Imaginar el último árbol o la última hoja de la Tierra parece un escenario de ciencia ficción, pero es una pregunta que hace décadas que interesa a climatólogos, geólogos y astrobiólogos. Un nuevo estudio sostiene que las plantas podrían sobrevivir durante casi 1.900 millones de años, un plazo mucho más extenso de lo que estimaban investigaciones anteriores.
El trabajo fue desarrollado por Jacob Haqq-Misra y Eric Wolf, investigadores de la organización científica Blue Marble Space, a partir de un modelo que combina la evolución del clima terrestre, los cambios en la radiación solar y la disponibilidad futura de dióxido de carbono (CO2). El resultado indica que la biosfera vegetal todavía tendría un recorrido extraordinariamente largo, aunque inevitablemente limitado por la propia evolución del Sistema Solar.
No se trata de una predicción exacta, ya que manejar escalas temporales de miles de millones de años implica enormes márgenes de incertidumbre. Aun así, el modelo permite entender mejor qué procesos físicos determinarán el destino de la vida compleja en el planeta.
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El Sol, el verdadero responsable del final
Aunque hoy el cambio climático concentra la mayor parte de las preocupaciones ambientales, el fenómeno que terminará haciendo inhabitable la Tierra será otro. Con el paso de millones de años, el Sol aumenta lentamente su luminosidad como parte natural de su evolución estelar.
Ese incremento es imperceptible en escalas humanas, pero durante cientos de millones de años provoca un calentamiento progresivo del planeta. Según el estudio, la temperatura media terrestre subirá algo más de 20°C durante los próximos 1.500 millones de años, para después acelerar todavía más ese proceso.
En ese escenario, incluso las plantas más resistentes terminarán encontrando condiciones imposibles para sostener la fotosíntesis. El calor extremo alterará los ciclos del agua, aumentará la evaporación y reducirá drásticamente la estabilidad de los ecosistemas.
Los astrónomos calculan que dentro de unos 5.000 millones de años el Sol se transformará en una gigante roja, lo que cambiará por completo el entorno de los planetas interiores del sistema.
El CO2 también tiene la última palabra
El calor no es el único enemigo de la vegetación futura. Las plantas necesitan CO2 para realizar la fotosíntesis, el proceso mediante el que producen materia orgánica y liberan oxígeno.
El estudio plantea un segundo escenario, en el que los procesos geológicos eliminan progresivamente carbono de la atmósfera mediante la alteración de las rocas. En ese caso, la concentración atmosférica caería desde algo más de 400 partes por millón hasta apenas 30 partes por millón en aproximadamente 1.000 millones de años.
Con una disponibilidad tan baja de carbono, incluso las especies adaptadas a ambientes extremos tendrían enormes dificultades para sobrevivir. En ese escenario, la desaparición de las plantas llegaría un poco antes, alrededor de 1.840 millones de años hacia el futuro.
El dato confirma que la habitabilidad de un planeta depende tanto de su temperatura como de su composición atmosférica, dos factores que evolucionan en conjunto durante miles de millones de años.
La evolución podría cambiar parte del escenario
Los propios autores del estudio reconocen que estos cálculos incluyen una variable de peso: la evolución biológica.
Hace cientos de millones de años no existían plantas terrestres, bosques, flores ni árboles. Todos surgieron a partir de innovaciones evolutivas que transformaron por completo la biosfera. Por eso, resulta imposible saber qué nuevas adaptaciones podrían aparecer durante los próximos cientos de millones de años.
Es posible que futuras plantas desarrollen mecanismos fotosintéticos mucho más eficientes o que aprendan a sobrevivir con niveles muy bajos de CO2. También podría ocurrir que organismos completamente distintos ocupen el rol ecológico que hoy cumplen los vegetales.
Incluso una hipotética civilización tecnológica muy avanzada podría intervenir el clima mediante técnicas de geoingeniería planetaria, prolongando las condiciones favorables para la vida. Hoy esa posibilidad pertenece solo al terreno de la especulación científica, aunque sirve para mostrar cuánto permanece abierto el futuro lejano.
Un planeta muy distinto al que hoy conocemos
Mucho antes de que desaparezcan las últimas plantas, la Tierra ya habrá cambiado profundamente. Los océanos comenzarán a evaporarse de forma gradual a medida que aumente la radiación solar, lo que reducirá el ciclo hidrológico y alterará por completo la dinámica atmosférica. Las regiones habitables serán cada vez más escasas y solo organismos extremadamente resistentes podrán sobrevivir en ellas.
Curiosamente, la desaparición de la vegetación no significaría el final absoluto de la vida. Muchos científicos consideran probable que microorganismos capaces de vivir bajo tierra, protegidos del calor superficial, puedan persistir durante cientos de millones o incluso más de 1.000 millones de años adicionales.
Este tipo de organismos ya existen en la actualidad: bacterias y arqueas sobreviven varios kilómetros bajo la superficie terrestre alimentándose de reacciones químicas entre minerales y agua, sin depender directamente de la luz solar.
