Georges Simenon, el autor de una obra múltiple que vuelve a circular y encuentra nuevos lectores

24 de enero, 2023 | 15.28

(Por Emilia Racciatti) Georges Simenon (Bélgica, 1903-Suiza, 1989) es uno de los autores europeos con mayor producción (192 novelas, 158 relatos cortos, textos autobiográficos más artículos y reportajes) y además uno de los más reeditados, ya que sus ficciones siguen generando comunidad lectora que ahora puede encontrar su obra a partir de una colección especial que diseñan los sellos Anagrama y Acantilado.

Dedicada al creador de un personaje célebre como el detective Maigret, la colección ya publicó las novelas "El fondo de la botella" y "Maigret duda", y ahora suma "Tres habitaciones en Manhattan" y "La muerte de Belle" que cuentan con nuevas traducciones de Núria Petit e ilustraciones de Maria Picassó, que aportan marcas minimalistas y singulares a las tapas.

Detrás de la idea de ampliar la circulación del autor que firmó con seudónimos como George Sim, Christian Brulls, Jaques Dersonne o Luc Dorsan, está su hijo John, a cargo de la propiedad de los derechos de su obra, y quien ya había logrado una reciente reedición de la obra de su padre en Italia a través de la editorial Adelphi, propiedad del grupo Feltrinelli, dueños también de Anagrama.

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Hasta ahora son cuatro las novelas que integran esta serie y las dos primeras ya dan cuenta de la diversidad de la selección realizada, ya que la primera, "El fondo de la botella", es una ficción publicada originalmente en 1948 que da cuenta de manera cruda del ritmo -rapidísimo- en el que se desmorona la vida de un hombre; mientras que en "Maigret duda", una novela policial de 1968, ya trae a la escena al personaje que mayor popularidad otorgó al escritor belga: el especial e inclasificable comisario Jules Maigret.

Las dos novelas más recientes: "Tres habitaciones en Manhattan" (1946) y "La muerte de Belle" (1951) de esta serie en español marcan también divergencias entre sí y suman pliegues a las dimensiones ficcionales planteadas por este autor en el que si bien prevalece el misterio y el suspenso, los conflictos sorprenden y no hay estructuras establecidas que marquen hojas de ruta descifrables para los lectores.

"Tres habitaciones en Manhattan" se sitúa en una noche en un bar de Nueva York en el que están Kay, una joven que acaba de perder la habitación que compartía con una amiga, y Frank, un actor al que su esposa abandonó por un colega más joven.

El encuentro de esas dos vidas que están un punto de quiebre es el centro de la novela en la que los desconocidos se vuelven amantes pero esa mirada de deslumbramiento y amor que en la que se ven envueltos también los descubre en sus oscuridades e inseguridades. Especialmente en el caso de Frank, al que el autor ubica como protagonista de situaciones en las que los celos y la paranoia cobran formas de violencia hacia Kay.

Los desconocidos recorriendo una ciudad en un lapso corto de tiempo vuelve intensa la experiencia del encuentro y exalta la complejidad del encuentro en una gran urbe donde es a partir de la tristeza o la desdicha que los protagonistas se disponen a compartir sus soledades. Éstas se advierten no tanto en las descripciones como en los monólogos que encaran ante el otro pero en el que muchas veces no logran más que ser ecos para la propia trama en la que se ven inmersos.

La cuarta de esta colección es "La muerte de Belle", una novela escrita en Connecticut y protagonizada por el maestro de escuela Spencer Ashby, que lleva una vida tranquila con su mujer Christine hasta que Belle Sherman, la hija de una amiga de la mujer, a la que la pareja había albergado hacia un mes en su casa, aparece muerta en su cuarto.

Así comienza una sucesión de pesadillas que van intensificando el sufrimiento del protagonista que no puede correrse del centro de las sospechas. Con elementos que articulan magistralmente el clima de suspenso e intriga del género policial, Simenon mantiene la tensión con esta historia donde los interrogatorios y las suposiciones toman la vida de Ashby.

"Hay ocasiones en que, en la intimidad de su casa, un hombre va y viene, hace los gestos de todos los días, con expresión despreocupada, pero de pronto levanta la vista y se da cuenta de que las cortinas no están corridas, de que hay personas fuera observándolo", así comienza esta novela que es uno de los célebres relatos del escritor.

Celebrado por autores como Henry Miller, William Faulkner, Walter Benjamin, André Gide, Gabriel García Márquez o John Banville, Simenon comenzó a trabajar como periodista a los 16 años, publicó por primera vez en 1921 bajo seudónimo y un año después se instaló en París. Justamente debido a los seudónimos con los que firmaba es difícil establecer la cantidad exacta de textos de su autoría.

Sus escritos fueron llevados al cine: "Maigret tiende una trampa" (1958), "Maigret y el caso Saint Fiacre" (1959) y "El barón de la cerradura" (1960) por Jean Delannoy y "En caso de desgracia" (1958) por Claude Autant-Lara. Además su clásico personaje Maigret fue actuado por por legendarias figuras como Jean Gabin, Charles Laughton, Bruno Kremer y Michel Simon.

A inicios de la década del 70 anunció que dejaba de escribir. Llevaba publicadas 192 novelas y 155 relatos firmados con su nombre. Pero después de su muerte en 1989 en la ciudad Lausana de Suiza, se advirtió que esa cifra llegaría a “más de 400 novelas” teniendo en cuenta las que firmó con unos 20 seudónimos.

En 2003, al celebrarse el centenario de su nacimiento, en Lieja, su ciudad natal, instalaron una carpa de 25.000 metros cuadrados en la que se podían ver fotos de su familia, documentos oficiales como el certificado de la institución en la que estudió hasta que abandonó el secundario (el Collège Saint-Servais) y sus primeros artículos publicados en la Gazette de Lieja donde empezó a trabajar como periodista a los 16 años.

Entre esos materiales había también manuscritos y esquemas con marcas en lápices de distintos colores que mostraban cómo se dedicaba a pensar las tramas, los tiempos y los casos que se desplegaban en sus novelas.

A 34 años de su muerte, esa obra construida sistemática y prolíficamente sigue siendo traducida y reeditada porque la escritura fue una excusa para el autor para indagar en la curiosidad por qué pasa con todos nosotros ante el azar, lo imprevisible del amor pero también de la muerte.

Con información de Télam

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