Avanza el desarrollo del primer test rápido "made in Argentina"

Está pensado para detectar la presencia del virus con tiritas reactivas en 15 minutos; esperan que esté listo para el primer trimestre del año próximo y la misma tecnología se pueda adaptar para diagnosticar enfermedades desatendidas

18 de octubre, 2021 | 02.15

Después de desarrollar el primer test para medir anticuerpos contra el nuevo coronavirus, del que se usaron más de un millón y medio de kits en hospitales de todo el país, y que permitió hacer estudios poblacionales de seroprevalencia (inmunidad) y de efectividad de vacunas, la viróloga Andrea Gamarnik, y colegas de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y el Conicet,  lideran un nuevo y ambicioso proyecto: quieren producir el primer test rápido para diagnosticar Covid en 15 minutos made in Argentina. Se llamará Covidar-Ag.

A diferencia de la ya célebre PCR, la prueba que detecta el material genético del SARS-CoV-2, este tipo de kits utiliza tiritas reactivas (similares a las que se usan para el test de embarazo) y detectan “antígenos”; es decir sustancias del virus (en este caso, de la “nucleocápside”, la envoltura proteica) capaces de generar la producción de anticuerpos.

“El test de antígenos tiene muchas aristas –explica Gamarnik, jefa del Laboratorio de Virología Molecular de la FIL e investigadora superior del Conicet–. Cuando empezó a utilizarse, en nuestro laboratorio siempre nos pareció una herramienta muy poderosa. El gran desafío era lograr que fuera medianamente sensible. Incluso si uno puede identificar el 50% de la gente que tiene el virus en 15 minutos, es un golazo. Es una herramienta muy poderosa. Pero si solo detecta un 10%, el costo beneficio no es conveniente”. 

Sin embargo, se trata de una tecnología que aún no existe en el país y alcanzar esa sensibilidad no es sencillo. Según explica el químico analítico de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, Roberto Etchenique, que no participa en este proyecto, el desarrollo de estos tests no es nada fácil: “La mayoría no funcionaron bien. El primero con sensibilidad razonable fue el de Abbott”, una compañía farmacéutica de primera línea internacional. 

“Cuando empezamos con el test Covidar hicimos mucho trabajo en paralelo y no dimos cuenta de que el factor limitante para que una prueba de ese tipo funcione bien son los elementos de reconocimiento –explica la investigadora–: anticuerpos que reconozcan los antígenos incluso cuando hay poca cantidad de virus”. 

Durante la primera mitad del año, Gamarnik, Daiana Capdevila, Marcelo Yanovsky y Julio Caramelo, todos de la FIL, crearon allí un nuevo laboratorio llamado “DIPA” (Diagnóstico para enfermedades infecciosas y control ambiental), con la idea de emplear esta tecnología también para detectar contaminantes de agua. Con un subsidio de la Fundación Williams y financiación de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), adquieren la máquina para producir las tiras reactivas y entrenaron becarios.  

“Ya el año pasado empezamos a colaborar con una serie de instituciones –cuenta Gamarnik–. Inoculamos caballos del Instituto Nacional de Productos Biológicos, del Malbrán, llamas y gallinas, de la Facultad de Veterinaria. También trabajamos con el Instituto Roffo para generar anticuerpos monoclonales. Es decir, que produjimos elementos de reconocimiento, anticuerpos monoclonales o policlonales en distintos animales, y después de mucho trabajo tenemos un panel de herramientas que son bastante sensibles. Creo que estamos cerca de tener un test de antígenos”. También participan investigadores de las facultades de Medicina y Ciencias Exactas de la UBA; la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ); y el Hospital de Alta Complejidad El Cruce “Nestor Kirchner”, en Florencio Varela.

El primer objetivo, a corto plazo, tal vez para el primer trimestre del año próximo, es tener lista una prueba rápida para detectar el nuevo coronavirus. A mediano plazo, los científicos esperan usar la nueva tecnología para hacer diagnóstico de otras patologías desatendidas, como dengue, Chagas y otros virus emergentes o reemergentes. 

“Los procedimientos llevan su tiempo –reconoce Gamarnik, que lidera el proyecto–. Tenemos algunos elementos de reconocimiento que podrían ir a las tiras, pero ahora viene toda una etapa de validación, de probarlos con las muestras biológicas, con hisopados y ver cuál es la sensibilidad. Mi objetivo es generar el conocimiento. Esto no sabemos hacerlo y tenemos que aprenderlo. Hay becarios que están trabajando en este tema y avanzando muchísimo. Es importante la articulación entre los ministerios de Ciencia y de Salud pensando en el futuro, en desarrollar herramientas que no existen. Hay virus en la región que tenemos que detectar y para los que ni siquiera podemos importar kits porque no existen, no son problemas de otros lugares”.

El test de antígenos “es fácil de usar y ejecutable fuera del ambiente hospitalario, ya que no requiere infraestructura de un laboratorio de análisis clínico. Esto agiliza la capacidad de rastreo de los casos positivos en diferentes ámbitos”, afirma, en un comunicado del Instituto Leloir, Capdevila, jefa del Laboratorio de Fisicoquímica de Enfermedades Infecciosas.

Por ahora, el primer hito que alcanzaron y que se usó como “prueba de concepto” fue desarrollar tiras reactivas para detectar la enfermedad de Chagas. “Logramos la sensibilidad de las comerciales –se entusiasma Gamarnik–. A partir de ahí pasamos a Covid y estamos progresando muy, pero muy bien”. 

 

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