Cuando la Patagonia era un palmar: un hallazgo en Río Negro reescribe la historia natural de la Argentina

El descubrimiento de una nueva especie fósil de palmera en Paso Córdoba revela que hace 20 millones de años el norte de la Patagonia tenía un clima subtropical. 

30 de junio, 2026 | 14.30

En Río Negro, un descubrimiento paleobotánico de impacto internacional volvió a demostrar que el patrimonio argentino ofrece respuestas sobre un pasado tan remoto como fascinante: el descubrimiento de una nueva especie fósil de palmera que transforma el conocimiento científico sobre la evolución del clima patagónico.

El equipo, encabezado por la licenciada Luciana Muci, egresada de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), fue quien logró identificar este hallazgo. El trabajo fue publicado en la prestigiosa revista American Journal of Botany y describe a Pindocarpon chichinalensis, un fósil excepcional. 

Cada uno de esos descubrimientos permite reconstruir la historia natural del territorio argentino y comprender cómo los cambios climáticos transformaron el paisaje a lo largo de millones de años. Esa información resulta fundamental no solo para la ciencia, sino también para fortalecer la conciencia sobre el valor del patrimonio natural que hoy protege la provincia.

La historia se encuentra escrita en las montañas, en los valles y en los fósiles que permanecieron ocultos durante millones de años. Descubrimientos como el de Pindocarpon chichinalensis recuerdan que preservar ese patrimonio significa cuidar una parte irremplazable de la memoria del territorio.

Porque conocer cómo era la Patagonia cuando estaba cubierta de palmares no solo modifica los libros de ciencia: también enriquece el relato de un país cuya identidad se construye a partir de la extraordinaria diversidad de su naturaleza, su historia y su cultura.

Un descubrimiento que trasciende la ciencia 

Más allá del impacto académico, el hallazgo representa una nueva muestra de la riqueza patrimonial que conserva el territorio argentino. Cada fósil recuperado es una pieza de una historia que comenzó mucho antes de la presencia humana y que hoy ayuda a comprender la evolución del paisaje donde se desarrollaron, miles de años después, las distintas culturas que forman parte de la identidad nacional.

Los restos fueron encontrados en el sector conocido como Valle de la Luna Amarillo, dentro del Área Natural Protegida Paso Córdoba, al sur de General Roca. Ese sitio constituye uno de los espacios paleontológicos más importantes del país y conserva una enorme diversidad de fósiles de plantas, mamíferos y aves pertenecientes al Mioceno temprano.

En este caso, los investigadores recuperaron una notable concentración de frutos y semillas petrificados de palmeras con un nivel de conservación extraordinario. El análisis permitió determinar que pertenecen a una especie hasta ahora desconocida para la ciencia y que constituye el registro fósil más austral de la subtribu Attaleinae en Sudamérica.

La importancia del descubrimiento va mucho más allá del nombre de una nueva especie. Los estudios indican que hace 20 millones de años el actual paisaje árido de la Patagonia era muy diferente. Donde hoy predominan la estepa, los arbustos y los fuertes vientos, existía un ambiente subtropical con extensas sabanas y bosques de palmeras similares a los que actualmente pueden encontrarse en el noreste argentino.

Aquella Patagonia se parecía mucho más al actual Chaco Húmedo que al paisaje que hoy identifica a la región. En esos ambientes convivían palmares, una abundante fauna y algunas de las especies más emblemáticas de la prehistoria sudamericana, como las gigantescas "Aves del Terror", además de reptiles y mamíferos que también forman parte del extraordinario registro fósil rionegrino.

La importancia de la investigación

El trabajo también pone de relieve el papel estratégico que cumplen los museos públicos en la conservación del conocimiento. La mayor parte de los ejemplares estudiados se encuentra resguardada en el Museo Patagónico de Ciencias Naturales "Juan Carlos Salgado", de General Roca, donde equipos técnicos e investigadores garantizan su preservación y estudio permanente.

A ello se suma el trabajo articulado entre la Dirección de Patrimonio y Museos de Río Negro, el Museo de la Asociación Paleontológica Bariloche y distintos centros de investigación que conforman una red científica que integra el valle, la cordillera y la costa bajo el programa Rutas Patrimoniales. Esta política de preservación no solo protege bienes de enorme valor histórico, sino que también impulsa la investigación, fortalece la educación y promueve el turismo científico como una herramienta de desarrollo para las comunidades locales.

El director de Patrimonio y Museos, Pablo Chafrat, destacó que este tipo de investigaciones fortalecen la economía del conocimiento y consolidan a los museos como espacios fundamentales para comprender la historia de la provincia y del país. Cada fósil preservado amplía el patrimonio colectivo y ofrece nuevas oportunidades para que investigadores, estudiantes y visitantes conozcan una parte poco visible de la identidad argentina.