Lionel Messi construyó una carrera repleta de títulos, tanto a nivel clubes como con la Selección Argentina. Con la "Albiceleste" conquistó, entre otros logros, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, pero hubo una consagración que durante años estuvo en el centro de todos sus deseos: el Mundial.
Qatar 2022 terminó convirtiendo esa obsesión en una certeza. En Lusail, después de la final ante Francia, las cámaras captaron a Messi diciéndole a su familia: "Ya está, ya está". Como si después de casi dos décadas de frustraciones y preguntas, aquella mochila finalmente hubiera desaparecido de sus hombros. Tiempo después, el propio capitán resumió la dimensión personal de aquella conquista con una frase contundente: "Ser campeón del mundo me cambió la vida". Antes de llegar a ese momento hubo esperanza, exigencias, derrotas y una pregunta que durante años acompañó cada presentación del rosarino con la Selección: ¿podría conseguir con Argentina todo lo que ya había ganado en Europa?.
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Primero apareció aquel chico que había cruzado el océano y que, con apenas 18 años, irrumpió en la Selección Mayor rodeado de expectativas. Después llegaron las comparaciones con Diego Maradona, las finales perdidas y una presión que fue creciendo hasta transformarse en una carga. Fueron cuatro finales que terminaron en derrota: el Mundial de Brasil 2014 y las Copas América de 2007, 2015 y 2016. Hubo un penal contra Chile, una renuncia, un regreso y una espera que finalmente terminó en el Maracaná y encontró su punto máximo en Lusail.
El comienzo de una historia cargada de expectativas
Messi llegó a la Selección Mayor en 2005, cuando todavía era un adolescente. Poco antes había sido campeón mundial Sub-20 y había deslumbrado en aquel torneo disputado en Países Bajos. Pero el salto a la Mayor implicaba ingresar a un escenario completamente distinto.
La camiseta argentina tenía un peso enorme. También lo tenía la comparación inevitable con Maradona tras dejar una vara gigantesca y Messi parecía reunir todas las condiciones para convertirse en ese futbolista: una zurda extraordinaria y una precocidad que ya lo había instalado entre las grandes figuras del fútbol mundial. Su debut tuvo un desenlace inesperado. Ingresó ante Hungría y fue expulsado apenas unos segundos después. Aquella noche terminó convertida en una anécdota dentro de una historia que recién comenzaba. En Alemania 2006 disputó su primer Mundial y, con apenas 18 años, se convirtió en el argentino más joven en jugar una Copa del Mundo.
La primera gran final con la Mayor llegó un año después, en la Copa América 2007. Argentina perdió contra Brasil y Messi todavía tenía apenas 20 años. En Beijing 2008 consiguió la medalla de oro olímpica, aunque aquella competencia correspondía a una Selección Sub-23. La deuda con la Mayor seguía intacta. Mientras tanto, la discusión sobre Messi y su relación con la camiseta argentina comenzaba a crecer. Vivía en Barcelona, había desarrollado gran parte de su formación futbolística en España y tenía una personalidad mucho más reservada que la de Maradona. Cada actuación era comparada y cada eliminación alimentaba las críticas. La expectativa que había acompañado sus primeros pasos empezaba a convertirse en una carga.
Cuatro finales que parecían cerrar el ciclo
Brasil 2014 fue el primer gran golpe de esa etapa. Messi llevó a Argentina hasta la final del Mundial en el Maracaná, pero Alemania terminó imponiéndose durante el tiempo suplementario. El capitán recibió el Balón de Oro del torneo, aunque aquel reconocimiento no podía compensar la sensación de haber quedado nuevamente a las puertas de la gloria.
En 2023, Messi recordó cómo vivía aquellos años: "Me dolía y la pasaba mal. En Barcelona era feliz, pero iba a la Argentina y era un bicho raro. Me puteaban, no se nos daban los resultados. La que más sufría era mi familia, porque se quedaba en Argentina. A mí me dolía, pero el día a día me hacía pensar en lo siguiente".
Un año más tarde apareció Chile. La final de la Copa América 2015 terminó 0-0 y Argentina volvió a quedarse con las manos vacías después de los penales. Messi convirtió su remate, pero el título volvió a escaparse. Doce meses después, en la Copa América Centenario, el escenario fue prácticamente idéntico. Otra final contra Chile, otro empate sin goles y otra definición desde los doce pasos. Esta vez Messi falló su penal. Después de aquella derrota anunció su renuncia a la Selección: "Ya está, se terminó para mi, era mi mayor deseo. Es por el bien de todos, por mí y por todos, porque hay muchos que desean esto, que no se conforman… Nosotros tampoco nos conformamos con llegar a la final y no ganarla”.
Tenía 29 años y atravesaba uno de los mejores momentos de su carrera en Europa. Sin embargo, con la camiseta argentina había perdido cuatro finales importantes. Su decisión parecía definitiva. Pero durante las semanas siguientes comenzaron a multiplicarse los pedidos para que regresara. Sus compañeros intentaron convencerlo. También dirigentes, entrenadores y millones de argentinos. Messi cambió de opinión y volvió.
Rusia 2018, la espera y un nuevo comienzo
Aquel regreso todavía estaba lejos de significar el final de la historia. Messi atravesó el Mundial de Rusia 2018, donde Argentina quedó eliminada en octavos de final frente a Francia, y luego la Copa América 2019, torneo en el que la Selección terminó en el tercer puesto. La llegada de Lionel Scaloni cambió el escenario. Argentina empezó a construir un grupo joven y competitivo que encontró una nueva manera de acompañar a su capitán. El primer gran resultado apareció en 2021. Argentina enfrentó a Brasil en el Maracaná por la final de la Copa América. Ángel Di María marcó el único gol del encuentro y Messi consiguió finalmente su primer título con la Selección Mayor.
Después de tantos años de frustraciones, el capitán pudo levantar el trofeo que tanto había buscado. "Necesitaba sacarme la espina de conseguir algo con la Selección", reconoció después de aquella consagración. Messi también identificó a Scaloni como una de las claves de aquella transformación: "Refleja lo que éramos como grupo. Era uno más de nosotros. Tiene un gran mérito porque formó la Selección. Agarró en un momento complicado y, de a poquito, fue confiando, trayendo gente nueva y joven. Siempre supo lo que quería. Terminamos haciendo una buena Copa América en 2019. Empezamos a crecer".
La Copa América abrió una puerta que durante mucho tiempo parecía cerrada. Después llegó la Finalissima contra Italia en Wembley y Argentina consiguió otro título. La Selección llegó a Qatar 2022 con una racha de 36 partidos sin perder. El Mundial, sin embargo, comenzó con un golpe inesperado. Arabia Saudita derrotó a Argentina y volvió a instalar dudas alrededor del equipo. Pero Messi y sus compañeros reaccionaron. México, Polonia, Australia, Países Bajos y Croacia quedaron en el camino. Solo faltaba Francia.
Lusail, el lugar donde terminó la búsqueda
La final del Mundial 2022 concentró buena parte de la historia de Messi con la Selección. El partido ante Francia tuvo todo lo que podía tener una final. Messi marcó dos goles, convirtió su penal en la tanda decisiva y Argentina se consagró campeona del mundo. A los 35 años, el capitán finalmente consiguió aquello que había perseguido desde Alemania 2006. Horas después dejó una frase que sintetizó la dimensión de aquel momento: “Tantas veces lo soñé, tanto lo deseaba que aún no caigo, no me lo puedo creer”.
Y también puso el foco en el grupo que lo acompañó hasta la gloria: “El mérito es de este grupo, que está por encima de las individualidades”. La historia que durante años había sido presentada como una deuda terminó convertida en una de las grandes epopeyas del fútbol argentino.
La conquista también modificó la relación entre Messi y los hinchas. "Sinceramente, no se cuál es la razón de que haya gente deseando que gane la Copa del Mundo. La gente vio todo lo que peleé para intentar de conseguir ese objetivo, y le parecía injusto lo que había vivido yo con la Selección Argentina", resaltó en aquel entonces. Después de Qatar, Messi podría haber cerrado su ciclo. Tenía 35 años, era campeón del mundo y ya había ganado la Copa América. Pero eligió continuar.
El campeón que decidió seguir jugando
En julio de 2023 tomó una decisión que también ayudó a dimensionar lo que había significado Qatar para él: dejó el fútbol de elite europeo y se incorporó al Inter Miami. Pero el cambio de escenario no significó el final de su desafío deportivo. Messi continuó compitiendo al máximo nivel y volvió a levantar un trofeo con Argentina en 2024. En Miami, la Selección derrotó a Colombia y retuvo la Copa América.
Para entonces, Messi ya hablaba con mayor naturalidad sobre el paso del tiempo y sobre el momento en el que finalmente tendría que ponerle punto final a su carrera internacional. “Es hasta cuando tenga que ser, hasta que yo sienta que no da para más”, había explicado.
Una historia de 21 años con todos los finales posibles
Hoy, con 207 partidos y 125 goles, Messi se marcha como el máximo goleador y el jugador con más presencias en la historia de la Selección Argentina. Además, participó directamente en 193 goles si se toman como referencia sus 68 asistencias.
Su recorrido incluye seis Mundiales, tres finales mundialistas, dos Copas América, una Finalissima y una Copa del Mundo. Perdió cinco finales y después consiguió las cuatro grandes conquistas de su etapa con la Selección Mayor. En 2016, Messi creyó que el ciclo había terminado porque no podía conseguir el título que tanto deseaba. Seis años después levantó la Copa del Mundo. En 2024 volvió a ser campeón continental. Y en 2026 alcanzó otra final mundialista.
Durante 21 años, Argentina atravesó con Messi todos los estados posibles. La esperanza de aquel chico rosarino que llegó para ser comparado con Maradona. La resistencia del capitán que soportó cuatro finales perdidas. La decepción del penal contra Chile. El dolor de una renuncia. El regreso. El éxtasis del Maracaná. La gloria definitiva de Lusail. Y después, algo que durante mucho tiempo parecía imposible: la tranquilidad de un futbolista que ya había conseguido aquello que había perseguido durante toda su carrera y que, aun así, decidió seguir jugando. No porque necesitara demostrar algo más, sino por amor al fútbol.
