El Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María no es solo un escenario, es un sentimiento que atraviesa generaciones. Mientras la ciudad cordobesa ultima detalles para su histórica edición número 60, que se llevará a cabo del 8 al 18 de enero de 2026, vale la pena rebobinar la cinta y volver a ese momento exacto donde la necesidad se transformó en una fiesta popular masiva.
Este verano, el anfiteatro José Hernández vibrará con una grilla que mezcla historia y presente: desde Abel Pintos, Soledad, El Chaqueño Palavecino y Los Nocheros, hasta los referentes del cuarteto como Ulises Bueno y La K’onga, e incluso la referente del trap, Cazzu. Pero hace seis décadas, el panorama era muy distinto: no había luces led, ni pantallas gigantes, solo la voluntad inquebrantable de un grupo de vecinos.
Todo comenzó el 16 de mayo de 1965. La cooperadora de la Escuela Primer Teniente Morandini necesitaba recaudar fondos de manera urgente y la kermés habitual no alcanzaba. En esa reunión, Enrique Jarbas Pereyra tiró una idea que cambiaría la historia de la región: organizar un evento de doma. La propuesta fue aceptada por unanimidad y rápidamente se sumaron otras escuelas de Jesús María, Colonia Caroya y Estación Caroya, dando nacimiento a la Unión de Cooperadoras Escolares.
La primera edición arrancó el 8 de enero de 1966. Todo era a pulmón. Según reza la memoria oficial del festival, "la pista de jineteada se cerró con alambre sujetos a postes prestados por la Cooperativa de Servicios Públicos". Los corrales se armaron junto a unos viejos perales y el escenario era apenas una tarima en un terreno baldío de la calle Cleto Peña.
Sin embargo, la mística ya estaba ahí. Aquellas primeras nueve noches fueron transmitidas por LW1 Radio Universidad de Córdoba y contaron con gigantes como Jorge Cafrune, Los del Suquía, Los Cantores de Quilla Huasi y El Chango Nieto. En el campo, los primeros campeones inscribían sus nombres en la historia: Abel Garbuglia en crina limpia, Emilio Toranzo en gurupa surera y Pedro Díaz en bastos.
Las repercusiones del primer Festival de Jesús María
El impacto fue tal que el diario La Voz aseguró en sus crónicas de la época que el evento “adquirió mayoría de edad en el instante de su nacimiento”. La expectativa era tan grande que se reforzaron los servicios de trenes para que la gente pudiera llegar desde las primeras horas del día hasta la noche.
Con el tiempo, el compromiso de la comunidad fue total. En 1967, miembros de la comisión llegaron a hipotecar sus propias casas para conseguir el financiamiento necesario y construir el anfiteatro original, transformando ese terreno baldío en el coloso que conocemos hoy.
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El crecimiento fue exponencial. De las 45 mil personas que asistieron en 1966, se pasó a más de 170 mil a finales de los 80. Y el fenómeno no para: en 2025 se rompió el récord absoluto con más de 211 mil entradas vendidas en 12 jornadas inolvidables. Hoy, ese esfuerzo inicial de una sola cooperadora se multiplicó. El festival beneficia actualmente a 22 escuelas, abarcando a unos 10 mil alumnos de Jesús María, Colonia Caroya, Vicente Agüero y Sinsacate.
