Por qué los nutricionistas recomiendan no usar azúcar ni edulcorante y cómo reemplazarlos

Nutricionistas proponen reducir el azúcar y los edulcorantes, para mejorar la salud metabólica y la relación con la comida.

24 de febrero, 2026 | 09.45

Durante años, la discusión parecía reducirse a una sola pregunta, ¿azúcar o edulcorante? Sin embargo, cada vez más nutricionistas y profesionales de la salud plantean que la verdadera alternativa no está en elegir entre uno u otro, sino en cambiar el hábito de endulzar todo lo que se consume.

El foco ya no está puesto únicamente en las calorías o en el impacto sobre el peso corporal, sino en cómo el sabor dulce permanente moldea el paladar, altera el metabolismo y condiciona la relación con la comida. En ese contexto, comienza a ganar consenso una tercera opción, reducir progresivamente el dulzor en la alimentación diaria.

La nueva recomendación no apunta a reemplazar el azúcar por otro producto, sino a acostumbrar al paladar a sabores menos intensos. Esto implica dejar de agregar azúcar o edulcorante al café, al té, al mate cocido, a las infusiones o a preparaciones caseras de manera automática.

Según explican especialistas, el consumo frecuente de azúcar se asocia a picos de glucosa en sangre, mayor riesgo de caries y problemas metabólicos a largo plazo. Por su parte, aunque los edulcorantes no aporten calorías, pueden mantener activa la preferencia por lo dulce e incluso provocar molestias digestivas, como hinchazón, en personas sensibles.

Reducir el dulzor no significa resignar sabor. Por el contrario, muchos profesionales sostienen que, cuando se disminuye gradualmente el agregado de endulzantes, el paladar se adapta. El café empieza a percibirse con sus matices originales, las infusiones resultan menos amargas de lo esperado y los alimentos recuperan su sabor natural.

Un cambio gradual que impacta en el hábito diario

Los nutricionistas aclaran que no se trata de prohibir ni demonizar el azúcar o los edulcorantes, sino de evitar su uso constante y automático. El objetivo es que el sabor dulce deje de ser una presencia fija en cada comida y pase a reservarse para ocasiones puntuales.

Este enfoque también puede influir en el control del apetito. El consumo habitual de sabores intensamente dulces estimula el deseo por alimentos ultraprocesados y puede generar más antojos. Al reducir esa estimulación, muchas personas experimentan una disminución en la necesidad de “algo dulce” y una relación más equilibrada con la comida.