“Estoy viendo cómo la industria cultural es desguazada en vivo y es muy angustiante", expresó Marina Bellati en diálogo con El Destape. La actriz es una de las protagonistas de Tenemos que hablar, la comedia de Mariano Galperín que presenta un formato único, donde no hay diálogos y solo se escuchan los pensamientos de los personajes.
En una entrevista íntima, Bellati habló sobre la construcción de sus personajes, sus fanatismos y adelantó qué se puede esperar de las series de Envidiosa, Coppola el representante y Viudas Negras, p*tas y chorras. Además, describió la "hostilidad" de la sociedad y cuestionó al gobierno de Javier Milei. “¡Que vengan los trolls!”, lanzó antes de responder.
Tenemos que hablar tiene un formato muy diferente al tradicional... ¿Qué desafíos te presentó?
-Me resultó un ejercicio actoral muy interesante y muy original porque nunca había tenido una convocatoria parecida. Esta cosa de tener que actuar una cosa para el otro y por dentro estar con estos pensamientos, que son los que sí escucha el público. Es bastante complejo y muy divertido porque, como no se escuchaba lo que decíamos, decíamos cualquier barbaridad para provocar a los compañeros.
Mariano, el director, delineó los personajes y solo sabíamos por dónde iban los pensamientos de cada uno y los cruces con los otros compañeros y compañeras, pero no había un guion. Fue la primera que no me tuve que aprender una letra.
La película se presenta como una producción de resistencia ¿Aceptaste la propuesta por eso?
-A mí me convocó Mariano, que es un director con el que ya trabajé en otra película (Bill-79). Se filmó en una noche, desde las 17 hasta las 7 de la mañana, y yo estaba filmando una serie entonces de noche podía. Fue sumarme a un juego. Hay algo que me importa resaltar: no soy para nada militante del trabajo no remunerado. Estoy en contra de esta idea de que, para que no desaparezca nuestro cine, tenemos que juntarnos con nuestros amigos y nuestros teléfonos. Me parece una debacle cultural absoluta.
Lo escuché a Mariano decir que con esta película se había gastado todos los favores de su agenda. Ya lo creo que sí, conmigo seguro. Hice varios cortometrajes de estudiantes, me interesa andar cerca de gente en formación, no por eso quiero convertirme en una militante del trabajo no pago, porque todos los que pertenecemos a la industria cultural somos trabajadores.
Creciste entre una casa que parecía una “granja hippie”, mientras ibas a escuelas de élite. ¿Sentís que esa doble experiencia te dio herramientas a la hora de interpretar personajes de “cheta”, como Mónica en Tenemos que hablar o Mecha en Viudas Negras?
- Seguramente, siempre las personas más monstruosas que conocí provienen de esos lugares.
Cuando las interpretás ¿pensás en alguien específico?
-No, porque son unas caricaturas. No es que saco elementos. Hay algo de esa ideología, hay personas que piensan así. Yo veo a Mecha de Viudas Negras y no sé por dónde empezar... Justo Malena (Pichot) me dio muchísima libertad y me agarró inspirada, que no siempre me pasa, pude jugar muchísimo y le pude agregar un montón de cosas.
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¿Qué opinión tenés sobre la reforma laboral y su impacto en la cultura audiovisual?
-Me parece que todo va en la misma dirección. Desde que está este Gobierno, todos los miércoles están los jubilados, los trabajadores de la salud, los textiles ahora también están saliendo a contar su situación. Me parece que es exactamente lo que votaron y está clarísima la dirección. A mí lo que me atañe es la industria cultural que estoy viendo cómo es desguazada. Lo estoy viendo en vivo y es muy angustiante. Es un Gobierno muy ordinario, muy bruto, muy cipayo con respecto a la cultura.
Es un Gobierno que odia todo lo argentino y hay una saña particular con la cultura porque es identitaria, porque construye lenguaje, memoria, tradición. Siempre la derecha despreció la cultura nacional. No es ninguna novedad y la reforma laboral tampoco, creo que están haciendo todo lo que dijeron. No hay misterio acá.
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Hablamos de que tuviste una infancia de contrastes, ¿Sentís que eso te da una perspectiva diferente a la de otros?
-Yo no creo que haya que pasar por las situaciones o las vivencias para poder sentir empatía. Como actriz, no soy una actriz metódica, si tengo que hacer de una asesina, no voy a ir asesinando gente para saber cómo es estar en esos zapatos. Hay algo que me parece que es un ejercicio espiritual, del alma. No hace falta haber estado en esos lugares.
Sí, tuve una infancia y una niñez marcada por contrastes que eran enormes, eran inmensos. Puede ser que me dé a mí cierta perspectiva, pero no creo que eso sea lo que me convierta en una persona con sensibilidad social y con conciencia de clase. Yo no necesito ni tener un hijo discapacitado, ni un padre jubilado, ni un hermano médico, docente o universitario para poder sumarme a sus reclamos.
Estás afiliada al PJ porteño. Sos peronista, ¿te considerás kirchnerista también?
- Soy peronista. El gobierno de Néstor Kirchner me parece que fue el mejor gobierno que tuvo este país. Sin lugar a dudas. Y por otro lado, también ando cerca hace unos años largos de Argentina humana (espacio liderado por Juan Grabois) porque me interesa vivir en una Argentina humana. Creo que Juan anda siempre también cerca de las causas que me convocan y que me interesan.
Tenemos que hablar está en el cine, pero también sos parte de producciones para streaming. ¿Qué opinas de que las plataformas comiencen a reemplazar el cine?
-Lo dicen los números. Fui al cine antes de ayer y éramos cinco en la sala. Me parece que cambiaron los hábitos de cómo ver audiovisual. Yo soy muy cinéfila y a mí, personalmente, me gusta mucho la experiencia de ir al cine. Me parece que te perdés de un montón de cosas. Las películas fueron concebidas para verse en el cine. Salvo algunas que van directo a plataforma, que son como telefilms. Después si te querés en tu beeper, en tu celular, a mí se me rompe el corazón.
También entiendo que ir al cine, pagar una entrada, todo tiene que ver con todo. Tenés que tener cinco trabajos, no llegás a fin de mes y la verdad que el trabajador no tendrá ganas de ir al cine. No lo puedo culpar de ver su película en el celular o ver plataformas.
Entonces, sos cinéfila, fanática de Sandro y bostera. ¿Hay algún fanatismo más que tengas que no sea conocido?
-Sí, soy bastante fanática. Soy fanática de mi perro Evo, de mis amigos, de mi país. Soy re fanática de mi país.
En 2001 no estabas viviendo en el país y volviste. ¿Seguís disfrutando de vivir en Argentina?
-Es difícil disfrutar cuando el de al lado está en la mierda. A mí, por lo menos, me cuesta un montón. Soy muy porosa y muy permeable a la tristeza ajena que en un momento se convierte en propia. No conozco a nadie que la esté pasando bien, de varios mundos diferentes. Está difícil pasarla bien, uno se va armando sus trincheras, pero también estoy harta de armarme trincheras todo el rato o quiero una más grande.
Uno se arma sus recursos con sus amigos, con el cine, con los libros… ir a la cancha es un recurso enorme, pero quiero dejar de vivirlo como pequeños alivios. Quisiera así una vida más amable. Está re hostil todo. El mundo está horrible.
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¿Sentís que estás en un momento exitoso de tu carrera?
-Soy una actriz que, por suerte, siempre ando trabajando, pero soy muy privilegiada y tengo mucha conciencia de eso también. Soy muy afortunada. Somos muy pocos los actores que estamos trabajando y no sé con qué tenga que ver, no me lo atribuyo ni al talento.
Entonces, ¿No te considerás talentosa?
-Conozco actores y actrices muchísimo más talentosos que yo y que no tienen trabajo, no tienen suerte de poder armar una rueda laboral.
¿Te gusta verte o ver cómo quedan los diferentes proyectos?
-No mucho, soy bastante desapegada de los resultados. El momento que más disfruto es el rodaje. Yo en el rodaje soy muy feliz, trabajo con mucha alegría. Me gustan los equipos de trabajo y siempre te cruzas con uno con el que ya trabajaste. Entonces trabajo con muchísima alegría.
Todavía te falta grabar Viudas Negras, pero ¿qué nos podés adelantar de la serie de Coppola y de Envidiosa?
-De la serie de Coppola no puedo contar nada, pero es espectacular. Yo con Wino (el director, Ariel Winograd) tengo una relación laboral y personal, lo quiero y lo admiro mucho. La uno me fascinó.
Y Envidiosa, la cuarta y última, creo que tiene un cierre está muy bien. Griselda es amiga mía desde la adolescencia y está inteligente y sensible. Me encanta el personaje que hizo, todo lo que movió en las mujeres en la sociedad. Me parece que es una serie importante que abrió ahí conversaciones muy hondas y de una manera muy amable a través de la comedia.
Con respecto a mi personaje, me parece que también tiene un atractivo muy grande que es mostrar también las nuevas familias. Tengo una pareja mujer y que está embarazada. En la cuarta también hay algo de esto que se termina de delinear, de este tipo de las nuevas maternidades, cómo se conforman las nuevas familias y me parece que es un aporte que está muy interesante.
A nivel actoral, ¿hay algo que sientas que te falta hacer?
-De todo. Me está pasando últimamente que me gustan las personas, me interesa trabajar con determinadas personas, con directoras y con directores. Me encantaría seguir contando historias. Cada vez con más responsabilidad también.
¿Seguís con la idea de estudiar medicina para ser psiquiatra?
-Todos los días, sueño... no sé qué hacer. Siempre me estoy por anotar. Dudo porque son un montón de años, hay que estudiar un montón y ya tengo una vocación y profesión. Siento también muchísima admiración y es algo que quisiera hacer con todo el compromiso.
- La película Tenemos que hablar está disponible todos los días a las 20.30 hs en el Cine Gaumont, Rivadavia 1635.
