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La deuda de los hogares al límite: casi 6 millones ya están en mora con sus deudas

El endeudamiento dejó de funcionar como una herramienta para sostener el consumo y comenzó a mostrar su límite en los niveles de incumplimiento. Casi 21 millones de personas tienen deudas con bancos y billeteras virtuales y 5,9 millones presentan atrasos.

09 de septiembre, 2026 | 15.11
La deuda de los hogares al límite: casi 6 millones ya están en mora con sus deudas

El endeudamiento de los hogares argentinos alcanzó un punto en el que ya no se trata solamente de cuánto crédito toman las familias, sino de cuántas pueden seguir pagando. En junio de 2026, casi 21 millones de personas registraban deudas con bancos y billeteras virtuales y 5,91 millones se encontraban en situación de mora, mientras que la irregularidad de las familias alcanzó el 12,8% dentro del sistema bancario y trepó al 30,1% entre los proveedores no financieros de crédito, un segmento en el que se incluyen las billeteras virtuales. 

Un manual elaborado por Ciudad Futura y Movida Ciudad, con aportes del Mirador Actual del Trabajo y la Economía (Mate) y el Grupo de Intervención y Acción Feminista (GIIF), plantea precisamente que la deuda familiar comenzó a encontrar un límite no porque los ingresos se hayan recuperado, sino porque una parte de los hogares dejó de poder afrontar las obligaciones ya contraídas y también de acceder a nuevas fuentes de financiamiento.

La información más reciente disponible refuerza esa lectura. Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la morosidad de las familias con bancos pasó de 2,5% en octubre de 2024 a 12,8% en junio de 2026, mientras que en las billeteras virtuales el salto fue todavía mayor, desde 7,3% en noviembre de 2024 hasta 30,1% en junio de este año. Considerando ambos canales, la irregularidad de los hogares rondó el 15,5% en junio. (Centro CEPA)

 En junio, el universo total de deudores alcanzó 20,96 millones y los morosos sumaron 5,91 millones. Dentro de estos últimos, 2,90 millones tenían incumplimientos exclusivamente con billeteras virtuales, 1,66 millones solamente con bancos y otros 1,36 millones registraban deudas impagas en ambos segmentos. El desplazamiento hacia el crédito no bancario aparece así como uno de los principales cambios del mapa financiero de los hogares. 

El informe de CEPA señala que, en comparación con febrero de 2024, el sistema incorporó 2,60 millones de nuevos deudores morosos, de los cuales 1,40 millones corresponden a morosos exclusivos de billeteras virtuales y 1,01 millones a morosos exclusivos del sistema bancario. En el mismo período, el universo total de deudores aumentó en 1,60 millones, aunque con una caída de los deudores exclusivamente bancarios y un crecimiento de quienes recurren a entidades no financieras. 

El crédito reemplaza al ingreso

El manual de autodefensa financiera pone el foco precisamente en el vínculo entre ingresos insuficientes y endeudamiento. La hipótesis que atraviesa el documento es que una parte cada vez mayor de los hogares comenzó a recurrir al crédito no para financiar inversiones o consumos extraordinarios, sino para resolver gastos básicos, como alimentos, alquiler, servicios y otras obligaciones cotidianas.

Ese cambio modifica la función que tradicionalmente se le asigna al crédito dentro de la economía familiar, porque cuando un préstamo permite comprar un bien duradero o realizar una inversión existe una expectativa de mejora futura que permite afrontar la cuota, mientras que cuando se utiliza para cubrir alimentos o servicios el ingreso futuro queda comprometido para resolver una necesidad que ya ocurrió.

El propio manual resume ese proceso al señalar que la deuda familiar "dejó de crecer. No porque los ingresos se hayan recuperado, sino porque ya no es posible pagar las deudas contraídas ni tampoco tomar nuevas obligaciones".

El documento sostiene que el crecimiento de las fintech permitió ampliar el acceso al financiamiento mediante plataformas que requieren pocos requisitos y que pueden utilizarse directamente desde un teléfono celular, aunque ese acceso estuvo acompañado por costos financieros superiores a los del sistema bancario tradicional. Según sus datos, las personas endeudadas con fintech pasaron de 1,5 millones a comienzos de 2021 a más de 6 millones en 2024, mientras que entre julio de 2024 y julio de 2025 se sumaron 2,9 millones de nuevos deudores.

En paralelo, el monto adeudado por persona aumentó 64% entre 2024 y fines de 2025, según el relevamiento citado por el documento, mientras que más de 20 millones de personas ya tenían algún tipo de deuda dentro del denominado Sistema Financiero Ampliado. El 54,7% de la población adulta contaba con algún crédito activo.

La evolución reciente muestra además una paradoja: el sistema puede restringir el crédito a los hogares más comprometidos y, al mismo tiempo, el problema del endeudamiento continuar creciendo porque quienes quedan afuera del circuito bancario buscan otras fuentes de financiamiento. CEPA detectó que durante este período los bancos redujeron el universo de deudores, mientras las billeteras virtuales ampliaron tanto la cantidad de personas financiadas como la de morosos. El informe advierte que el recorte de la oferta bancaria no elimina el problema de fondo, sino que puede trasladarlo hacia canales con mayores costos financieros.

En el segmento bancario, además, los préstamos personales y las tarjetas de crédito concentran buena parte del problema. A mayo de 2026, ambos instrumentos representaban el 64,3% de la deuda familiar total y explicaban el 73% del saldo irregular. La morosidad de los préstamos personales había escalado desde 3,3% en octubre de 2024 hasta 15,9% en mayo de 2026, mientras que la correspondiente a tarjetas pasó de 1,6% a 13,1% en el mismo período.

El manual identifica tres procesos que actúan simultáneamente: el deterioro de los ingresos, la expansión de la digitalización financiera y la desregulación de las condiciones crediticias. Según el documento, desde diciembre de 2023 se promovió una liberalización de las tasas de interés y se relajaron restricciones y obligaciones para los prestamistas, lo que amplió el acceso de sectores con bajos ingresos formales pero también elevó el costo del financiamiento.

 

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