Mohamed Salah llevó a Egipto a su primer triunfo de la historia en un Mundial tras remontar un gol en contra para vencer el domingo a Nueva Zelanda por 3-1 con una brillante actuación en la segunda parte, lo que les llevó al primer lugar del Grupo G y reforzó sus esperanzas de pasar a la fase eliminatoria.
Tras una primera parte relativamente tranquila en la que se fueron al descanso por detrás en el marcador, Egipto y Salah subieron el ritmo en la segunda parte, y el extremo de 34 años demostró que sigue siendo capaz de hacer magia con sus botas.
"Es un gran logro para todos los jugadores. Es una gran victoria. Hay muy buen ambiente. El próximo partido es muy importante", dijo Salah mientras recibía los aplausos de sus compañeros.
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Egipto, que empató a 1-1 con Bélgica en su primer partido, se colocó líder del grupo con cuatro puntos en dos partidos. Nueva Zelanda, que empató 2-2 con Irán en su debut, es última con un punto.
Más temprano el domingo, Bélgica empató 0-0 con Irán.
La estrategia de Nueva Zelanda en la primera parte fue tan sencilla como eficaz: lanzar en largo cuando era necesario y mantener la posesión cuando podían.
El defensa Finn Surman rompió el empate a cero tras un tiro de esquina, zafándose de su marcador, Ahmed Fatouh, antes de enviar un potente cabezazo al fondo de la red.
Aunque Callum McCowatt tuvo una oportunidad de cabeza que el portero desvió por encima del larguero en los primeros compases del partido para Nueva Zelanda, Egipto aumentó la presión tras el descanso y logró el empate gracias a Mostafa Zico, quien remató de cabeza un centro de Mohamed Hany desde la derecha en el minuto 58.
Nueve minutos después, Salah, por fin, dio al público lo que esperaba, tras una internada por la derecha en la que hizo una pared con Zico antes de colar el balón en el ángulo más lejano.
Salah estuvo a punto de marcar su segundo gol en el minuto 81, tras recortar desde la derecha y lanzar un disparo desviado que se fue por encima del travesaño, pero sumó una asistencia en el tiro de esquina resultante, cuando el suplente Mahmoud Trezeguet se lanzó para rematar de cabeza al primer palo.
Los neozelandeses lo dieron todo para recortar distancias y Hossam Abdelmaguid tuvo que ser sustituido en los últimos minutos por una posible conmoción cerebral; se le hinchó el ojo al abandonar el terreno de juego.
En el minuto 10 del tiempo de descuento, la afición egipcia silbaba con fuerza para que el árbitro diera por terminado el partido.
Cuando lo hizo, se escuchó un rugido ensordecedor mientras Salah y compañía hacían historia con la primera victoria de su país en un Mundial y el seleccionador Hossam Hassan daba una vuelta al estadio con una bandera egipcia.
"Siento lo mismo que el pueblo egipcio, porque soy uno de ellos y los quiero, a los que vinieron y a los que se quedaron en Egipto viendo el partido", dijo Hassan.
"El estadio se sentía como si estuviéramos en Egipto, los aficionados hicieron que se sintiera como si estuviéramos jugando en Egipto, y les dije a los jugadores: 'Estamos jugando en Egipto'. El estadio estaba lleno, como el Estadio de El Cairo", agregó.
Egipto cierra la fase de grupos ante Irán, mientras que Nueva Zelanda enfrentará a Bélgica, con todo por decidir en la lucha por un puesto en los dieciseisavos de final.
Con información de Reuters
