Hay goles que cambian la historia. Pasa todo el tiempo en el fútbol, y mas en un Mundial, donde el sentimiento nacional está tan a flor de piel (si lo sabremos los argentinos). Pero podemos estar seguros de que cuando Thapelo Maseko hizo el gol que le dio el triunfo a Sudáfrica ante Corea del Sur, no se imaginaba el cataclismo que iba a causar ya no en su propio pais, sino en su rival. Con la eliminación en fase de grupos de una de las potencias asiáticas se desató una serie de investigaciones sobre la Federación que cada semana revelan algo mas increíble que la anterior.
El saldo de seis semanas cuesta de creer para una asociación que llegó al torneo con once clasificaciones mundialistas consecutivas, récord absoluto en Asia. Renunciaron el seleccionador y el presidente. Hubo una audiencia parlamentaria, el primer allanamiento policial desde la fundación de la entidad en 1933 y la publicación de un informe estatal que llevaba diez años guardado en un cajón. Ese documento sostiene que la propia federación pagó servicios sexuales a árbitros extranjeros en partidos de eliminatorias mundialistas y olímpicas. El escándalo no tiene precedentes y amenaza con agravarse día a día.
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El derrumbe institucional de la KFA
La caída empezó por lo previsible. Hong Myung-bo renunció el 29 de junio, apenas terminada la fase de grupos, con Corea en el puesto 34 entre 48 participantes. Tuvo que volver a Corea en un vuelo nocturno y aún así no evitó una lluvia de abucheos a su regreso. Una semana después dimitió Chung Mong-gyu, presidente desde enero de 2013 y responsable del segundo mandato más largo en la historia de la institución. Chung es sobrino del fundador de Hyundai, preside el grupo HDC y heredó un esquema que su primo Chung Mong-joon había administrado durante dieciséis años. La federación coreana lleva tres décadas siendo, en los hechos, un territorio del mismo clan empresario.
Conviene detenerse acá, porque sin los chaebol el caso coreano queda incompleto. La palabra, que se traduce como "clan adinerado", designa a los conglomerados familiares que el Estado levantó desde los años sesenta con crédito dirigido, protección arancelaria y contratos públicos: Samsung, SK, Hyundai, LG, Lotte. Convirtieron a un país devastado por la guerra en la cuarta economía de Asia y dejaron un desequilibrio de manual. Las pymes emplean a más del 80% de los trabajadores coreanos, mientras un puñado de grandes grupos concentra más de la mitad de las ganancias corporativas y apenas una décima parte de los puestos. En 2024 el salario promedio en una gran empresa duplicó al de una pyme, la brecha más amplia jamás registrada. Entrar a un chaebol define una vida entera, y de esa aritmética nació el término "Hell Joseon", con el que una generación describe un país donde el esfuerzo educativo ya no garantiza acceso. El resentimiento no apunta solo a los sueldos, sino a la sucesión hereditaria del mando y a los indultos presidenciales que devolvieron a la actividad a herederos condenados por corrupción.
Lee Jae-myung, actual presidente coreano, conoce esa sensibilidad tan bien como sus límites. Con una trayectoria ideológica socialdemócrata y volcada a la centro-izquierda, en su campaña de 2017 prometió jugarse la carrera política en el desmantelamiento del sistema chaebol, pero en 2025 llegó al poder con un tono distinto, sosteniendo que si a Samsung le va bien al país le va bien. En su primera reunión con los jefes de los cinco grandes grupos combinó ambas cosas. Les pidió ayuda para disipar la desconfianza social y les advirtió que la economía ya no puede sostenerse sobre la competencia desleal ni sobre los privilegios de algunos actores. Su gobierno impulsó la reforma del Código de Comercio, que extendió el deber de lealtad de los directores hacia los accionistas minoritarios, pero necesita a esos mismos conglomerados para sostener las exportaciones y negociar aranceles con Washington. Ahí es donde una federación deportiva presidida por un heredero Hyundai se vuelve un objetivo casi ideal. Permite exhibir el combate contra el privilegio heredado sin tocar la estructura económica que el gobierno necesita intacta. Bajo costo, alto rendimiento simbólico.
Por eso la renuncia del presidente de la KFA no cerró nada. Sobre la mesa ya estaba la causa por el nombramiento de Hong en julio de 2024, tras cinco meses de vacancia posteriores al fracaso de Jürgen Klinsmann. Se había encomendado a una comisión encontrar un técnico de renombre, para terminar eligiendo a un técnico conocido en el medio local (tanto como ex futbolista como tecnico con paso por varios clubes y la propia selección). De los tres finalistas, Hong fue el único que no pasó por entrevista formal ni presentó documentación, ya que el director técnico general fue a buscarlo a su casa y la conversación decisiva ocurrió en una panadería del barrio. Park Ju-ho, entonces miembro del Comité de Fortalecimiento, lo denunció en su canal de YouTube. La federación respondió amenazando con acciones legales. El Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo concluyó que hubo irregularidades y recomendó sanciones. La KFA lo demandó y perdió en primera instancia en abril de 2026.
Sobre ese caldo de cultivo se dio lo sucedido el 6 de agosto. Ese día la brigada de delitos financieros de la policía metropolitana de Seúl allanó durante once horas las sedes de la KFA en Cheonan y Seúl y el Centro de Ética Deportiva, e incautó teléfonos y computadoras. Cuatro días más tarde la policía precisó la dimensión real del expediente: nueve denuncias acumuladas, cargos que incluyen apropiación indebida, coacción y amenazas, y un dato que podría resultar decisivo, el supuesto cambio de teléfono celular de Chung. A diferencia de casi todo lo demás, un eventual encuadre como destrucción de prueba sería un hecho reciente y no prescrito que incluso lo podría llevar a la cárcel.
La audiencia parlamentaria del 30 de julio agregó el retrato de una gestión patrimonialista. Según la auditoría ministerial, un ejecutivo de una filial de HDC manejó la administración práctica de la federación durante once años en violación del reglamento, cobró cerca de 700.000 dólares en honorarios de asesoría y filtró información de licitaciones a empresas amigas. Los legisladores hablaron de un cartel entre Hyundai, la KFA y la red de ex-alumnos de la Universidad de Corea. Chung declaró que no considera que el procedimiento de selección haya estado mal y que, si el equipo hubiera llegado a octavos, la audiencia no se habría celebrado.
El informe que nadie publicó
Lo más grave llegó ese mismo 6 de agosto, cuando el canal JTBC publicó un informe de auditoría del Ministerio de Cultura fechado en 2016. El documento consigna que, entre marzo de 2011 y marzo de 2012, en siete partidos, la federación costeó salas de masaje y servicios sexuales para un grupo estimado en entre diez y veinte árbitros y comisarios extranjeros, de nacionalidad japonesa, emiratí, bahreiní y uzbeka. Los pagos se hicieron con tarjeta corporativa de la KFA, en Seúl, Changwon y Ulsan. Algunos se registraron la noche previa al partido. Otros, la madrugada del propio encuentro.
El caso más comprometido es el del 29 de febrero de 2012, eliminatoria rumbo a Brasil frente a Kuwait. Corea estaba al borde de quedar afuera, acababa de destituir a Cho Kwang-rae y había llamado de urgencia a Choi Kang-hee. El equipo arbitral completo era japonés. Esa madrugada se registró un pago en un "local de masajes" de Yeoksam-dong, en Gangnam, y esa noche Corea ganó por 2 a 0. Un detalle de cronología que en el país pegó fuerte fue que todo ocurrió dos días después de que la K-League expulsara de por vida a 47 futbolistas por el amaño de partidos de 2011. Los comprobantes de esos gastos fueron falsificados de manera deliberada. El personal del departamento arbitral los rendía como cenas, copas posteriores al partido o masajes simples, y esas rendiciones fraguadas subieron por toda la cadena de aprobación hasta llevar la firma de un vicepresidente de la época. Es decir, era un procedimiento administrativo con aval jerárquico.
En septiembre de 2017 la policía imputó a once directivos de la federación por apropiación indebida de fondos, pero lo anunciado se limitó a campos de golf, bares y un viaje al exterior. De los árbitros no se dijo una palabra. La fiscalía cerró esa parte por prueba insuficiente pese a contar con los registros de dos tarjetas corporativas, y la KFA usó ese sobreseimiento como argumento para no aplicar ninguna sanción interna. La pregunta en estos días dejó de ser qué hicieron en 2011 para pasar a ser quién decidió que eso no saliera en 2017. La Federación Japonesa abrió una investigación de esclarecimiento sobre cuatro árbitros propios y sospecha que dos habrían recibido los agasajos, aunque aclara que no se trata de un procedimiento disciplinario. Ni la FIFA, cuyo código fija cinco años de prescripción para estas infracciones, ni la AFC ni el Comité Olímpico Internacional anunciaron actuación alguna. La policía coreana, por ahora, apenas evalúa si el caso es investigable bajo la ley local.
La federación reaccionó el 8 de agosto con un comunicado titulado "Carta a los aficionados y personas del fútbol". Admitió haber generado una gran decepción tras el Mundial y pidió disculpas por la acumulación de frentes abiertos: la audiencia parlamentaria, el allanamiento sin precedentes y los reportes sobre hechos de hace más de una década que, según su propio texto, ni siquiera muchos de sus miembros internos conocían bien. Se describió a sí misma como una organización que perdió su función y quedó en una situación calamitosa, prometió elevar la transparencia y la moralidad de su cultura interna y afirmó de manera tajante que hoy no ocurren ese tipo de conductas ni ese uso de la tarjeta corporativa. El gesto tiene un precedente incómodo. En 2016 la KFA ya había pedido perdón públicamente por el uso indebido de tarjetas y prometido transparencia, y lo hizo apoyada en el mismo informe ministerial que contenía, sin que se hiciera público, el capítulo de los árbitros que estalló ahora. Una farsa por partida doble.
Por qué el escándalo de Corea explota ahora
De lo contado hasta ahora, lo que deberia quedar claro es que nada de esto es información nueva. El expediente arbitral existe desde 2016 y la irregularidad del nombramiento de Hong se conoce desde 2024. Todo ya se sabía. Lo que cambió fue el entorno político. Los movimientos empezaron en enero de 2025. Lee Kee-heung, presidente del Comité Olímpico Coreano y objetivo de la misma secuencia de inspección ministerial y derivación policial, perdió la reelección por 417 votos contra 379 frente a Yoo Seung-min, cuando el ambiente deportivo daba por hecho su continuidad. Yoo copreside hoy, junto al ex futbolista Park Ji-sung (histórico por su ciclo en el Manchester United), el comité que reescribe el sistema electoral de la KFA.
El calendario de la política nacional hizo el resto. El 3 de junio de 2026 se celebraron las elecciones locales, primera prueba nacional del gobierno de Lee Jae-myung, que recuperó buena parte del poder territorial perdido cuatro años antes. El Mundial arrancó una semana más tarde. El fracaso deportivo le llegó así a una administración recién ratificada y con margen para abrir frentes. El 5 de agosto, el propio presidente ubicó la raíz del problema en la estructura antidemocrática de la federación y en los mandatos prolongados. El allanamiento ocurrió al día siguiente, coincidencia que buena parte de la prensa coreana no dejó pasar.
La palanca más eficaz del gobierno sobre la KFA no es la causa penal, que puede tardar años y terminar en nada, sino el presupuesto del que la entidad depende. En el presupuesto de este año, los subsidios estatales se cuentan por hasta casi 8 millones de dolares, sumados a otros 6 millones del Fondo Nacional de Promoción del Deporte y un porcentaje recibido de la quiniela deportiva estatal. Son 17 millones de dolares en total que forman el 17,5% del presupuesto total de la KFA. Mientras tanto, la reforma en marcha propone ampliar el colegio electoral de las 192 personas que votaron en 2025 a más de diez mil, y Chung Mong-gyu conserva sus cargos en la FIFA y en el comité ejecutivo de la AFC, en algunos casos garantizados hasta 2029. Es difícil pensar que todo esto se hubiera destapado si Corea pasaba de ronda en un grupo del Mundial donde comenzó ganando su primer partido. Así de impiadoso es el fútbol dentro y fuera de la cancha.
