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Los 5 cambios de las marcas para tener impacto junto con deportistas de alto rendimiento

En un escenario de audiencias fragmentadas y presupuestos cada vez más exigidos, las marcas buscan comprender qué sucede después de la exposición: cómo se genera participación, afinidad, información y valor concreto.

09 de octubre, 2026 | 18.55
Los 5 cambios de las marcas para tener impacto junto con deportistas de alto rendimiento

El deporte conserva algo que pocos espacios pueden ofrecer al mismo tiempo: atención, emoción e identidad. Sin embargo, esa capacidad ya no resulta suficiente para justificar una inversión. En un mercado que revisa presupuestos, compara canales y demanda resultados, el valor del marketing deportivo empieza a medirse también por su capacidad para generar un impacto concreto.

La pregunta ya no es solamente cuántas personas estuvieron expuestas a una marca, sino qué sucedió después: si esa presencia produjo recordación, participación, una relación más cercana con la audiencia, generación de información, intención de compra o algún comportamiento específico.

“Durante mucho tiempo, la visibilidad fue considerada un resultado en sí mismo. Hoy es apenas el punto de partida. La pregunta que debería hacerse una marca es qué quiere provocar con esa atención y qué comportamiento espera generar”, explica Hernán Stambulsky, especialista en marketing deportivo

No todas las acciones deben medirse de la misma manera

Uno de los principales desafíos consiste en definir qué significa obtener un buen resultado. Una estrategia orientada a instalar una marca no puede evaluarse con los mismos indicadores que una acción destinada a generar ventas, captar información o fortalecer la relación con una comunidad.

Cuando el objetivo es construir reconocimiento, pueden observarse la recordación, la asociación de atributos o la presencia dentro de una conversación. Si la búsqueda es generar participación, adquieren relevancia las interacciones, las inscripciones, la asistencia a una actividad y el consumo de contenidos.  En las estrategias destinadas a construir una relación sostenida también pueden evaluarse la recurrencia, el crecimiento de una base propia, el nivel de respuesta y la continuidad del vínculo. Cuando existe un objetivo comercial directo, entran en juego variables como consultas, tráfico, oportunidades generadas, conversiones y ventas.

“El error aparece cuando se intenta medir todas las acciones con la misma vara. No existe un único indicador capaz de explicar el valor del marketing deportivo. La métrica tiene que responder al objetivo y ese objetivo debe estar definido antes de comenzar”, señala Stambulsky.

Esta planificación previa resulta determinante. Cuando la medición se incorpora únicamente al finalizar una acción, las organizaciones suelen limitarse a contar los datos disponibles, aunque no necesariamente sean los que permiten evaluar su verdadero desempeño.  “Medir no es reunir números al final de una campaña. Es tomar una decisión previa sobre qué queremos conseguir, qué señales nos van a indicar que estamos avanzando y qué información necesitamos para corregir el recorrido”, agrega.

De la exposición al conocimiento de la audiencia

La evolución del marketing deportivo también está modificando la relación entre marcas, organizaciones y públicos. Ya no alcanza con saber cuántas personas vieron una competencia, asistieron a un evento o interactuaron con una publicación. El valor también está en comprender quiénes son, qué les interesa y cómo se relacionan con una disciplina.

Tiendas, eventos, competencias, contenidos, plataformas y activaciones pueden funcionar como puntos de contacto capaces de producir información relevante. El desafío consiste en integrar esas señales y transformarlas en decisiones, siempre respetando la privacidad y evitando que la experiencia se convierta en una recolección invasiva de datos.

Conocer mejor a una audiencia permite diseñar propuestas más relevantes, segmentar la comunicación y comprender qué tipo de participación genera cada iniciativa. También ayuda a evaluar si existe una afinidad real entre una marca, una disciplina y la comunidad a la que busca acercarse.

“Los datos tienen valor cuando permiten entender mejor a las personas y tomar decisiones. Acumular información sin una pregunta concreta puede generar reportes más extensos, pero no necesariamente mejores estrategias”, sostiene Stambulsky.

Medir sin eliminar la dimensión emocional

El avance de los datos no significa que todo el valor del deporte pueda traducirse inmediatamente en ventas. La identificación, el orgullo, la pertenencia y los recuerdos compartidos forman parte de una dimensión difícil de reproducir en otros espacios de comunicación.

En un ecosistema de medios cada vez más fragmentado, las experiencias deportivas continúan teniendo la capacidad de reunir personas alrededor de un interés común. Esa conexión emocional es parte de su valor y la medición debe ayudar a comprenderla, no reemplazarla.

“Una estrategia puede tener métricas correctas y, aun así, no construir nada relevante. Los datos muestran qué ocurrió, pero también necesitamos interpretar por qué ocurrió y qué significado tuvo para las personas”, afirma Stambulsky.

Esta mirada también obliga a revisar la manera en que se diseñan los patrocinios. La relación no debería comenzar cuando una marca aparece en una competencia ni terminar cuando finaliza el evento. El resultado depende de su capacidad para aportar algo que tenga sentido dentro de esa disciplina y sostenerlo a través del tiempo.

 

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