El acuerdo entre los bloques de países que integran el Mercosur y la Unión Europea podría potenciar el ingreso de dólares en el largo plazo para la Argentina, a partir de la baja de aranceles a la exportación desde la región al Viejo Continente proyectada hasta 2035. La iniciativa apunta a destrabar el comercio entre ambas regiones, el cual se ubica estancado hace varios años en sus mínimos históricos. Según el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, el impacto de la rebaja pactada en derechos de exportación sobre las exportaciones agroindustriales podría traducirse en un incremento acumulado de ingresos por divisas de 10.529 millones de dólares durante la próxima década en comparación con un escenario sin acuerdo, medida en base a los despachos proyectados hasta 2035.
La advertencia provino esta semana de la calificadora Moody's, que alertó por el impacto negativo del ajuste de Milei en la posibilidad de aprovechar esta ventana de oportunidad de ampliación del comercio bilateral. “Los beneficios soberanos serán más acotados, ya que el país atraviesa un proceso de ajuste macroeconómico. La fuerte demanda de importaciones durante la transición económica limitará los efectos en las débiles cuentas externas”, explicó la calificadora de riesgo en su último informe.
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El Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, suscripto esta semana luego de más de dos décadas de negociaciones, comprende un conjunto de compromisos que incluyen la eliminación progresiva de aranceles y la reducción de barreras comerciales para bienes y servicios entre las partes. Según los términos del acuerdo, la Unión Europea concederá acceso libre de aranceles al 92 por ciento de las exportaciones del Mercosur y un acceso preferencial para otro 7,5 por ciento. Los cronogramas de desgravación de la Unión Europea acordados resultan más rápidos que los proporcionados por el bloque sudamericano hacia los bienes europeos.
Para la Argentina, cuya participación de la Unión Europea en su comercio exterior tocó mínimos de al menos 45 años en 2025, con menos del 10 por ciento de sus exportaciones dirigiéndose al bloque europeo. En términos comerciales, el pacto no sólo permite un acceso preferencial para productos agrícolas tradicionales, sino también para cadenas vinculadas a las economías regionales, incluyendo maíz, trigo, sorgo, lácteos, arroz, miel y vinos, lo que implicaría una diversificación de destinos y, por ende, de fuentes de divisas.
Los escenarios para Argentina
El análisis de la Bolsa de Comercio de Rosario se realiza sobre el supuesto de que las alícuotas de derechos de exportación se eliminen para la mayoría de los productos agroindustriales tras el ingreso en vigor del acuerdo. Bajo esa hipótesis, la producción total de los seis principales cultivos –soja, maíz, trigo, sorgo, cebada y girasol— crecería hacia la campaña 2034/35 con respecto al escenario sin acuerdo, y las exportaciones totales podrían alcanzar 125,8 millones de toneladas, superando en 7,5 millones de toneladas los embarques proyectados sin el pacto.
Los efectos sobre el valor exportado también muestran un diferencial de exportaciones que el informe proyecta para 2035 de 39.752 millones de dólares en productos agroindustriales con el acuerdo frente a 37.694 millones en el escenario base sin acuerdo. Ese diferencial, trasladado a ingresos por divisas, se traduce en una acumulación adicional de más de 10.500 millones en la próxima década, de acuerdo con el documento de la Bolsa rosarina.
Para la mayoría de los productos agroindustriales, los derechos de exportación pasarían a 0 por ciento tres años después de la entrada en vigor del acuerdo. En cambio, para la cadena soja se estableció un esquema de reducción gradual de alícuotas hasta un tope del 14 por ciento hacia el décimo año desde la implementación, con un máximo inicial de 18 por ciento en el quinto año. El informe señala que esta estructura generaría impulso exportador y también ampliaría la superficie sembrada, especialmente en soja y maíz, lo que influiría tanto en la producción como en el volumen de embarques futuros.
Oportunidad y ajuste económico
Más allá de las cifras proyectadas y las estimaciones de ingresos de divisas, la puesta en marcha efectiva del acuerdo enfrenta un proceso de ratificación que aún debe atravesar instancias legislativas, especialmente dentro de la Unión Europea. El Parlamento Europeo mostró muchas reticencias y su votación para remitir el tratado al Tribunal de Justicia de la UE para evaluación legal generó retrasos e incertidumbre. Esta situación de incertidumbre política y comercial no sólo afecta a la Argentina sino a todo el Mercosur, en un momento en el que las alianzas comerciales globales se redefinen ante tensiones geopolíticas y cambios en las cadenas de valor. Desde Europa, las críticas se enfocan justamente especialmente desde sectores agrícolas que temen pérdida de competitividad frente a productos sudamericanos de menor costo, lo cual ha impulsado protestas y bloqueos en varios países miembros.
La Unión Europea es, además, uno de los principales inversores en la Argentina, aportando cerca del 40 por ciento de la Inversión Extranjera Directa en el país. Esa posición convierte al bloque en un socio clave no sólo en términos comerciales sino también en financiamiento productivo y tecnológico, lo que podría traducirse en mayores flujos de capital si el clima de negocios se percibe como previsible y estable.
La ratificación por parte de los parlamentos nacionales de los 27 estados miembros de la UE constituye una barrera adicional, y cualquier modificación o atraso en ese proceso repercute en los tiempos de entrada en vigor del régimen comercial. Además, la UE incluye reglamentos ambientales y sanitarios que deben respetarse para el ingreso de productos, lo que plantea interrogantes sobre la implementación efectiva de los beneficios arancelarios pactados y la convergencia de normativas. Las negociaciones complementarias sobre certificaciones y cumplimiento de normas pueden resultar tan determinantes como la eliminación de aranceles para el aprovechamiento pleno de los mercados.
La expectativa de un ingreso extra de dólares por exportaciones agroindustriales, dependerá tanto de la ratificación efectiva del acuerdo como de la capacidad de los productores y exportadores argentinos para adaptarse a los nuevos mecanismos de acceso al mercado europeo y competir en condiciones que, aunque libres de aranceles, estarán sujetas a exigencias técnicas y de calidad. Por su parte, Moody's advierte que las políticas del gobierno Milei podrían obstaculizar eventuales beneficios del acuerdo. “A pesar de que el pacto fortalecerá los vínculos de inversión y el desempeño exportador, la fragilidad de los indicadores macroeconómicos actuales frena las mejoras inmediatas para el Estado”, señaló la calificadora.
