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Vendió su medalla de la UBA para fundar un diario: el médico y político detrás de una de las avenidas más famosas

Caminamos por calles, cruzamos avenidas, nos encontramos en plazas. Son direcciones que usamos a diario, puntos de encuentro que forman parte de nuestra geografía cotidiana. Pero, ¿alguna vez nos preguntamos quiénes fueron esas personas cuyos nombres llevan las calles que transitamos?

16 de septiembre, 2026 | 06.00

En la escuela aprendimos de memoria los nombres de San Martín, Belgrano, Rivadavia. También el de Rosas, aunque muchas veces para hablar de su exilio o de su dictadura. Son los próceres que aparecen en los manuales, los que están en los billetes y en los monumentos. Pero el mapa argentino está lleno de otras calles, con nombres que no siempre están en los libros de historia que estudiamos en el colegio. Detrás de cada una de esas direcciones donde vamos a comprar, donde nos encontramos con amigos o simplemente paseamos, hay una historia. Y muchas veces, una historia que vale la pena contar.

¿Quién cruzó los Andes con un ejército de hombres y mulas para liberar medio continente? San Martín. ¿Quién impulsó la educación pública, gratuita y laica? Sarmiento. ¿Quién redactó la Constitución Nacional que nos rige hasta hoy? Alberdi. ¿Quién le puso fin a la guerra civil y organizó el Estado nacional? Roca. Son nombres que aprendimos de memoria, que repetimos en los actos escolares y que están grabados en los monumentos más grandes del país. Pero la historia no termina ahí. Hay otros nombres, quizás menos populares, que también merecen ser recordados. Como el de Juan B. Justo.

Juan B. Justo: el médico que anestesió la primera cirugía filmada y fundó el partido socialista

Caminamos por la avenida Juan B. Justo, tomamos el Metrobús, compramos un pulóver en Mar del Plata y hasta cruzamos su nombre en un mapa de la ciudad, pero ¿quién fue realmente el hombre detrás de ese nombre? Detrás de cada calle hay una historia, y la de Juan Bautista Justo es, quizás, una de las más sorprendentes que el tiempo y la costumbre han vuelto invisible.

Agustín Saade, profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Buenos Aires (UBA), define a Justo como un personaje de múltiples facetas. "Fue uno de los primeros médicos en introducir en Argentina las técnicas de asepsia, los cuidados sanitarios básicos que hoy damos por sentado, como el lavado de manos en los quirófanos", explica. "Su trabajo en el quirófano y su contacto con los brotes de cólera lo enfrentaron directamente con la marginalidad, con los sectores más postergados que empezaban a concentrarse en las orillas de la ciudad".

Juan Buonome, doctor en Historia e investigador del CONICET, especialista en la historia del socialismo y el periodismo, agrega una perspectiva política a esa vocación médica. "Justo tiene un texto como muchos otros socialistas de fines del siglo XIX en donde cuenta cómo se hizo socialista. Son relatos de conversión. En el caso de Justo, ese relato está muy íntimamente vinculado a su labor como médico. Él tiene una descripción de una escena en la cual, en su contacto con pacientes de clases trabajadoras, de alguna manera hace el clic y dice: acá hay un problema social que atender y hay que llevar adelante una empresa política que pueda conducir un cambio social necesario".

Juan B. Justo fue médico, periodista, político y escritor. Nacido en San Telmo, en 1865, se recibió de médico con medalla de honor a los 23 años y viajó a Europa para perfeccionarse en las mejores clínicas de Suiza, Alemania y Austria. A su regreso, introdujo en Argentina la cirugía aséptica, el uso de la cocaína como anestésico local y el éter como anestésico general. Fue el primer cirujano en realizar una operación de hernia de forma aséptica en el país y sentó las bases de la cirugía abdominal moderna.

Su participación en el Hospital de Clínicas lo vinculó a un hecho que marcó un hito en la historia de la medicina mundial: la primera cirugía filmada de la historia. En 1899, el Dr. Alejandro Posadas operó a un paciente con un quiste hidatídico en el pulmón derecho, y la intervención fue registrada en una película muda de menos de 10 minutos. La filmación se realizó al aire libre, aprovechando la luz natural, y aunque Posadas fue el cirujano, el rol de Juan B. Justo como anestesiólogo y su contribución a la técnica quirúrgica fueron fundamentales para que esa operación fuera posible.

El escritor y el político: la pluma y el bisturí

Pero la vida de Juan B. Justo no se agotó en el quirófano. Fue un intelectual prolífico, un escritor que usó la pluma con la misma precisión que el bisturí. En 1894 fundó y dirigió La Vanguardia, el periódico que se convirtió en la voz del socialismo científico en Argentina.

Buonome sitúa a La Vanguardia en el contexto de la cultura de masas de la época: "Es un periódico político con una línea ideológica editorial muy clara, pero que al mismo tiempo intentó, con un éxito relativo, insertarse en un mundo de producción y consumo cultural muy potente: una industria editorial, periodística muy potente y una cultura de masas muy potente de principios del siglo XX. Es un periódico que no solamente debatía sobre política, sino que podía representar, reflejar, acompañar una vida social, cultural, muy diversa, muy compleja, de la ciudad, de las zonas rurales".

Saade agrega un dato revelador sobre los orígenes del diario: "Para conseguir el capital necesario y comprar las máquinas de impresión, Justo vendió su medalla de honor, que había obtenido por tener el mejor promedio de la historia de la Facultad de Medicina de la UBA”. Buonome retruca: “Hasta de su coche tuvo que desprenderse”. Con ese dinero pudo financiar la primera edición de La Vanguardia, un gesto que combina el sacrificio personal con una apuesta política enorme". Buonome confirma y amplía: "Efectivamente vendió la medalla de oro de la facultad de medicina para financiar La Vanguardia. También vendió su coche con el mismo objetivo. Es alguien que invirtió en esta empresa político-periodística recursos obtenidos por su carrera profesional como médico, que efectivamente fue muy exitosa".

En 1896, junto a un grupo de obreros y militantes, fundó el Partido Socialista Argentino, que presidió hasta su muerte en 1928. Bajo su liderazgo, el socialismo dejó de ser una idea marginal para convertirse en una fuerza política con representación parlamentaria. Justo fue elegido diputado nacional en 1912 y senador por la Capital Federal en 1924. Su activismo político no fue gratuito. Saade recuerda que "en el contexto de la ley Sáenz Peña y la efervescencia estudiantil de la época, Justo participó activamente y su militancia le costó su cargo docente en la Universidad de Buenos Aires, de donde fue removido".

Buonome, por su parte, destaca la importancia electoral del socialismo en esos años: "En la década del 30 les llegó un regalo del cielo a los socialistas. Habían ido avanzando en su presencia en el Parlamento de a poquito, con mucho esfuerzo, pero en la década del 30 van a tener una bancada de decenas de diputados y senadores. Esto se vincula con la decisión del partido radical de abstenerse a participar en las elecciones. Muchos antiguos votantes radicales optaron por el Partido Socialista, que ganó presencia en el Concejo Deliberante". Ese Concejo, conocido como el "Consejo Rojo", impulsó la nominalización de la avenida como Juan B. Justo, muy poco después de su muerte en 1928.

La osadía intelectual y el legado permanente

Uno de los hitos menos conocidos de su vida es su labor como traductor. Justo fue el primero en traducir El Capital de Karl Marx al castellano en América Latina. Saade señala que "si bien su traducción no fue la más precisa desde el punto de vista filológico —por ejemplo, traducía 'plusvalía' como 'supervalía'—, fue un hecho revolucionario. Un médico que se animó a traducir la obra cumbre del marxismo para que fuera accesible en nuestro idioma, en plena efervescencia política y social". Buonome coincide en la importancia de ese hito y lo contextualiza: "Justo tradujo El Capital directamente del alemán al castellano, una hazaña intelectual que lo coloca entre los principales difusores de la doctrina marxista en el continente".

Su producción escrita fue vasta. Obras como Teoría científica de la historia (1898), Teoría y práctica de la historia (1909), El socialismo argentino (1910) y La intransigencia política (1921) sentaron las bases del pensamiento socialista en el país.

El olvido y el legado de una avenida

Buonome aporta una clave fundamental para entender por qué un hombre tan importante terminó siendo solo un nombre en un mapa. "La última vez que se dijo el nombre Juan B. Justo para referirse a un médico político periodista y no a una calle fue hasta que apareció el peronismo. Juan B. Justo es la figura más importante de la fuerza de izquierda más importante de la Argentina hasta que apareció el peronismo. Pero eso se acabó con la llegada del peronismo. En la segunda mitad del siglo XX pasó a ser un nombre menos conocido, irrelevante para el debate público, nadie estuvo demasiado interesado en recuperar su legado. Quizás en algún momento en la década del 80 hubo algunos intelectuales con participación política de izquierda que recuperaron la mirada, la perspectiva, las ideas de Juan B. Justo, una izquierda socialdemócrata, pero la verdad es que no lograron demasiado".

Hoy, su nombre está en todos lados. La avenida Juan B. Justo en Buenos Aires fue la primera en tener un Metrobús, inaugurado en 2011. En Mar del Plata, la misma avenida es conocida como la "ruta del pulóver", un paseo clásico para turistas y locales. Pero como concluye Buonome, "detrás de esos nombres hay un médico que supo ver que la salud no se curaba solo en el quirófano, sino también en las calles, en las leyes y en la organización de los trabajadores".

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