Bolsitas de nicotina: la nueva moda ‘sin humo’ que pone en peligro a los jóvenes

Ganaron popularidad como alternativa “más segura” al cigarrillo, especialmente entre jóvenes. Sin embargo, especialistas advierten que contienen altas dosis de nicotina, no tiene autorización sanitaria, pueden generar adicción y provocar efectos adversos.

21 de enero, 2026 | 19.44

En los últimos meses empezó a circular con más fuerza en Argentina un producto que se vende para el consumo habitual como moderno, discreto y supuestamente menos dañino que el cigarrillo ya que no generan humo ni vapor: las llamadas bolsitas de nicotina, también conocidas como nicotine pouches. Para consumirse se colocan entre la encía y el labio, liberando nicotina, una sustancia química presente en el tabaco que actúa como estimulante, a través de la mucosa. Las bolsitas contienen entre 1,5 y 6 mg de nicotina por unidad y vienen en diferentes sabores. Existen varias marcas pero las más conocidas son Zyn y Velo, y los envases son coloridos y llamativos, muy similares a los de las pastillas o caramelos infantiles.

El Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires emitió la semana pasada una alerta sanitaria que advierte que este producto no tiene autorización sanitaria, presenta alto potencial adictivo y tiene riesgos comprobados para la salud. El documento señala que el consumo ha crecido de manera silenciosa, especialmente entre jóvenes y adolescentes, al amparo de vacíos legales que la industria tabacalera aprovecha para instalar, a partir de campañas agresivas de marketing en kioscos, redes sociales y vía pública.

Qué son los pouches y por qué preocupa su consumo

Las bolsitas de nicotina son productos descartables de uso oral. Cada una contiene nicotina, en muchos casos en concentraciones muy elevadas, y saborizantes de diferentes variedades como menta, vainilla o canela. La principal característica de este producto, y lo que lo vuelve más riesgoso de lo que aparenta, es que no requiere combustión ni vapor, ya que libera nicotina directamente al organismo a través de la mucosa bucal.

Según la alerta sanitaria del ministerio encabezado por Nicolás Kreplak, una sola bolsita puede generar niveles de nicotina en sangre iguales o incluso superiores a los cigarrillos convencionales, lo que incrementa de manera significativa su poder adictivo. Jonatan Konfino, subsecretario de Políticas de Cuidados en Salud bonaerense, señala que muchas veces “cada una de estas bolsitas tiene el mismo contenido de nicotina que tres, cuatro o cinco cigarrillos”.

La nicotina es altamente adictiva y tiene efectos directos sobre el sistema cardiovascular: aumenta la presión arterial, la frecuencia cardíaca y puede provocar palpitaciones. “No es un caramelo, no es inocuo para nada”, explica el funcionario. Además se incrementa el daño a partir de la práctica habitual del “stacking”, que consiste en utilizar varias bolsas a la vez para intensificar el efecto. Es decir que se pueden consumir dosis equivalentes a un paquete de cigarrillos en un solo uso.

Los síntomas inmediatos del consumo incluyen sudoración, palpitaciones y náuseas. Pero los expertos y médicos advierten sobre los efectos a largo plazo ya que pueden provocar problemas de salud bucal, problemas gastrointestinales, y padecimientos de salud mental, como ansiedad, depresión y otras conductas adictivas, básicamente porque se trata de un producto creado por las mismas empresas tabacaleras, que se han reconvertido para seguir vendiendo nicotina bajo una estética más amable a los hábitos modernos y legislaciones más restrictivas.

El falso relato del “daño reducido”

Uno de los argumentos más utilizados para promover estos productos es que, al no tener humo ni combustión, serían una alternativa menos perjudicial que el cigarrillo o el vapeo. Sin embargo, desde Salud desmienten esa narrativa e insisten en su peligrosidad. “No está probado que esto sirva para dejar de fumar o para fumar menos. No es lo que demuestra la evidencia científica disponible”, sostiene Konfino.

El punto no es menor: no se trata de un producto médico, ni de un tratamiento desarrollado por la industria farmacéutica. Detrás de las bolsitas de nicotina están las empresas tabacaleras más grandes del mundo que hoy se reconvierten para seguir ampliando y diversificando su mercado que en medio de cambios socioculturales y legales en relación al cigarrillo y el vapeo. “No es una estrategia sanitaria. Es una estrategia comercial para atraer nuevos clientes”, explica.

Vacíos legales y el negocio de las tabacaleras

En Argentina si bien no existe hoy una normativa específica que regule las bolsitas de nicotina ya que no están registrada o autorizadas y no cuentan con aval de la ANMAT, éstas circulan y se venden igual. Ese vacío legal es el que la industria aprovecha para posicionarlas fuera de los controles que rigen para el tabaco.

Desde el Ministerio de Salud bonaerense y distintas organizaciones advierten que, por su contenido y su forma de promoción, estos productos deberían encuadrarse dentro de las políticas de control del tabaco. En la Provincia de Buenos Aires la Ley 13.894 establece un marco de protección frente a la promoción y el consumo de productos elaborados con tabaco y sus derivados, con especial atención en la población infantil y adolescente.

A nivel internacional el panorama tampoco es del todo claro. En Estados Unidos, si bien su consumo es legal para mayores de 21 años, la FDA no aprueba las bolsitas de nicotina como herramientas para dejar de fumar, ni las reconoce como productos terapéuticos. En la Unión Europea, varios países avanzaron con prohibiciones o fuertes restricciones, incluyendo impuestos especiales. Estudios recientes, además, detectaron la presencia de nitrosaminas y otras sustancias potencialmente tóxicas, reforzando su consideración como productos derivados del tabaco.

Adolescentes en la mira de los especialistas

Uno de los aspectos que más preocupa a las autoridades sanitarias es la exposición temprana del consumo de las bolsitas de nicotina en jóvenes. “Hay estudios preliminares que muestran que adolescentes ya están empezando a probar estos productos”, alertó Konfino. El diseño atractivo, los sabores dulces y la posibilidad de consumo discreto los convierten en un producto especialmente seductor para públicos jóvenes. Además el aspecto inofensivo del embalaje y que no dejen rastro de humo o residuos hace que su consumo sea difícil de identificar por parte de padres, docentes o adultos responsables.

Esta moda se volvió muy popular en Estados Unidos el último año y su consumo se extendió en adolescentes de todo el mundo, sobre todo varones, impulsado por la publicidad y los contenidos en redes sociales: el hashtag #Zyn alcanzó más de 700 millones de vistas, y surgieron los llamados “Zynfluencers”, influencers que promocionan en sus perfiles los efectos estimulantes de las bolsitas. Y no es casual: sabores diferentes, diseño atractivo, consumo discreto y una narrativa que los presenta como algo “menos peligroso” que el cigarrillo.

Una investigación reciente del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) informó que un 3,4 por ciento de chicos y chicas de entre 12 y 17 años de 4 ciudades del país dijo haber probado las bolsitas y casi un 2 por ciento las ha consumido en los últimos 30 días. En este sentido, la alerta sanitaria indica que la expansión de estas nuevas formas de consumo de nicotina amenaza con revertir los avances logrados en las últimas décadas en el control del tabaquismo.

Frente a este escenario, la Provincia reclama la intervención del Gobierno nacional para definir un encuadre normativo claro, fortalecer los controles y advertir a la población. “Es imprescindible que se deje en claro qué tipo de producto es y que tenga las mismas regulaciones que el tabaco”, sostuvo Konfino. Las bolsitas de nicotina no son una moda ingenua ni un detalle del mercado. Son parte de un nuevo capítulo del viejo negocio de la adicción, que cambia la forma y se vende como inofensivo para sostener el fondo.