El fenómeno de El Niño seguirá presente durante los próximos meses y podría convertirse en uno de los episodios de mayor intensidad registrados en los últimos años. La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de Naciones Unidas, informó que existe una probabilidad excepcionalmente alta, cercana al 100%, de que el evento persista hasta febrero de 2027.
El dato fue difundido el 3 de septiembre y encendió las alertas por las posibles consecuencias sobre las temperaturas y las precipitaciones. La OMM anticipó que El Niño continuará intensificándose hasta alcanzar una magnitud “muy fuerte”, con riesgos asociados de inundaciones, sequías y calor extremo en distintas regiones del planeta.
Hasta cuándo durará El Niño: la fecha que dio la ONU
La respuesta de la OMM es concreta: El Niño podría mantenerse hasta febrero de 2027. Los pronósticos de los Centros Mundiales de Producción del organismo establecen una probabilidad cercana al 100% de que el episodio continúe durante el período diciembre de 2026 a febrero de 2027.
El fenómeno ya está consolidado en el Pacífico tropical y las condiciones oceánicas favorecen su fortalecimiento. De acuerdo con la OMM, las temperaturas de la superficie del mar en la región ecuatorial central y oriental del Pacífico están muy por encima de los valores habituales.
La organización prevé, además, que El Niño alcance su máxima intensidad hacia finales de 2026. Sin embargo, que el fenómeno llegue a su pico no significa que sus consecuencias desaparezcan inmediatamente: el calor acumulado en los océanos puede continuar afectando la atmósfera y las temperaturas durante meses posteriores.
El Niño será muy fuerte: qué efectos puede provocar
La preocupación de los especialistas no se limita a la duración del fenómeno. La OMM anticipó que El Niño se intensificará hasta alcanzar una categoría muy fuerte, capaz de modificar los patrones habituales de temperatura y precipitaciones.
Para el período comprendido entre septiembre y noviembre de 2026, los modelos de la organización proyectan una mayor probabilidad de temperaturas superiores a las normales en casi todas las regiones terrestres. Al mismo tiempo, las lluvias podrían presentar importantes alteraciones según la zona.
Los efectos de El Niño no son iguales en todo el planeta. Los episodios intensos suelen estar asociados con sequías en sectores de la Amazonia, Indonesia y Australia, modificaciones en los monzones de India y cambios en los regímenes de precipitaciones de distintas regiones tropicales. También puede aumentar el riesgo de inundaciones y olas de calor en determinados territorios.
Por eso, la OMM advierte que la intensidad del fenómeno no permite determinar por sí sola qué ocurrirá en cada país. Las consecuencias dependen también de otros factores oceánicos y atmosféricos, entre ellos las condiciones del océano Índico y del Atlántico.
Qué es El Niño y por qué preocupa a los científicos
El Niño forma parte del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) y se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental registran un calentamiento anormal que altera la circulación atmosférica.
No se trata de un fenómeno nuevo ni provocado directamente por el cambio climático. De acuerdo con la información difundida por la OMM, El Niño ocurre de manera natural y suele aparecer cada dos a siete años, con episodios que generalmente duran entre nueve y 12 meses.
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Lo que sí genera preocupación es la interacción entre estos fenómenos naturales y un planeta que ya registra temperaturas globales elevadas. La OMM señaló que un episodio de El Niño muy fuerte puede incrementar la probabilidad de fenómenos meteorológicos extremos y alterar de manera significativa las temperaturas y las precipitaciones.
En este contexto, la organización y los servicios meteorológicos nacionales reforzaron las tareas de preparación y alerta temprana frente a los posibles impactos del evento. La advertencia no significa que todos los países vayan a experimentar las mismas condiciones, sino que aumenta la necesidad de anticiparse a escenarios climáticos extremos.
