Descubrieron un nuevo dinosaurio carnívoro en Argentina: el "Elemgasem nubilus"

Lo bautizaron Elemgasem nubilus y es el primer abelisáurido de hace 90 millones de años, una etapa de cambio climático y eventos de extinción masiva

05 de septiembre, 2022 | 11.33

Cosa rara, aquel día, cerca de Plaza Huincul, había un denso banco de niebla que lo cubría todo, reducía mucho la visibilidad y tardaba en disiparse. Un grupo de paleontólogos liderado por Diego Pol, investigador en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio, en Trelew, Chubut, esperaron hasta que decidieron salir a explorar los alrededores, pero sin alejarse mucho entre ellos ni de las carpas para no desorientarse. Pero bastó que recorrieran escasos 200 metros para que dieran con los primeros restos de lo que, hoy se sabe, es una nueva especie de dinosaurio depredador que vivía por esas regiones hace alrededor de 90 millones de años.

Tras casi dos décadas, el joven investigador ítalo-argentino Mattia Baiano acaba de publicar en Papers in Palaeontology  (https://doi.org/10.1002/spp2.1462) un trabajo en el que lo identifica, analiza el hallazgo y sus implicancias, y aporta numerosos datos sobre este nuevo integrante de la familia de los abelisaurios (que prosperaron en lo que en esos tiempos era el supercontinente de Gondwana) que podría ofrecer claves sobre procesos de “extinción de segundo orden”. Lo bautizó Elemgasem (por el dios tehuelche que lleva ese nombre) nubilus, que en latín significa “días nublados”. Pertenece a la familia de los carnívoros carnívoros como el Carnotaurus, su más famoso exponente.

Este proyecto lo hacemos en grupo. Sostené a El Destape con un click acá. Sigamos haciendo historia.

SUSCRIBITE A EL DESTAPE

Elemgasem nubilus hallado tenía una longitud aproximada de cuatro metros desde la cabeza a la cola y una altura cercana a los dos metros (Abel Germán Montes)

“Creo que fue la única vez que me pasó de tener tanta, tanta niebla. No veíamos ni a dos metros –recuerda Pol, coautor del trabajo–. Esperamos un poco, y después un poco más. Como a las 10 dijimos ‘bueno, salimos igual, aunque no se vea mucho’. ¡Y a los15 minutos, encontramos los restos! De casualidad, el hecho de que hubiera tanta niebla y fuéramos caminando tan despacio, nos permitió hacer un rastrillaje más exhaustivo de las cercanías del campamento y eso nos llevó a descubrir este animal”.

Del análisis histológico de los fósiles, surge que se trata de un ejemplar bípedo, carnívoro, que tenía una edad mínima de ocho años, era sexualmente maduro, pero todavía no había terminado de crecer, afirma Baiano, que inició el estudio del fósil para su tesis doctoral bajo la dirección de Rodolfo Coria, director emérito del Museo Municipal Carmen Funes. 

“Estoy muy contento –cuenta Baiano, oriundo de Nápoles, pero hoy residente en General Roca, una localidad distante aproximadamente a 140 km del lugar del hallazgo–. Los restos (sobre todo de la cola y de los miembros posteriores) fueron rescatados por quien es ahora director de mi beca posdoctoral, Diego Pol. Después hubo todo un período de preparación. En 2015, cuando empecé el doctorado con Rodolfo Coria, lo propusimos como parte de mi tesis y ahora los analizamos en mayor profundidad”.

Restos fosilizados del fémur de Elemgasem nubilus. (Gentileza de Mattia Baiano)

Según explica Baiano, lo que permite estimar la edad del ejemplar es la estructura interna de los huesos, sobre todo de las patas. “Es muy parecido a lo que notamos en el tronco de los árboles –explica– donde, cuando los cortamos, vemos anillos correspondientes cada uno a un año de crecimiento. Algo similar ocurre con los huesos de los dinosaurios con la diferencia de que, al ser fósiles, no tenemos la serie completa de estas líneas, contamos con una parte. Por eso, solo podemos decir que por lo menos tenía ocho años. También a partir de la microestructura ósea sabemos que había alcanzado la madurez sexual, que se podía reproducir, pero que posiblemente todavía no había terminado de crecer”.

Se calcula que el ejemplar de la nueva especie tenía una longitud aproximada de cuatro metros desde la cabeza a la cola y una altura cercana a los dos metros.

“Es un proyecto bien interesante porque nos ayuda a entender algo que nosotros llamamos ‘eventos de extinción de segundo orden’ –destaca Pol–. Sabemos que a lo largo de la evolución hubo grandes extinciones. La más famosa es la que eliminó a los dinosaurios. Son fenómenos muy estudiados y que marcaron el desarrollo de la vida. Pero también hay otros de menor magnitud que también tuvieron un impacto muy fuerte. En esos momentos desaparece una buena parte de la biodiversidad, cambia la fauna, la flora, los ecosistemas. Estos últimos nos hablan sobre la dinámica cambiante del planeta. Se sabe que se dieron cambios climáticos y ambientales menores, incluso hay hipótesis de que pudo haber incluso impactos extraterrestres, pero todavía no se tiene clara la causa. Lo que se ve es un cambio muy importante en los ecosistemas. Muchas especies que desaparecen tanto en los mares como en la tierra. Este trabajo aporta más información para comprender mejor estos eventos y contribuir al entendimiento de nuestro mundo actual. O sea, desentrañar en qué condiciones se dan estas extinciones en cascada que generan cataclismos ecológicos y grandes eventos de extinción”.

Mattia A. Baiano, ahora becario posdoctoral del Conicet

Para Pol, la acción humana probablemente acelere o influya en procesos que vienen ocurriendo en forma natural, como por ejemplo las variaciones de dióxido de carbono en la atmósfera. “Sin dudas, la revolución industrial trajo aparejadas más emisiones de carbono. Eso es innegable –comenta–. Ahora, la atmósfera varió en su contenido de dióxido de carbono de una manera muy importante en toda la historia de la vida. Y eso está vinculado con cambios climáticos. Entonces, por más que la causa sea humana ahora o haya sido natural antes, el proceso es parecido. Es por eso que podemos aprender mucho de estos eventos.”

El Elemgasem convivía con una fauna abundante y diversa. Entre ellos, otro “dino” muy “famoso” descubierto por el paleontólogo argentino Fernando Novas en los mismos depósitos en los que se encontró este, un Enlacia, pariente vinculado con el origen de las aves. También, con grandes herbívoros, como los titanosaurios. Pero precisamente de la franja temporal en la que prosperó el Elemgasem, hace entre 90 y 85 millones de años, no se conoce tanto.

“Estamos completando un poco el mapa de cuáles son los que sobrevivieron a esa etapa crítica –destaca Pol– y eso nos puede dar pistas para entender quiénes sobrevivieron y porqué. ¿Cuáles son las especies más susceptibles de extinción, cuáles las más resistentes? ¿Son los carnívoros o los herbívoros? ¿Las formas muy especializadas o las más generalistas? El pico de gigantismo en la Patagonia se dio hace más o menos 100.000.000 de años y acá estamos hablando de 12 o 13 millones de años más tarde. El Elemgasem es un carnívoro bastante pequeño, un dato interesante para empezar a analizar. ¿Será que los carnívoros que sobrevivieron a este evento eran los más chicos y los gigantes que existían antes se extinguieron? Eso arrojaría una selección de especies más pequeñas y en detrimento de las gigantescas. Esas son preguntas que queremos ir respondiendo”.  

Rodolfo Coria desenterrando un nuevo dinosaurio en la provincia de Neuquén

La Patagonia es un serie de yacimientos única en el mundo. “Hay materiales fósiles muy interesantes, pero también paleontólogos muy capaces y talentosos como Mattia –se entusiasma Coria–. El mérito del trabajo recae básicamente en él: pudo descifrar información muy valiosa a partir de un animal muy mal conservado, muy fragmentario. Todos los restos entran en una caja de zapatos y habían quedado en el museo por mucho tiempo, porque yo estaba trabajando en otras cosas que eran demandantes y esto implicaba un trabajo de investigación de detalle para el que en ese momento no tenía tiempo. Como su tesis versa sobre los abelisáuridos, le propuse estudiar los fósiles extraídos del Cerro de Portezuelo por Diego Pol. Le dije: ‘Mirá, no sé qué tan completo estará, no sé que tan informativo será, pero es importante porque es un ‘bicho’ que no se conoce. Es inédito’. Se puso a analizarlo y obtuvo información interesante que es lo que está publicando”. 

También para Coria, es seguro que Elemgasem convivía con otros abelisaurios gigantes, porque encontraron formas de dinosaurios herbívoros de gran porte en la misma localidad donde se encontró. “No tienen nombre todavía, porque son muy fragmentarios, pero hay huesos de animales de 20 o 25 metros de largo. Con los años, fuimos juntando piezas de este rompecabezas ecológico entre las que hay dos formas más de dinosaurios carnívoros también, curiosamente, de pequeño porte, animales de dos o tres metros de largo, cocodrilos, tortugas…; es decir, todo un ecosistema que fuimos develando a lo largo de los últimos 30 años de trabajo en esa localidad”.

Diego Pol, también autor del trabajo e investigador del CONICET en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio, en Trelew

Acerca de la abundancia de nuevas especies que se dan a conocer continuamente y que habitaron desde el Triásico hasta el Cretácico superior en lo que hoy es la Patagonia, el período geológico de unos 150 millones de años que se le llama “la era de los reptiles”,  estima que se registraron más de 100 especies distintas de dinosaurios. “Pero seguramente eran miles –comenta–, Nosotros apenas encontramos una pequeña muestra de esa diversidad fantástica. Los ecosistemas actuales están compuestos por gran cantidad de animales diferentes. Estoy seguro de que no era distinto hace 100 millones de años, así que todavía falta muchísimo por descubrir. Eso inspira nuevas vocaciones y el surgimiento de nuevos paleontólogos. Se conocen tantas especies de dinosaurios de la Patagonia, porque hay muchos paleontólogos trabajando. El conocimiento es directamente proporcional a la cantidad de científicos investigando. Habrá más en el futuro, porque hay muchísimas cosas para hacer, temas para estudiar y áreas para explorar”.

Y Baiano, que le pidió a su padre su primer libro sobre dinosaurios cuando tenía cuatro años, en una estación de servicios, concluye: “Siempre destaco la importancia que tiene la Argentina y, sobre todo, la Patagonia en la paleontología mundial. A veces no nos damos cuenta, pero tenemos paleontólogos y geólogos de renombre internacional que trabajan de manera excelente y cada año hacen descubrimientos. Es uno de los mejores países del mundo para quien quiera estudiar paleontología. No tiene nada que envidiar a los Estados Unidos, Canadá o China”.

 

LA FERIA DE EL DESTAPE ►