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Nueve de cada diez hogares endeudados: casi la mitad es fuera del sistema financiero

Un informe del IETSE muestra que las familias no solo se endeudan con bancos y tarjetas: también acumulan alquileres, fiado, impuestos, servicios y cuotas educativas.

28 de agosto, 2026 | 12.44
Nueve de cada diez hogares endeudados: casi la mitad es fuera del sistema financiero

Si bien el foco se mantiene en los informes oficiales de las entidades financieras y billeteras virtuales, el endeudamiento de los hogares se extiende mucho más allá de las tarjetas de crédito y los préstamos bancarios. Un relevamiento del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) muestra que el 92,3 por ciento de los hogares registra algún tipo de deuda y que, del total de las obligaciones relevadas, apenas el 50,7 por ciento puede identificarse a partir de información del Banco Central. El 49,3 por ciento restante corresponde a compromisos que quedan fuera de ese universo, entre ellos alquileres, compras fiadas en comercios de proximidad, impuestos, tasas, expensas, servicios, educación privada y préstamos entre familiares, amistades o prestamistas no regulados.

El dato modifica la forma habitual de observar el problema. Una familia puede no aparecer con un nivel elevado de deuda en los registros financieros y, al mismo tiempo, acumular varios meses de alquiler, tener saldos pendientes con el almacén del barrio, facturas de servicios sin pagar, expensas atrasadas o cuotas escolares pendientes. El informe sostiene que "la deuda de los hogares argentinos es sustancialmente más amplia que aquella que puede observarse exclusivamente a través de los registros financieros tradicionales".

La cuarta edición del estudio sobre el "Nivel de Endeudamiento de los Hogares Argentinos", correspondiente a agosto de 2026, relevó 4.200 casos efectivos a nivel nacional, mediante una muestra probabilística estratificada. El trabajo de campo se realizó entre el 25 de julio y el 15 de agosto y alcanzó a personas mayores de 18 años responsables del manejo financiero de sus hogares en las 23 provincias y la Ciudad de Buenos Aires.

La composición de la deuda permite observar dónde se concentra la presión sobre los ingresos familiares. Dentro del 50,7 por ciento de obligaciones que pueden deducirse a partir de la información del BCRA, las tarjetas de crédito representan el 31,1 por ciento del total relevado. Le siguen los préstamos de billeteras virtuales, financieras y prestamistas regulados, con 10,2 por ciento, y las obligaciones con entidades bancarias, excluidas las tarjetas, que explican otro 9,4 por ciento. En conjunto, estas tres categorías representan el universo formal más visible del endeudamiento de los hogares.

Pero la otra mitad se encuentra en compromisos que no aparecen necesariamente como una deuda financiera tradicional. El principal componente es el fiado en comercios de proximidad, que representa el 13,3 por ciento de las obligaciones relevadas. Apenas por debajo aparecen los alquileres de vivienda, con el 12,5 por ciento. Luego se ubican impuestos, tasas y expensas, con 8,5 por ciento; préstamos familiares, de amistades y/o prestamistas no regulados, con 4,7 por ciento; servicios de empresas privadas, con 4,3 por ciento; educación privada, con 2,2 por ciento; deudas sin especificar, con 2 por ciento; y servicios públicos, con 1,8 por ciento.

El orden de esos porcentajes muestra que una parte significativa de la deuda no se origina en la decisión de financiar una compra extraordinaria o acceder a un préstamo para realizar una inversión, según se desprende del informe. Aparece, en cambio, vinculada con gastos que forman parte del presupuesto habitual de una familia. El alquiler, los alimentos comprados a cuenta, las expensas, los impuestos, los servicios y la educación forman parte de los gastos corrientes que deben afrontarse para sostener la vida cotidiana.

La deuda no necesariamente surge después de una compra de bienes durables, sino que puede aparecer cuando los ingresos del hogar dejan de alcanzar para cubrir gastos que se repiten todos los meses. En ese escenario, el financiamiento se convierte en una forma de cubrir la diferencia entre lo que entra y lo que debe pagarse. El IETSE señala que el 62,5 por ciento del uso de las tarjetas se destina a la compra de alimentos, frente al 61 por ciento registrado en marzo de 2026, 58 por ciento en 2025 y 54 por ciento en 2024. Es decir, el principal destino del crédito plástico relevado no está asociado a consumos extraordinarios, sino a una necesidad básica.

El informe plantea que "cuando el crédito se utiliza para adquirir alimentos, revela una situación diferente: el crédito pasa a complementar un ingreso que resulta insuficiente para cubrir necesidades esenciales". En consecuencia, la tarjeta deja de funcionar únicamente como un mecanismo para adelantar una compra y comienza a ocupar un lugar dentro de la administración mensual del presupuesto.

Si una familia toma un préstamo para comprar un bien durable y cuenta con ingresos suficientes para afrontar las cuotas, el endeudamiento puede ser una decisión financiera planificada. Cuando la tarjeta, el fiado o un préstamo sirven para completar el dinero necesario para comprar alimentos o pagar una factura, la deuda adquiere otra función: permite sostener en el presente un nivel de consumo que los ingresos corrientes no consiguen financiar.

El 28,4 por ciento de los hogares endeudados acumula más de tres deudas, contra 23,5 por ciento en marzo de 2026, 12 por ciento en mayo de 2025 y apenas 8 por ciento en julio de 2024. En el extremo contrario, los hogares con una única deuda se redujeron al 10,8 por ciento, desde el 14,7 por ciento de marzo, el 23 por ciento de 2025 y el 35 por ciento de 2024.

El cambio muestra que no se trata solamente de una mayor utilización de una fuente de crédito, sino de una combinación de mecanismos. Una familia puede utilizar la tarjeta para comprar alimentos, recurrir a una billetera virtual para cubrir un gasto inesperado, quedar debiendo parte del alquiler, comprar mercadería fiada y postergar una factura de servicios. Cada obligación tiene un acreedor, un vencimiento y, eventualmente, un mecanismo diferente de cobro. El propio IETSE describe esa transformación como un pasaje "desde un endeudamiento puntual hacia una modalidad de endeudamiento múltiple y fragmentado". La consecuencia es que aumenta la cantidad de compromisos que deben administrarse simultáneamente y disminuye el margen disponible para absorber nuevos gastos.

El foco en la morosidad

Según el relevamiento, el 88,9 por ciento de las deudas se encontraba impaga o incumplida en agosto de 2026, frente al 81,8 por ciento de marzo, 76 por ciento de mayo de 2025 y 63 por ciento de julio de 2024. Al mismo tiempo, el 41,3 por ciento de las deudas estaba en instancia judicial, mientras que las obligaciones en condición regular representaban apenas el 11,1 por ciento.

La acumulación de deuda tiene además una consecuencia directa sobre el ingreso disponible. El 44 por ciento de los hogares destina más de la mitad de sus ingresos mensuales al pago de deudas. El indicador era de 38 por ciento en marzo de 2026, 28 por ciento en 2025 y 18 por ciento en 2024.

Esto permite conectar la distribución de las deudas con el funcionamiento de la economía cotidiana. Si una parte creciente del ingreso se destina a cancelar obligaciones acumuladas, queda menos dinero para realizar nuevas compras, afrontar gastos corrientes, ahorrar o atender necesidades que todavía no fueron financiadas. La deuda del período anterior condiciona, de ese modo, la capacidad de consumo del período siguiente.

El informe señala que "cuando una proporción creciente del ingreso debe ser destinada a cancelar obligaciones acumuladas, disminuye el dinero disponible para alimentación, vivienda, educación, salud, transporte, recreación, ahorro e inversión". La cuestión deja de ser entonces solamente cuánto deben las familias y pasa a ser cuánto de sus ingresos futuros ya está comprometido.

En ese punto, la composición del endeudamiento resulta relevante para discutir la situación económica de los hogares. El 13,3 por ciento de las obligaciones corresponde al fiado en comercios de proximidad y otro 12,5 por ciento a alquileres. No son categorías equivalentes a una tarjeta o un préstamo bancario, pero ambas expresan compromisos que deben ser afrontados con los mismos ingresos familiares. El fiado tiene, además, una característica particular: permite que una familia mantenga el acceso a bienes de consumo sin disponer en ese momento del dinero necesario para pagarlos. El almacén, el supermercado de barrio u otros comercios pueden terminar funcionando como una fuente de financiamiento informal de corto plazo. La deuda queda incorporada a una relación cotidiana que no necesariamente pasa por una entidad financiera.

Algo similar ocurre con los alquileres. Una deuda de vivienda no se presenta como un crédito tomado para consumir, pero genera una obligación mensual que, cuando se acumula, compromete una porción creciente de los ingresos futuros. El mismo razonamiento puede aplicarse a impuestos, expensas y servicios. Son gastos que no desaparecen porque no se paguen en la fecha correspondiente y que pueden convertirse en obligaciones acumuladas.

La educación privada representa el 2,2 por ciento del total de las deudas relevadas, mientras que los servicios de empresas privadas explican 4,3 por ciento y los servicios públicos otro 1,8 por ciento. Sumados, muestran otra parte del problema: la deuda de los hogares también se construye a partir de la postergación de pagos vinculados con servicios que forman parte del presupuesto mensual.

El IETSE sostiene que el fenómeno no puede ser explicado únicamente como resultado de decisiones individuales de los deudores. El informe vincula la capacidad de pago con la relación entre ingresos, precios, tarifas, salarios, empleo, crédito y condiciones de acceso al financiamiento. También plantea que la modificación de subsidios y tarifas puede aumentar el peso de los gastos fijos sobre los presupuestos familiares, mientras que una evolución de los salarios por debajo de los costos reduce la capacidad adquisitiva.

El 92,3 por ciento registrado en agosto es cercano al 91,7 por ciento de marzo, al 91 por ciento de mayo de 2025 y al 93 por ciento de julio de 2024. Sin embargo, durante ese período aumentó la cantidad de obligaciones por hogar, creció la proporción de deudas incumplidas y se incrementó el peso de los ingresos destinados a pagarlas.El dato más significativo, por eso, no es solamente que nueve de cada diez hogares tengan algún tipo de deuda. Es que una parte creciente de esas familias debe recurrir a más de una fuente para financiar su vida cotidiana y que casi la mitad de las obligaciones relevadas no queda reflejada directamente en los registros del sistema financiero.

El informe resume esa situación al advertir que "una familia puede no aparecer altamente endeudada en los registros financieros formales y, simultáneamente, encontrarse sometida a una fuerte presión económica por alquileres, servicios, impuestos, fiado, préstamos informales y otras obligaciones". La dificultad para salir del circuito también aparece en las expectativas. En agosto, el 47,5 por ciento de los hogares consideró que no podrá afrontar todas sus deudas, frente al 37 por ciento de marzo, 24 por ciento de 2025 y 18 por ciento de 2024. Otro 15 por ciento directamente no logra proyectar cómo será su situación financiera.

 

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