Pasaron más de diez años desde el escándalo que terminó con su matrimonio, pero Maxi López todavía necesita tomar aire antes de hablar de la traición de Mauro Icardi. Esta vez lo hizo en PH: Podemos Hablar, y no se guardó nada: contó cuál es la herida que, pese al tiempo, sigue sin cicatrizar.
El exfutbolista dejó en claro que lo que más le dolió de todo aquel episodio no fue tanto la infidelidad de Icardi con Wanda Nara, su expareja, sino lo que vino después: el impacto que tuvo esa guerra de adultos sobre sus tres hijos, Valentino, Constantino y Benedicto.
"El amor se había terminado, pero cuando se mete con los chicos… eso no lo perdono", lanzó, sin vueltas, marcando ahí el límite que para él resulta imperdonable.
López fue por más y reveló la dimensión real del daño: llegó a pasar cerca de diez años sin poder ver a sus hijos como hubiera querido, en medio de un conflicto que —según su relato— muchas veces se le escapó de las manos.
"Cuando quedan involucrados los chicos es lo peor. Pasé muchos años sin ver a los chicos, casi diez años, pasaron muchas situaciones", admitió. Y sumó un detalle que pinta la impotencia de esos años: "En muchas situaciones se metieron con ellos y yo no lo podía controlar. Trataba de no involucrarme demasiado porque era muy grande lo que pasaba".
Más allá del capítulo puntual con Icardi, López aprovechó la charla para dejar una definición que funciona como manual personal frente a las traiciones: para él, ciertas rupturas no tienen vuelta atrás.
"Cuando una página se da vuelta de mi vida, yo no vuelvo más", sentenció, dejando en claro que no hay margen para reconstruir un vínculo una vez que considera cerrado un capítulo.
A más de una década de aquel escándalo que sacudió a la farándula argentina, el testimonio de López deja en evidencia que el verdadero costo de la traición no se midió en la ruptura con Icardi, sino en el tiempo perdido con sus hijos.
