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Sabah FK, la sorpresa azerí de la Champions League que tiene el poder de un Estado

En su primera incursión en la Champions League, el equipo de Azerbaiyán va a jugar contra el Manchester United y contra el Barcelona. También lo hará ante Napoli pero es un equipo que cuenta con todo el apoyo del Estado.

09 de septiembre, 2026 | 08.00

El reloj del estadio Tofiq Bahramov marcaba 94 minutos y el Sabah FK se quedaba afuera de la Champions League. El global iba 4 a 3 para el Hapoel Beer Sheva, y con ese resultado pasaba el equipo israelí. Entonces apareció Tellur Mutallimov y sacó una volea que se metió contra un palo. Los 30.000 espectadores que llenaron el estadio de Bakú entendieron recién varios segundos después lo que acababa de pasar. En el alargue el partido se rompió por completo. El gabonés Orphé Mbina puso el 4 a 2 a los 101 minutos y el ruandés Joy-Lance Mickels liquidó todo a los 115. El 5 a 2 final dejó el global 6 a 4 y metió por primera vez a Sabah en la fase de liga del torneo más importante de Europa.

Ahora, el sorteo determinó que recibirá al Barcelona, el Borussia Dortmund y al Napoli, mientras que viajará para jugar contra el Arsenal y el Manchester United. Por los próximos meses, Azerbaiyán estará en la portada de los diarios europeos y está lejos de ser una casualidad. No solo por el club en sí, sino también por el contexto mas general que rodea la gran sorpresa de esta Champions.

Una intensa (pero breve) historia

El Sabah FK es un equipo relativamente nuevo. La institución había nacido apenas nueve años antes, el 8 de septiembre de 2017. Empezó en la segunda división azerbaiyana y terminó quinta en su temporada inicial. La licencia para la máxima categoría llegó en mayo de 2018, cuando los cuatro equipos ubicados por encima renunciaron al ascenso o no cumplieron con los requisitos administrativos. Los primeros años transcurrieron en el anonimato futbolístico, con puestos entre el quinto y el séptimo lugar.

El salto empezó en 2023 con un subcampeonato y siguió en 2025 con la primera Copa de Azerbaiyán, ganada en la final ante el Qarabağ. La temporada 2025/26 cerró con el doblete: la liga, asegurada a cuatro fechas del final, y otra Copa. El dato pesa más de lo que parece: cortó la hegemonía del Qarabağ, que había ganado once de los doce campeonatos anteriores. El entrenador de esa campaña es el lituano Valdas Dambrauskas, que nunca jugó por encima de la tercera categoría de su país y se retiró a los 23 años. Antes de llegar a Bakú fue campeón con el Žalgiris y con el Ludogorets, y ahora es el primer técnico lituano en dirigir en la fase liga de la Champions.

El plantel mezcla nacionalidades de tres continentes. El arquero es el kazajo Stas Pokatilov, la defensa suma al argelino Akim Zedadka, al guadalupeño Steve Solvet y al polaco Tymoteusz Puchacz, y el mediocampo tiene al uzbeko Umarali Rakhmonaliev y al croata Ivan Lepinjica.  El nombre más resonante de la temporada pasada fue Aaron Malouda, hijo del campeón de Europa con el Chelsea, Florent Malouda. El francés llegó en enero de 2026 desde el Lille por 250.000 euros y se fue al Basilea en julio por una cifra cercana a los 3 millones. Esa operación es hasta hoy la mayor venta en la historia del club.

Uno de sus mejores jugadores es también uno de los historicos, a pesar de los pocos años del club. Joy-Lance Mickels es el máximo goleador de la historia del club, con 77 tantos en 148 partidos. Nació en Siegburg, Alemania, hijo de madre congoleña y padre ruandés, y pasó ocho años en las inferiores del Borussia Mönchengladbach. En 2014 llegó al Schalke 04 y Roberto Di Matteo lo subió a entrenar con el plantel profesional, junto a Kevin-Prince Boateng y Klaas-Jan Huntelaar. Nunca debutó en el primer equipo y después bajó al fútbol regional alemán. Él mismo reconoció años más tarde que le faltó profesionalismo en ese momento de su carrera. En marzo debutó a los 32 años con la selección de Ruanda, en un partido que compartió con su hermano gemelo Joy-Slayd y con su hermano menor Leroy. Ahora está a punto de ser el primer futbolista ruandés en jugar la fase liga de la Champions.

Aprovechar para el turismo

Pero detrás de los resultados deportivos están los negocios y la política. El dueño del club es Yaqub Hüseynov, fundador del grupo empresarial Bridge Group of Companies. Su holding opera en construcción, hotelería, gastronomía, logística y agricultura, y financia al Sabah desde el primer día. La sede legal de la entidad funciona en el décimo piso del Bridge Plaza, el centro de negocios del propio empresario. La presidencia ejecutiva está a cargo de Maqsud Adıgözəlov, que además integra el Comité Ejecutivo de la AFFA y encabeza el Comité de Clubes de la federación azerbaiyana.

Los vínculos con el poder político aparecen en varios niveles de la estructura. El consejo de supervisión del club sumó desde su fundación a Firudin Qurbanov, viceministro de Educación, y a Rəhman Hacıyev, responsable del portal 1news.az y del diario oficial Bakinski Rabochi. El 27 de agosto, el presidente Ilham Aliyev firmó un decreto que destina al club unos 2,5 millones de euros que salen del fondo de reserva presidencial como premio por la clasificación. Entre los patrocinadores figuran Bank Respublika, que da nombre al estadio, y Azərlotereya, la operadora de la lotería estatal. Es común, aunque en voz baja y anónima, las quejas de empresarios por la presencia recurrente de las firmas de Hüseynov en licitaciones públicas.

El contexto mas grande también ayuda a entender la situación. Azerbaiyán viene usando el deporte como carta de presentación desde hace más de una década. La ciudad de Bakú organizó Eurovisión en 2012, los primeros Juegos Europeos en 2015 y partidos de la Eurocopa, tiene su Gran Premio de Fórmula 1 desde 2016 y este año ostenta el título de Capital Mundial del Deporte que entrega la federación ACES Europe. La petrolera estatal SOCAR se convirtió en patrocinador de la UEFA y el lema Azerbaijan, Land of Fire llegó a las camisetas del Atlético de Madrid, el Lens y el Sheffield Wednesday. La agencia estatal de turismo, que se promociona con la marca Visit Azerbaijan, firmó además un acuerdo de cinco años para patrocinar los Mundiales de esquí de la FIS hasta 2030. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras cuestionaron esos contratos y ubican al país en el puesto 171 entre 180 en su índice de libertad de prensa de 2026.

La final de la Europa League de 2019 mostró los dos costados de esa política. El Estadio Olímpico de Bakú recibió a Chelsea y Arsenal en la primera final continental organizada por la ciudad, con capacidad para unas 68.000 personas. Cada club inglés recibió alrededor de 6.000 entradas y muchos hinchas resignaron el viaje por la distancia y por el precio de los pasajes. Al mismo tiempo, el armenio Henrikh Mkhitaryan, entonces jugador del Arsenal, se quedó en Londres por razones de seguridad vinculadas al conflicto de Nagorno Karabaj, territorio en disputa entre los azeríes y los armenios. La imagen del futbolista ausente circuló tanto como las postales de la ciudad anfitriona.

El fútbol azerbaiyano ya tenía un embajador con carga simbólica y es el propio Qarabağ. El club nació en Agdam, una ciudad arrasada durante la guerra de Nagorno Karabaj, y juega en Bakú desde 1993 con el status de equipo desplazado. La temporada pasada llegó a la fase liga de la Champions y ganó 3 a 2 en Lisboa ante el Benfica, el primer triunfo de un club del país en esa instancia. También venció 3 a 2 al Eintracht Frankfurt antes de caer 9 a 3 en la serie del playoff de eliminación ante el Newcastle. El equipo pertenece al Azersun Holding, uno de los grupos alimenticios más grandes del país.

Ese recorrido llega ahora a un momento particular para Ilham Aliyev, quien gobierna el país desde 2003 y sucedió a su padre en el cargo. Azerbaiyán "recuperó" Nagorno Karabaj en 2023 tras un bloqueo que duró meses, firmó un acuerdo de paz con Armenia en la Casa Blanca en agosto de 2025 y quedó en el centro del corredor de transporte que impulsan Washington y Ankara. Su gas abastece a buena parte de la Unión Europea. La diferencia con los ejemplos anteriores es que esta vidriera no se compró como las sedes, porque la ganó un equipo en la cancha. Aun así, ocho partidos ante Barcelona, Arsenal y Manchester United le dan al país una plataforma televisiva global justo cuando busca consolidar ese reposicionamiento.

El lago rosa, 300 espectadores y un estadio que la UEFA no habilita

El Sabah no es un club de Bakú en sentido estricto. Su sede está en Masazır, un pueblo del distrito de Absheron ubicado a unos treinta kilómetros del centro de Bakú. El rasgo más famoso del lugar es un lago salado de color rosa, que se explota comercialmente para extraer sal. De ahí sale la identidad visual del club, que abandonó el azul y blanco en 2023 y adoptó el negro y rosa. Los hinchas lo llaman el equipo de los Búhos, aunque también circula el apodo de los Estudiantes, por el programa educativo estatal que comparte el nombre Sabah.

La convocatoria todavía no acompaña al crecimiento deportivo. Entendible en una de las ligas mas débiles en toda la UEFA, donde el fútbol local hasta hace algunos años era mas bien testimonial, especialmente tras la disolución de la Unión Soviética y una traumática década del noventa. En la temporada del título, el promedio de público en el Bank Respublika Arena fue de 1400 personas por partido. El máximo del año llegó en julio, con 7.000 hinchas para el cruce europeo ante el Celje de Eslovenia. La foto de los 30.000 de la clasificación, histórica y particular en partes igualas, contrasta con la rutina semanal del club.

El estadio propio suma otro problema. El Bank Respublika Arena tiene capacidad para menos de 9.000 espectadores y figura en la categoría 3 de la UEFA, un escalón insuficiente para albergar partidos de la fase liga. Por eso el cruce decisivo ante el Hapoel se mudó al estadio República Tofiq Bahramov, con capacidad para unos 30.000. El club todavía no confirmó dónde jugará sus cuatro partidos como local en la Champions. La otra alternativa disponible en la ciudad es el Estadio Olímpico de Bakú, sede de la final de la Europa League 2019 y de partidos de la Eurocopa 2021. La cancha, al final del día, es lo de menos. Lo que importa es que el Sabah será el embajador del país en el torneo de clubes mas importante del mundo.

 

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