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Las Leonas, más de 40 años en la elite del hockey y un legado que se mantiene por la gloria

Las Leonas construyeron una historia única en el hockey, que se ve reflejada con dos títulos en Mundiales, seis medallas olímpicas y una identidad que atraviesa generaciones.

20 de agosto, 2026 | 08.00

Hay equipos que ganan títulos y hay otros que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en parte de la identidad de un país. Las Leonas pertenecen a ese segundo grupo. Desde aquella primera participación mundialista en 1974 hasta el presente, la Selección Argentina de hockey femenino construyó una historia marcada por finales, medallas, campeonatos y un legado que trasciende el juego.

Más de cuatro décadas después, la camiseta argentina continúa siendo parte de las grandes potencias, como sucede en el Mundial de País Bajos y Bélgica, donde el sleccionado conducido por Fernando Ferrara acaba de meterse entre las mejores 8 del mundo.

De una selección competitiva a un símbolo del deporte argentino

La historia de Las Leonas comenzó mucho antes de que ese nombre se hiciera conocido en todo el mundo. Argentina disputó su primer Mundial de hockey femenino en 1974 en Mandelieu, Francia. Argentina tuvo un estreno extraordinario para un seleccionado que todavía estaba construyendo su lugar en la escena internacional: llegó hasta la final.

El equipo argentino terminó como subcampeón, después de perder la definición frente a Países Bajos. Fue la primera gran señal de que Argentina podía competir contra las potencias europeas. Ese segundo puesto sería apenas el comienzo.

Dos años después, el Mundial se disputó en Berlín, Alemania. Y Argentina volvió a repetir la hazaña: alcanzó nuevamente la final. Esta vez, la derrota fue ante Alemania Occidental, que se quedó con el título. Argentina volvió a terminar segunda y consiguió su segunda medalla mundialista consecutiva. Dos Mundiales, dos finales. La Selección ya estaba instalada entre las mejores.

El Mundial de Madrid 1978 significó otra actuación destacada. Argentina no pudo llegar a la final, pero consiguió meterse nuevamente entre las tres mejores selecciones y terminó en el tercer puesto, compartido con Bélgica. En apenas tres ediciones, el seleccionado argentino había conseguido dos subcampeonatos y un tercer lugar.

El Mundial de 1981 tuvo una particularidad: se disputó en Buenos Aires. Argentina no pudo repetir los resultados de las primeras tres ediciones y terminó en el sexto lugar. Fue el primer Mundial en el que el seleccionado quedó fuera del podio después de haber sido finalista en 1974 y 1976 y tercero en 1978.

En Kuala Lumpur, Malasia 1983, llegó uno de los resultados más bajos de aquella primera etapa. Argentina terminó novena. El equipo quedó lejos de las posiciones que había ocupado durante sus primeras participaciones y comenzó una etapa de resultados más irregulares.  El siguiente Mundial se jugó en Amstelveen 1986, Países Bajos. Argentina volvió a mejorar su posición respecto de 1983, pero no logró regresar a la pelea por las medallas y terminó séptima. La potencia que había aparecido en los primeros Mundiales necesitaba reconstruirse.

En Sídney 1990, Argentina volvió a terminar en el noveno lugar. Fue la segunda vez en tres ediciones que el seleccionado finalizaba en esa posición. La década de 1980 y el comienzo de los 90 marcaron, así, el período más complejo de la historia mundialista argentina. Después de los tres primeros podios, el equipo había quedado lejos de las definiciones. Pero la recuperación estaba cerca.

El Mundial de Dublín 1994 significó el regreso de Argentina al primer plano. El seleccionado llegó nuevamente a una final mundialista, 18 años después de su última definición. El rival fue Australia y Argentina no pudo quedarse con el título. Terminó nuevamente como subcampeón. La medalla de plata fue mucho más que un resultado: confirmó que Argentina estaba de vuelta entre las grandes.

Cuatro años después, en Utrecht, Países Bajos 1998, Argentina volvió a meterse en las instancias decisivas. Esta vez no llegó a la final, pero terminó en el cuarto puesto. El resultado confirmó la recuperación iniciada en Dublín y dejó al seleccionado nuevamente cerca de las medallas. Faltaban apenas cuatro años para el momento que cambiaría para siempre su historia.

El nacimiento de Las Leonas

En Sídney 2000. Argentina llegó a aquellos Juegos Olímpicos sin ser una potencia consagrada y terminó alcanzando la final. El equipo dirigido por Sergio Vigil cayó ante Australia, pero consiguió una histórica medalla de plata.

La histórica medalla de bronce, en Sidney 2000.

Ese torneo también dejó una imagen que trascendió el resultado deportivo: el nacimiento de Las Leonas como símbolo del seleccionado. La camiseta comenzó a llevar el logo de una leona y el apodo quedó instalado para siempre. La medalla de Sídney no fue solamente un logro. Fue el comienzo de una nueva etapa.

La historia detrás del símbolo también tiene un costado particular. El origen de la figura de la leona estuvo relacionado con Inés Arrondo, quien tomó inspiración de los libros de arquitectura que había en su casa y de antiguos frisos persas.

El dibujo realizado a mano terminó convirtiéndose en mucho más que una imagen. En un momento en el que el equipo necesitaba encontrar una identidad, aquella leona pasó a representar una forma de jugar y, sobre todo, de entender al seleccionado.

La imagen dejó de pertenecer a una persona y pasó a ser patrimonio de todo el grupo. Con el tiempo, el símbolo se transformó en una de las marcas más reconocibles del deporte argentino.

El Mundial que cambió todo

Dos años después llegó el primer gran golpe de efecto. En Perth 2002, Las Leonas se consagraron campeonas del mundo por primera vez. Aquella generación tenía figuras como Luciana Aymar, Magdalena Aicega, Soledad García, Cecilia Rognoni y Vanina Oneto, entre otras.

Las Leonas festejan el Mundial 2002, el primer título de la historia.

El título confirmó algo que ya había comenzado a insinuarse en Australia: Argentina estaba preparada para competir de igual a igual con las grandes potencias. A partir de entonces, Las Leonas dejaron de ser una sorpresa para convertirse en una presencia habitual en las instancias decisivas.

En Madrid 2006, Argentina llegó nuevamente a las semifinales. No pudo defender el título conseguido cuatro años antes, pero volvió a subir al podio. Las Leonas terminaron terceras y sumaron otra medalla de bronce. El campeón fue Países Bajos.

El segundo Mundial llegó en casa. En Rosario 2010, el seleccionado argentino volvió a levantar la Copa del Mundo. En una final inolvidable, venció 3-1 a Países Bajos ante una multitud y volvió a quedarse con el máximo trofeo. Los goles fueron de Noel Barrionuevo y Carla Rebecchi, en dos oportunidades.

Aquella conquista reunió a distintas generaciones de un equipo que ya tenía una identidad propia y que había convertido al hockey femenino en uno de los deportes más reconocidos del país.

En el Mundial de La Haya,  2014 Argentina volvió a demostrar su vigencia. Las Leonas llegaron hasta las semifinales y terminaron consiguiendo el tercer puesto. Fue la tercera medalla de bronce de la historia mundialista argentina, después de 1978 y 2006.

La selección seguía siendo una presencia habitual entre los mejores. El Mundial de Londres 2018 fue diferente. Argentina terminó séptima, uno de sus peores resultados históricos. Fue, además, una de las pocas veces en las últimas décadas en las que Las Leonas quedaron fuera de las semifinales. El golpe fue importante, pero la reacción llegaría rápidamente.

En el Mundial disputado entre Terrassa, España, y Amstelveen, Países Bajos 2022, Argentina volvió a una final. Las Leonas tuvieron un torneo extraordinario y terminaron nuevamente entre las dos mejores selecciones del planeta.

Pero Países Bajos volvió a aparecer en el camino. El conjunto neerlandés ganó la final y Argentina consiguió la medalla de plata. Fue la cuarta final perdida por el seleccionado, después de las de 1974, 1976 y 1994

El Mundial de Hockey 2026 y una historia que continúa

Ahora, más de 40 años después de aquella primera aparición mundialista, Las Leonas vuelven a afrontar un Mundial de Hockey con el mismo objetivo que las acompañó durante buena parte de este siglo: competir por todo.

La edición 2026 se disputa entre Bélgica y Países Bajos, del 15 al 30 de agosto. Es el gran desafío internacional del año para el seleccionado femenino. El contexto tampoco es menor. Argentina llega después de haber conseguido el bronce olímpico en París 2024 y con una estructura que continúa apostando al recambio y a la formación de nuevas jugadoras.

Porque quizás ahí esté una de las claves de la historia de Las Leonas. No se trata solamente de haber ganado dos Mundiales. Tampoco de las seis medallas olímpicas, de las finales disputadas o de las grandes figuras que vistieron la camiseta argentina. Se trata de haber conseguido algo mucho más difícil: transformar el éxito en una tradición.

Mucho más que títulos

Las Leonas lograron que una niña que alguna vez vio a Aymar levantar una copa quisiera agarrar un palo de hockey. Que otra generación creciera mirando a Carla Rebecchi, Alejandra Gulla, Noel Barrionuevo, Cecilia Rognoni o "Lucha" Aymar. Y que las actuales jugadoras llegaran a la selección sabiendo que existe una historia que comenzó mucho antes que ellas. Ese es el verdadero legado.  La medalla de Sídney abrió la puerta. Los Mundiales de 2002 y 2010 consolidaron la grandeza. Los podios olímpicos la hicieron permanente. Y cada generación que apareció después se encargó de mantenerla viva.

Más de 40 años después de su primera participación mundialista, Las Leonas siguen siendo una de las grandes banderas del deporte argentino. Cambian los nombres, los entrenadores y las protagonistas. La camiseta, en cambio, conserva la misma obligación: competir hasta el final. Y ese legado, lejos de terminar, todavía tiene capítulos por escribir.

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