Cuando los niños entraron en el zoológico situado cerca del campo de refugiados de Nuseirat, en Gaza, se encontraron con un león que apenas les devolvía la mirada a través de los barrotes de su jaula y con chimpancés sentados apáticos en su recinto.
Muchos de los animales estaban desnutridos, debilitados por la escasez de comida, medicinas y vacunas. Pero seguían vivos, en gran parte gracias a los esfuerzos del propietario del zoológico, Mahmoud Gomaa.
En un principio, regentaba el parque en la ciudad meridional de Ráfah, pero dijo que tuvo que huir cuando los soldados israelíes atacaron y ocuparon parte de la zona en 2024.
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A medida que el conflicto se recrudecía, trasladó a los animales supervivientes de pueblo en pueblo hasta que, a principios de este año, encontró un lugar en Nuseirat, en el centro de Gaza.
Allí reabrió el zoológico, con la esperanza de ofrecer a los traumatizados más pequeños algo con lo que disfrutar tras casi tres años de destrucción.
EL CUIDADOR DEL ZOO REGRESÓ Y ENCONTRÓ HUESOS DE ANIMALES
"Al principio de la guerra, la gente buscaba una forma de sobrevivir (…) y yo buscaba una forma de salvar a los animales más que de salvarme a mí mismo", dijo Gomaa a Reuters.
Antes de que estallara el conflicto entre Israel y Hamás, había varios zoológicos en Gaza que exhibían animales exóticos y salvajes, como leones y águilas, según los registros municipales.
Cualquiera que intente mantener uno abierto se enfrenta ahora a enormes retos, según veterinarios y expertos en animales, entre ellos la dificultad de conseguir comida en un territorio que lucha por alimentar a su población humana.
"Los propietarios les están dando de comer carne congelada", explicó el veterinario Nidal Fadel. "Esto es una catástrofe y un plan nutricional erróneo, ya que en la naturaleza se alimentan de presas frescas".
Los propios animales están sufriendo las peores consecuencias de la guerra, a veces de forma directa.
Cuando Gomaa huyó de Ráfah, contó que tuvo que dejar atrás tres leones, varios cocodrilos y algunas avestruces africanas.
Unos meses más tarde, Gomaa regresó y solo encontró los huesos de los cocodrilos y los avestruces. Los tres leones, a los que había encerrado en sus jaulas, habían desaparecido.
A esto se suma el trauma provocado por el ruido y las imágenes del conflicto que se libra a su alrededor.
"Los leones pueden detectar sonidos y perturbaciones que los humanos quizá no perciban", explicó Amir Khalil, un veterinario que ha liderado varios viajes a Gaza con la organización de bienestar animal Four Paws y ha rescatado a animales de otros zoológicos.
"Los bombardeos y el conflicto constante les provocan un estrés y un miedo enormes", añadió.
En Nuseirat, el león superviviente apenas alzaba la vista hacia los visitantes. Pero los niños tuvieron más suerte con algunos de los otros animales: dejaron que los loros se subieran a sus hombros y acariciaron a monos pequeños.
Fue una oportunidad única para relajarse en un enclave que sigue sufriendo ataques aéreos regulares, a pesar de un frágil alto el fuego. El ejército israelí, que afirma que sus ataques están dirigidos contra objetivos milicianos, no respondió de inmediato a las preguntas sobre el impacto del conflicto en instalaciones civiles como los zoológicos y sus animales.
"Hoy en día los niños no tienen ningún sitio donde jugar", dijo Karam al-Mazin, de 42 años, uno de los visitantes.
"No hay nada más que escombros, piedras y tiendas de campaña, por lo que los niños se aburren y se encuentran en una situación difícil."
Con información de Reuters
