Construir algo diferente” dijo, en ese simple enunciado está la clave de lo que se viene. Cristina no es una dirigente más, tiene la capacidad de avizorar lo que muchos no logran ver.

El tiempo de consignas y remeras como única garantía de construcción se terminó.

Un pacto social con una ciudadanía responsable como firmante es el marco que describe para enfrentar el desastre que dejará Macri.

El peor gobierno de la historia dejará mucho más que la economía y las finanzas destruidas, esta gente ha destruido la confianza, la esperanza, las redes de contención de la ciudadanía.

La confrontación violenta de sus voceros y la estrechez intelectual del Presidente nos ha llevado en términos simbólicos a una suerte de decadencia y mediocridad cotidianas en las que la ciudadanía es abordada como un conglomerado de incapaces plausibles de creer cualquier cosa.

A las penas en términos económicos que padece, sin excepción de “clases”, la abrumadora mayoría de la población, se suma la atmósfera densa y viscosa de una sinrazón permanente en términos discursivos donde el otro es el enemigo a vencer, donde el hambre es una excusa para no reconocer las obras públicas como las cloacas, donde el reclamo es reprimido, donde la “justicia” es una suerte de comodín que genera movimientos circenses ante cada indicador negativo al gobierno…. Podríamos seguir con los ejemplos…. Son sencillamente delirantes para cualquier persona que lea estas líneas sin apegos coyunturales.

Este circo montado para saquear al país no es una casualidad ni una maldición divina, es el resultado de las urnas, único amplificador de la voz popular.

El electorado ha sido manipulado, en gran parte por un aparato mediático al servicio de intereses corporativos, no se puede negar, tampoco se pueden negar los errores propios, tal como reconoció Cristina en la presentación de su libro.

Cristina convoca a la reconstrucción y lo hace desde la amplitud y el altruismo que solo pueden ostentar aquellos que se saben depositarios de la esperanza popular.

Cristina, como ningún otro dirigente, convoca a la responsabilidad ciudadana en una interpelación filosa y sincera, tal vez criticable desde la impoluta y blanca “sociedad civil” que gusta de descargar sobre “la política y los políticos” la suma de todos los males.

Tampoco es casual que así sea, históricamente el mecanismo para socavar los gobiernos populares ha sido el menosprecio de la política y la instalación en el sentido común que los políticos son una suerte de alienígenas con prerrogativas divinas que surgen de la magia sin asidero en la sociedad que los padece.

El mensaje unidireccional sobre la ciudadanía despolitizada cala hondo y permanece como mantra sagrado. Cristina se anima a interpelar a esa ciudadanía.

Pero la interpelación no termina allí, las dirigencias todas, sin excepción, también son interpeladas.

Cada espacio de disputa de poder está bajo la lupa de las responsabilidades pasadas y futuras.

Tal vez lo más difícil sea hacerse cargo individualmente de responsabilidades colectivas, pero por algo deberíamos comenzar.

La política, en todas sus facetas -partidaria, gremial, cultural, empresarial- es una actividad humana, por lo tanto, no está exenta de virtudes y miserias inherentes a esa condición.

Más allá de los discursos es imperioso en este nuevo tiempo recuperar la confianza desde las acciones.

Si algo tuvo el proceso político iniciado por Néstor Kirchner en 2003 fue la concatenación de acciones políticas concretas que llevaron a la acumulación de poder en base a la confianza ciudadana.

Volver a las fuentes propone Cristina, y tal vez su capital político más importante sea precisamente la absoluta sinceridad y coherencia entre el discurso y los hechos, muy a pesar de sus detractores y exegetas.

No hubo lanzamiento de candidaturas en la Rural, pero se señalizó el “kilómetro cero” de la carrera hacia la recuperación de la dignidad y la soberanía.

No hay convocatoria mágica, hay un llamado contundente a la responsabilidad de todos y cada uno de los argentinos y argentinas de buena fe, ciudadanos de a pie y dirigencias para reconstruir las bases de la Patria Libre Justa y Soberana.

No fue magia… No será magia… Fue, es y será POLITICA.