Quedó viuda a los 81, transformó el duelo en fuerza y rompió un Récord Guinness: "Nunca es demasiado tarde para empezar a hacerse más fuerte"

Tras la muerte de su esposo, Bonnie Sumner, de 81 años, convirtió el duelo en disciplina y entrenamiento: meses después, batió el Récord Guinness al colgarse de una barra de dominadas.

06 de febrero, 2026 | 10.52

Bonnie Sumner, una mujer de 81 años oriunda de Colorado, Estados Unidos, sorprendió al batir el Récord Guinness de mayor tiempo suspendida en barra para una mujer de más de 80. Pero ella no buscaba sorprender a nadie ni batir ningún récord: simplemente buscaba una forma de salir adelante. Detrás de este logro, hay una historia de duelo y pérdida.

Bonnie Sumner, ganadora del Récord Guinness a sus 81 años.

“Lo único que me preocupa son mis manos y cuánto me va a doler”, dijo Sumner, que padece artritis, en diálogo con The New York Times. A pesar de esto, nunca se saca su anillo de casada cuando entrena y lo lleva como un recordatorio permanente de Mark, su esposo durante 60 años, quien falleció en diciembre de 2023.

La muerte de su marido dio vuelta su mundo, pero Sumner se prometió no quedarse paralizada. Después de organizar el funeral y realizar todos los trámites necesarios, volvió al gimnasio sin pensarlo.

Una historia de amor, duelo y resiliencia

Su romance con Mark

Bonnie y Mark se conocieron siendo adolescentes en un campamento de verano en Pensilvania. Se casaron en 1963, se mudaron a Milwaukee y criaron a cuatro hijos. Mark, abogado fiscalista, se caracterizaba por su sentido del humor, cuenta Sumner: "Era capaz de hacerte reír incontrolablemente con una cara perfectamente seria".

Cuando sus hijos crecieron y se independizaron, se construyeron una casa en lo alto de la montaña en Woodland Park, Colorado, donde pasaron casi 20 años viviendo, caminando por senderos de la zona y leyendo libros en su sofá.

El día que cambió todo

En 2016, Sumner empezó a entrenar fuerza por motivos de salud junto a Eve Lawrence, su entrenadora y amiga, y Mark se sumó años después. Pero a fines de 2023, se enfermó de cáncer de manera repentina. Murió el 23 de diciembre, dos días antes de Navidad.

Sumner atravesó el duelo en soledad, usando la ropa de su esposo y enfrentando el vacío del día a día. El gimnasio se volvió un refugio. "Empecé a entrenarla más duro de lo que nunca la había entrenado”, explicó Lawrence. "Porque sé lo que el fitness puede hacer por nosotros mental y emocionalmente".

El nacimiento de un nuevo propósito

En julio de 2024, Sumner leyó un artículo sobre los beneficios de colgarse de una barra para la longevidad y la funcionalidad en la vejez. Desde entonces, el ejercicio pasó a ser parte fija de su rutina.

A los 53 segundos, el dolor en las manos la hizo dudar. "Esto no es divertido", pensó, pero se desafió a seguir. "¿De verdad vas a decirme que no puedo hacer tres segundos más?", se preguntó a sí misma.

Bonnie Sumner, ganadora del Récord Guinness a sus 81 años.

En febrero de 2025, el dueño del gimnasio le sugirió revisar los récords Guinness y descubrieron que podía superarlo. Tenía un objetivo muy claro: aguantar dos minutos y dos segundos colgada de una barra.

Con eso alcanzaba para superar el récord vigente, y aunque puede parecer algo simple, exige una gran fuerza de agarre, resistencia mental y mucha disciplina para soportar el dolor en las manos.

Confiar en el proceso

Sumner intensificó el entrenamiento con cargadas de granjero, remo en máquina y press de banca. También aprendió estrategias para resistir más tiempo colgada. El proceso se convirtió en una forma de canalizar el duelo.

"Había tantas cosas que no podía controlar, retos que tenía que hacer me gustaran o no. Esto es control. Me encanta, y sé que puedo hacerlo”, se aseguró a sí misma.

El día del intento oficial, Sumner ya sostenía con regularidad 2:45, pero quería ir más allá. Ante una pequeña multitud, pidió silencio absoluto, saltó a la barra y cerró los ojos. A los 2:22, el dolor apareció con fuerza.

Dijo una sola palabra: "¡Ay!". Podría haberse soltado y aun así obtener el récord, pero no lo hizo. El objetivo ahora no era sorprender a nadie más que a ella misma. Siguió aguantando hasta que, con calambres en las piernas y las manos resbalando, se soltó en 3:03.

Había superado la marca anterior por más de un minuto. Luego agarró su botella de agua y se fue. Cuando le preguntaron qué significaba el logro, respondió: "Nunca es demasiado tarde para empezar a hacerse más fuerte".