Hay una práctica que las empresas de Inteligencia Artificial empezaron a usar para evitar juicios millonarios: comprar libros físicos de manera legal, escanearlos y, en el proceso, destruirlos. La jugada surgió después de que Anthropic tuviera que pagar 1.500 millones de dólares a autores por descargar obras de bibliotecas piratas. En Argentina, mientras tanto, casi nadie está discutiendo qué pasa con los derechos de los escritores.
Lo que dice la ley argentina
Alelí Prevignano, abogada laboralista y asesora legal de la CGT, es tajante: digitalizar un libro sin autorización para entrenar un sistema de IA es una reproducción no autorizada. La Ley 11.723 le reserva al autor la facultad exclusiva de reproducir su obra, y a diferencia de otros países, Argentina no tiene una excepción para minería de textos y datos. El problema, según Prevignano, no es la letra de la ley, sino su cumplimiento: no existe ninguna obligación de transparencia para las empresas que desarrollan estos sistemas, así que detectar el uso indebido es casi imposible.
Comprar un libro no da derecho a todo
La lógica de comprar y destruir libros surgió como respuesta a fallos como el del caso Bartz vs. Anthropic en Estados Unidos, donde un juez consideró que usar libros para entrenar un modelo es "extremadamente transformativo", pero rechazó ese argumento para las obras descargadas de bibliotecas piratas. En la Argentina, esa lógica de "lo compré, hago lo que quiero" no aplica: Prevignano aclara que quien compra un libro adquiere el soporte, no la facultad de reproducirlo ni de divulgarlo con fines comerciales.
Un vacío que no es casualidad
Según Prevignano, la falta de regulación responde a una disputa geopolítica: cuando la ausencia de reglas se ofrece como ventaja competitiva para atraer inversión, deja de ser un descuido y pasa a ser una desprotección directa. Un dato que pocos conocen es que la ley argentina es más protectora que el estándar europeo, que sí permite la minería de datos salvo reserva expresa del autor.
Mónica Herrero, consultora editorial especialista en derecho de autor, agrega que ya es tarde para frenar el entrenamiento de modelos como ChatGPT o Gemini, que se hicieron con obras protegidas sin autorización. La pregunta que queda abierta, dice, es cómo convivir con eso de ahora en más.
