El loro nocturno australiano destaca por los colores de su plumaje (verde, negro y amarillo) y su diminuto tamaño. Estas características le permiten camuflarse bajo la hierba y es considerada una de las aves más esquivas del mundo. Sin embargo, durante décadas fue casi un fantasma, ya que muchos expertos pensaban que se había perdido para siempre.
La desaparición del loro nocturno quedó atrás tras una investigación de Wildlife Research que estima que encontraron al menos 50 ejemplares en el Área Protegida Indígena Ngurrpa, en el corazón del Gran Desierto Arenoso, en Australia. En esta región se esconde la mayor población conocida hasta la fecha.
El primer registro es de 1883, según informó Australian Wildlife Conservancy, una ONG dedicada a la conservación global, restauración de paisajes y de apoyo a la fauna australiana. Entre 2020 y 2023, guardabosques locales y científicos documentaron hasta unos 50 loros nocturnos gracias a un trabajo paciente que combinó conocimiento tradicional y tecnología moderna. El descubrimiento es un salto enorme para la especie, que apenas contaba con unas pocas decenas de individuos confirmados en todo el país.
El redescubrimiento del loro nocturno: cómo los encontraron
De nombre cientifico Pezoporus occidentalis, el loro nocturno es una pequeña ave de tonos verdes y amarillos, nocturna y extremadamente discreta. Durante gran parte del siglo XX apenas hubo registros fiables de la especie, lo que alimentó la idea de que podía haberse extinguido, Incluso, figura en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como especie en "peligro crítico, con una población global muy reducida y en claro declive".
Aunque en un rincón del desierto se alberguen algunas decenas de loros el problema no está resuelto, pero al existir un refugio clave merece toda la atención. Los equipos de Ngururrpa colocaron grabadoras de audio resistentes en 31 puntos separados entre sí más de dos kilómetros.
Los especialistas explicaron que los loros nocturnos tienen cantos muy característicos, así que las grabaciones funcionan como un un mapa sonoro. En 17 puntos aparecieron sus llamadas, lo que confirmó la presencia de una población distribuida en una franja amplia del desierto.
Luego llegaron las cámaras trampa para ver qué otros animales compartían el territorio y la recolección de excrementos de depredadores, para analizar qué estaban comiendo. Al mismo tiempo, el equipo revisó cuatro décadas de imágenes satelitales para entender cómo queman los incendios este paisaje árido.
Dónde descansa el loro nocturno australiano
Según la investigación, las aves descansan dentro de matas densas y viejas de bull spinifex, o Triodia longiceps, una gramínea que forma auténticas cúpulas vegetales donde el ave puede permanecer fresco y oculto durante el día. Al seguir las pistas, todos los caminos llevaban hasta la misma planta.
Sin embargo, los problemas llegan con el fuego. En el desierto los rayos y las sequías alargadas favorecen incendios que avanzan rápidamente. Como las llamas vuelven en pocos años, el spinifex no tiene tiempo de envejecer y se queda en una fase joven, por lo que ya no sirve como refugio.
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El análisis de imágenes indicó que en esta región, los ciclos de fuego se dan entre seis y diez años. Es así que el fuego se convierte en una amenaza mayor que en las zonas de Queensland donde también vive la especie.
El futuro del loro nocturno australiano
Los investigadores determinaron que el hallazgo representa una "esperanza" para la especie. Sin embargo, podría encontrarse en peligro ante un incendio severo, el ingreso de gatos salvajes a la zona o la llegada de malezas que cambien la forma del paisaje o el pastoreo intenso.
Con la recuperación de ADN a partir de plumas y otros restos puede ayudar a calcular con mayor precisión el tamaño de la población. Con unos pequeños emisores se puede dar seguimiento a esta especie para determinar hasta donde pueden desplazarse durante la noche y determinar qué zonas son más críticas.
