Durante años, la atención de la industria de la belleza estuvo puesta en el rostro, el cuello, el escote y las manos. Pero una nueva tendencia empieza a correr el límite, las rodillas se convirtieron en la próxima zona del cuerpo que busca tratamientos para combatir las arrugas, las manchas y la flacidez.
El fenómeno, que ya gana espacio dentro de la medicina estética, parte de una observación sencilla, las rodillas también envejecen. La exposición al sol, los cambios de peso, el movimiento constante de la articulación y la pérdida progresiva de colágeno pueden modificar el aspecto de la piel y hacer que se vea más fina, seca, arrugada o flácida.
“Son una de las zonas que más delatan el envejecimiento”, explica la médica estética Beatriz Beltrán. Con el paso de los años disminuye la producción de colágeno, elastina y ácido hialurónico, lo que afecta la elasticidad y la capacidad de regeneración de la piel. A esto se suma que la zona está sometida permanentemente al movimiento, al roce y al peso del cuerpo.
Uno de los factores que más incide es el sol. Cuando llega el verano y aparecen los shorts, las faldas y los trajes de baño, las rodillas quedan expuestas a la radiación ultravioleta, aunque muchas veces son una de las partes del cuerpo que se olvidan a la hora de aplicar protector solar. La consecuencia puede ser una piel más seca y áspera, pérdida de luminosidad y la aparición de manchas oscuras.
Los cambios de peso también pueden dejar su huella. Las sucesivas subidas y bajadas pueden favorecer la acumulación de grasa localizada alrededor de la articulación y, cuando la piel pierde elasticidad, dificultar que vuelva completamente a su estado anterior. El resultado puede ser una mayor flacidez y la aparición de pliegues sobre la rodilla.
A partir de los 25 o 30 años, además, la producción de colágeno comienza a disminuir aproximadamente un 1% por año. En una zona que ya tiene una piel relativamente fina y pocas glándulas sebáceas, ese proceso puede hacerse visible en forma de pequeñas arrugas y pérdida de firmeza.
Qué tratamientos existen para mejorar el aspecto de las rodillas
La nueva tendencia no propone un único tratamiento, sino distintas alternativas según el problema que presente cada persona. Para las manchas, por ejemplo, se utilizan procedimientos como peelings médicos y determinados tipos de láser, que buscan renovar la piel y actuar sobre la pigmentación.
Cuando la preocupación principal son las arrugas finas y el aspecto apagado, algunas propuestas de medicina estética apuntan a la bioestimulación y a tratamientos destinados a mejorar la calidad de la piel. Entre ellos aparecen los polinucleótidos y la aplicación tópica de exosomas mediante técnicas de micropunción.
La hidratación también ocupa un lugar central. Los llamados skinboosters con ácido hialurónico están pensados para mejorar la hidratación y elasticidad de la dermis sin buscar un efecto de volumen. Según las especialistas citadas, pueden ayudar a recuperar una apariencia más suave y flexible.
En los casos de flacidez, aparecen tratamientos como el ácido poliláctico, que estimula la producción de colágeno, y tecnologías que combinan microagujas y radiofrecuencia. Algunas propuestas también incorporan tratamientos destinados a reducir la grasa localizada que puede acumularse alrededor de la articulación.
La radiofrecuencia, por su parte, es otra de las alternativas utilizadas para mejorar la falta de tensión. El objetivo es calentar de manera controlada las capas de la piel para favorecer la contracción de las fibras de colágeno y estimular su producción.
Pero la apariencia de una rodilla no depende solamente de la piel. El tono muscular también puede modificar su aspecto. En particular, el cuádriceps y la zona ubicada inmediatamente por encima de la articulación cumplen un papel importante en el sostén de los tejidos. Por eso, algunas propuestas estéticas incorporan tecnologías de estimulación electromagnética para trabajar la musculatura.
Así, las rodillas empiezan a ocupar un lugar que hasta hace poco parecía reservado a otras partes del cuerpo. La nueva obsesión beauty pone la lupa sobre una zona que suele quedar fuera de las rutinas de cuidado, pero que también está expuesta al paso del tiempo.
