Irán han respondido a los temores de nuevos disturbios con ejecuciones, detenciones, citaciones y largas penas de prisión dirigidas contra periodistas, abogados, activistas, defensores de los derechos humanos y estudiantes, según afirman los grupos de derechos humanos.
Las autoridades aseguran que estas medidas son necesarias para mantener la estabilidad en tiempos de guerra. Los críticos sostienen que podrían agravar la brecha entre la clase dirigente clerical y una población frustrada por las crecientes presiones económicas.
Las familias están reduciendo el consumo de carne y otros alimentos básicos, optando por alternativas más baratas.
"Me da vergüenza ante mis hijos. Mi sueldo se acaba en cuestión de días. La carne y el pollo han desaparecido de nuestra mesa. No tengo ni idea de cómo vamos a salir adelante" dijo Hossein, un empleado público de la ciudad de Yazd, en el centro del país.
Los alquileres subieron un 31% interanual en marzo, según el Centro de Estadística, mientras que los medios estatales informaron que los precios de la vivienda en Teherán se situaban aproximadamente un 50% por encima de los del año pasado.
El salario mínimo en Irán se incrementó este año en torno a un 60%, pero la continua depreciación del rial ha mermado el poder adquisitivo, y el valor en dólares del salario mínimo ha caído de unos 105 a 86 dólares desde finales de marzo.
Irán ha intentado mantener el flujo de productos esenciales a través de rutas alternativas, incluidos los corredores terrestres y el mar Caspio, pero esas opciones también se están viendo sometidas a una gran presión.
Los ataques a puentes han interrumpido el transporte terrestre, lo que ha incrementado el costo y el tiempo necesarios para trasladar mercancías a Irán.
El presidente Masoud Pezeshkian reconoció la semana pasada estas dificultades y afirmó: "Nuestros problemas se han multiplicado, mientras que nuestros ingresos han disminuido".
Las mercancías que antes llegaban por barco ahora recorren rutas más largas para entrar en Irán, lo que las encarece, señaló, agregando que la nación está vendiendo menos petróleo y recaudando menos ingresos fiscales de empresas dañadas o en dificultades.
(Reporte adicional de Nilo Tabrizi en Londres, escrito por Parisa Hafezi. Editado en español por Javier Leira)
