¿Aumenta el cáncer de mama en las más jóvenes? Hay opiniones divididas

Según un análisis de la carga de enfermedad global publicado por The Lancet, habría crecido 29% en mujeres premenopáusicas, pero especialistas argentinos advierten que puede deberse a un mejor registro

05 de marzo, 2026 | 21.22
El cáncer de mama ya es la neoplasia más frecuente entre las mujeres del mundo. En 2023 se diagnosticaron aproximadamente 2,3 millones de nuevos casos y se registraron unas 764.000 muertes, lo que equivale a alrededor de 24 millones de años de vida saludable perdidos por enfermedad y muerte prematura. El escenario actual no es luminoso, pero las proyecciones podrían ser peores, ya que no anticipan un retroceso.  Por el contrario, según un exhaustivo análisis que acaba de publicar The Lancet Oncology, elaborado por los colaboradores del Global Burden of Disease Study 2023 y liderado por Kayleigh Bhangdia, del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington, los casos anuales podrían crecer un tercio para 2050. El trabajo analizó datos de 204 países y territorios tomados entre 1990 y 2023, y traza un panorama que combina logros en los países ricos con una deuda pendiente –y creciente– en el resto del mundo.

Entre ellos, uno de los más sorprendentes es que desde 1990, los casos de este tumor en menores de 55 habrían crecido un 29%. Sin embargo, especialistas argentinos relativizan esta cifra y consideran que merece una aclaración: primero, que “mujeres menores de 55 años” no equivale a las muy jóvenes (de 20 o 30 años), como pueden evocar algunos titulares; y en segundo lugar, se trata de un aumento en números absolutos de casos, no en tasas ajustadas por edad: parte del crecimiento refleja simplemente que hay más mujeres en el mundo y que viven más, no necesariamente significa que el riesgo individual de desarrollar la enfermedad haya aumentado en esa proporción.

La mamografía permite la detección precoz del cáncer de mama

“Tiendo a creer que es un problema de registro –subrayó la epidemióloga Silvia Bonicatto, directora del servicio de oncología del Hospital de Gonnet, la más escéptica respecto de un aumento de esa magnitud–. Cuando se habla de mujeres premenopáusicas, uno no se refiere a las de de 20 o 30 sino a las de una franja que va aproximadamente de los 40 a los 50. Si mejora el diagnóstico precoz, un tumor que habría sido detectado a los 52 años —ya en la posmenopausia— puede encontrarse a los 48, lo que aumentaría las estadísticas del grupo premenopáusico sin que la enfermedad haya crecido realmente. Es imposible un 29% de aumento en 30 años. Hay una mejora en el diagnóstico”.

Los números globales no pueden compararse bien con los locales, simplemente porque la Argentina carece de un registro oncológico nacional sólido. “El aumento del cáncer de mama es claro en el nivel internacional –explica Gabriela Cinat, oncóloga del Hospital Roffo e investigadora del Conicet–. En la Argentina, los datos de incidencia no son muy confiables.”

La misma duda expresó la doctora Naima Kassis, también del Roffo: “Lamentablemente, no tengo datos locales –comentó–. De hecho, el primer registro serio se llama REGINA y se está creando ahora. Es parte del proyecto SUMA, el Grupo cooperativo argentino para el estudio y la investigación del Cáncer de Mama. Estamos todos cargando datos a nivel país porque justamente nos faltan”.

Por su parte, Graciela Abriata, referente del área que hoy funciona como Dirección Nacional del Cáncer, destacó que hay trabajos en curso sobre el tema, pero todavía no dados a conocer por el Ministerio de Salud, que centraliza la comunicación.

El oncólogo Ernesto Gil Deza, director de investigación y docencia del Instituto Henry Moore, enumeró algunas de las hipótesis que circulan en la comunidad médica para explicar el posible aumento: la maternidad tardía, menor número de hijos, disminución de horas de sueño, consumo de alcohol, aumento de la obesidad ligada a los alimentos ultraprocesados y mayor sensibilidad de las nuevas tecnologías de imagen  (ecografía y resonancia magnética) para detectar tumores en mamas densas, donde la mamografía tiene menor rendimiento en mujeres premenopáusicas. Sin embargo, coincidió con sus colegas: “Ninguna de las hipótesis es satisfactoria para explicar el fenómeno de aumento de cáncer de mama en mujeres premenopáusicas”.

Más allá de esto, otro de los hallazgos preocupantes del informe es la creciente desigualdad geográfica. En países desarrollados, la incidencia se muestra estable y las tasas de mortalidad descienden. En cambio, los de bajos y medianos ingresos, aunque representan únicamente el 27% de los nuevos casos globales, soportan más del 45% de la morbilidad y mortalidad prematura, una disparidad impulsada por la escasez de equipos de radioterapia, medicamentos de quimioterapia y el elevado costo de los tratamientos. Entre 1990 y 2023, las tasas de mortalidad estandarizadas por edad cayeron un 30% en los países ricos, pero casi se duplicaron en los de bajos ingresos.

Bonicatto destaca que lo mismo ocurre con otro tumor con marcada determinación socioeconómica [y prevenible], el cáncer de cuello de útero. “En este también la brecha entre niveles socioeconómicos es palpable, porque las mujeres en situación de vulnerabilidad no tienen tiempo ni recursos para acceder a controles periódicos, y el diagnóstico llega en estadios avanzados”.

El oncólogo Matías Chacón, jefe del departamento de oncología clínica del Instituto Alexander Fleming, consideró que “Los datos son los datos, pero no hay una hipótesis clara que pueda justificarlos científicamente. La mejoría en las imágenes y el mayor número de estudios podrían explicarlos, pero son especulaciones”. Y subrayó lo que, a su juicio, debería ser el verdadero foco de atención: “Lo más importante no es el aumento en la incidencia, sino la disminución de la mortalidad”.

El trabajo no solo cuantifica el problema, también señala vías concretas de acción. Los factores conductuales explican el 28% de la carga global de cáncer de mama equivalente a 6,8 millones de años de vida saludable perdidos. Para los autores, entre los principales culpables figura el consumo elevado de carne roja, el tabaco, la hiperglucemia, el índice de masa corporal elevado, el consumo de alcohol y la inactividad física.

En ese sentido, entre 1990 y 2023 se registraron avances en algunos frentes: la carga relacionada con el consumo elevado de alcohol se redujo un 47% y la asociada con el tabaco cayó un 28%. Sin embargo, otros factores de riesgo, como la obesidad y el sedentarismo, no mostraron el mismo progreso. Sin intervenciones eficaces, muchos países quedarán lejos del ambicioso objetivo de la Iniciativa Mundial sobre el Cáncer de Mama de la OMS, que busca una reducción anual del 2,5% en las tasas de mortalidad estandarizadas por edad para 2040. Los investigadores subrayan que revertir estas tendencias requiere una respuesta integrada en el nivel global: políticas de salud pública para reducir los factores de riesgo modificables, inversión en infraestructura oncológica en entornos con recursos limitados, y garantía de acceso universal a detección temprana y tratamiento.

Los avances logrados en los países de altos ingresos demuestran que reducir la mortalidad por cáncer de mama es posible. El desafío ahora es que esa posibilidad alcance a todas las mujeres, sin que importe dónde hayan nacido.