La economía del estancamiento salarial: por qué bajar la inflación ya no alcanza

La desinflación dejó de traducirse en una recuperación del poder adquisitivo. Con paritarias que apenas acompañan una inflación del 2% y salarios todavía por debajo de noviembre de 2023, el ajuste ya no licúa ingresos mes a mes, los mantiene estancados.

30 de julio, 2026 | 00.05

La desaceleración de la inflación dejó de ser sinónimo de recuperación del poder adquisitivo. Tras el fuerte ajuste provocado por la devaluación inicial del gobierno de Javier Milei, los salarios lograron recomponerse respecto del piso que dejó ese shock, pero no recuperaron los niveles previos. En lugar de una mejora sostenida, la economía parece haber ingresado en una nueva etapa: un esquema de estancamiento en el que los ingresos apenas consiguen acompañar una inflación en torno al 2% mensual, sin revertir la pérdida acumulada.

El propio vocero presidencial, Adrián Ravier, admitió este martes en una conferencia en Casa Rosada que "la trampa" es que si comparamos los salarios reales de hoy con 2023, "estamos un poquito abajo y ese es el cuestionamiento". El diagnóstico del último informe de la consultora C-P, sostuvo que "la desinflación no trae recuperación sino estancamiento". Es decir que el actual esquema sólo puede sostenerse mientras la inflación mensual permanezca en torno al 2% o 2,5%, evitando nuevas caídas del salario real, pero sin generar una recomposición sostenida del poder adquisitivo. En ese escenario, las paritarias también modificaron su función: buscan administrar un ingreso que apenas logra mantenerse con suerte a la par del ritmo inflacionario.

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Del shock al estancamiento

Si durante 2024 el ajuste impulsado por el gobierno de Javier Milei se expresó principalmente a través de una aceleración inflacionaria que licuó ingresos y obligó a las paritarias a correr detrás de los precios, el escenario actual está marcado por una inflación más estable, pero también por una recuperación salarial que perdió impulso. En otras palabras, la baja de la inflación dejó de traducirse automáticamente en una mejora del poder adquisitivo. 

Ese cambio de régimen comenzó a observarse con mayor claridad en los principales indicadores salariales. De acuerdo con el último informe de la consultora C-P, luego de las fuertes caídas registradas durante el primer trimestre del año, los salarios reales del sector privado dejaron de deteriorarse con la misma intensidad, pero no lograron iniciar una recuperación sostenida. En paralelo, la destrucción de puestos de trabajo en el sector privado se profundizó, en el marco de más cierres de empresas y una tasa de apertura en mínimos de dos décadas.

Sobre ello, en junio, el promedio de las paritarias relevadas por la consultora mostró un incremento nominal de 2,3%, apenas por encima de la inflación mensual del 1,9%, mientras que los salarios efectivos continuaron por debajo de los niveles de comienzos de año. Los especialistas definieron este panorama como un proceso de "estancamiento", en el que la desaceleración de los precios alcanza para evitar nuevas pérdidas significativas, pero no para recomponer el terreno perdido.

Cabe preguntarse entonces por qué la desaceleración de la inflación dejó de traducirse en una mejora de los salarios. Parte de la respuesta está en la nueva dinámica de las negociaciones paritarias. Con una inflación que se movió en los últimos meses en torno al 2,0% mensual, la mayoría de los acuerdos comenzaron a tomar ese nivel de referencia, sobre todo, tras la advertencia latente del oficialismo de no homologar acuerdos por encima de dicho guarismo. En este contexto, las sumas fijas, bonos extraordinarios y revisiones de corto plazo ganaron protagonismo frente a los aumentos incorporados al salario básico, dando lugar a mejoras puntuales y heterogéneas entre sectores, pero sin consolidar una recuperación permanente del ingreso.

Ese esquema permitió, en el mejor de los casos, empatarle a la inflación, pero difícilmente recuperar lo perdido. El informe de los economistas Federico Pastrana y Pablo Moldovan sostuvo que el proceso de desinflación "garantiza apenas que los salarios se estanquen y no vuelvan a caer como a fines de 2025", aunque no alcanza para recomponer los niveles previos de poder adquisitivo. La consultora resaltó que “a diferencia del pasado, la desinflación no trae recuperación sino estancamiento”.

De hecho, los últimos cierres paritarios reflejan esa tendencia. El acuerdo de Comercio, por ejemplo, estableció aumentos escalonados en línea con la inflación prevista para el trimestre y los complementó con un bono extraordinario, una modalidad que comenzó a repetirse en otros sectores. Más que una recuperación del salario real, las negociaciones parecen orientarse a evitar nuevos retrocesos.

Retroceso del empleo 

En lugar de una licuación acelerada de los ingresos, el nuevo escenario parece consolidar salarios que no logran recuperar lo perdido. Esto, a su vez, ocurre en una coyuntura donde la destrucción de puestos de trabajo en el sector privado se profundiza, en el marco de más cierres de empresas.

Por un lado, el empleo registrado volvió a caer con fuerza en abril (-4,3% versus noviembre de 2023; -576.000 puestos). Los asalariados privados se contrajeron en más de 235.000 puestos respecto de antes del inicio del gobierno libertario (-3,7%) y se estacó la segunda baja consecutiva del empleo por cuenta propia (acumula 16.000 empleos menos contra febrero 2026). Por su parte, las empresas empleadoras se acumulan 9 trimestres a la baja. Al interior, se observa que la tasa de apertura se encuentra en mínimos desde 2002 (excluyendo pandemia), mientras que la tasa de cierre crece aún en un contexto de estancamiento del PBI.

Por último, los especialistas resaltaron que estamos ante una "economía anémica", en la medida en que "lejos del cambio estructural, en el que los cierres de empresas se compensan con las aperturas, el proceso se asemeja a un ajuste recesivo, en el que se contraen tanto la cantidad de empresas como los niveles de empleo”.