El secreto detrás del Capitán del Espacio: quién fue su creador y por qué decidió que casi no se consiguiera

La historia del Capitán del Espacio comenzó en una pequeña fábrica de Quilmes, pero una decisión de su fundador cambió para siempre el destino del alfajor.

25 de julio, 2026 | 15.59

Durante décadas, conseguir un Capitán del Espacio fue casi una misión imposible para quienes vivían fuera del sur del conurbano bonaerense. El hecho de que apareciera solamente en algunos comercios de Quilmes, Berazategui o Avellaneda, lo terminó convirtiéndolo en un alfajor de culto. Sin embargo, pocos saben que detrás de esta escasez hubo una decisión tomada por su propio creador.

Todo comenzó el 2 de febrero de 1962, cuando Ángel de Pascalis fundó una pequeña fábrica de alfajores en Ezpeleta. El emprendimiento nació de manera artesanal y, aunque el nombre original iba a ser una palabra en árabe, la inminente carrera espacial y la expectativa por la llegada del hombre a la Luna llevaron al empresario a rebautizar la marca como Capitán del Espacio.

El secreto detrás del Capitán del Espacio

A diferencia de la mayoría de las empresas, Ángel de Pascalis nunca buscó convertir su alfajor en un producto masivo. Mientras otras marcas invertían en campañas publicitarias y ampliaban su presencia en supermercados de todo el país, él eligió un camino completamente distinto: el de mantener una distribución limitada y apostar al boca a boca.

El Capitán del Espacio se convirtió en un alfajor de culto. Foto: Capitán del Espacio

La estrategia hizo que durante años el Capitán del Espacio solo pudiera conseguirse en kioscos y comercios de la zona sur del Gran Buenos Aires. Para miles de consumidores de la Ciudad de Buenos Aires y de la zona norte, encontrar uno implicaba recorrer varios barrios o pedir recomendaciones. Incluso comenzaron a circular mapas elaborados por fanáticos en internet y grupos en redes sociales donde los propios consumidores compartían los pocos lugares donde todavía se vendía.

Paradójicamente, esa escasez terminó jugando a favor de la marca. Cuanto más difícil era conseguir un Capitán del Espacio, mayor era el interés por probarlo. Así, el alfajor se convirtió en una especie de leyenda urbana para muchos argentinos y en un clásico para quienes crecieron en el sur del conurbano.

Con el paso de los años, la producción dejó de ser completamente artesanal y la fábrica se trasladó a Quilmes, donde continúa funcionando en la actualidad. Aunque las maquinarias evolucionaron, la empresa siempre buscó mantener la receta original y el sabor característico de su alfajor.

Hubo incluso un intento de exportación entre 1995 y 1996 hacia Australia, pero la experiencia duró poco. La empresa decidió abandonar el proyecto porque consideró que no podía garantizar la misma calidad del producto durante el largo traslado, especialmente por el relleno de dulce de leche.