No es el perro: el animal que es capaz de oler el miedo humano, según un nuevo estudio

Una investigación liderada por científicos franceses demostró que los caballos son capaces de detectar el olor del miedo humano en el sudor, modificando su comportamiento y aumentando su frecuencia cardíaca. 

05 de febrero, 2026 | 07.00

La creencia popular de que algunos animales pueden percibir nuestro miedo acaba de recibir un nuevo y sólido respaldo científico, extendiéndose más allá de los conocidos perros. Un estudio reciente liderado por la doctora Léa Lansade de la Universidad de Tours, en Francia, ha demostrado de manera concluyente que los caballos son capaces de detectar el miedo humano a través del olfato, un hallazgo que profundiza en la complejidad de la comunicación entre especies.

La investigación, difundida a través de una prestigiosa revista científica especializada, se basa en la premisa de que el sudor humano contiene "huellas químicas" de nuestro estado emocional. Para probar esta teoría con caballos, los investigadores diseñaron un meticuloso experimento que arroja luz sobre la sensibilidad casi desconocida de estos equinos.

Metodología del estudio: del cine de terror a la comedia musical

El procedimiento científico fue claro y revelador. En primer lugar, los investigadores recolectaron muestras de sudor de un grupo de voluntarios humanos bajo dos condiciones emocionales extremas y controladas. Para generar sudor asociado al miedo, los voluntarios vieron escenas de la película de terror Sinister. Por otro lado, para obtener sudor vinculado a una emoción neutra o positiva, se les mostró la clásica comedia musical Cantando bajo la lluvia.

Una vez recolectadas estas muestras odoríferas cargadas de emociones, se las presentaron a un grupo de caballos para que las olfateasen. Los científicos monitorizaron de cerca la reacción de los animales, midiendo parámetros clave como su frecuencia cardíaca, niveles de cortisol (la hormona del estrés) y, crucialmente, sus reacciones de comportamiento ante estímulos cotidianos.

Resultados contundentes: ritmo cardíaco acelerado y comportamientos esquivos

Los resultados fueron notables y estadísticamente significativos. Cuando los caballos fueron expuestos al olor del sudor humano producido por el miedo, su frecuencia cardíaca aumentó de manera considerable en comparación con cuando olfateaban el sudor de la condición neutral.

Pero la reacción no fue solo fisiológica interna. Los animales también modificaron su comportamiento de forma evidente. Se mostraron más esquivos y desconfiados con sus cuidadores, manteniendo una mayor distancia. La prueba más gráfica de su estado de alerta elevado se evidenció cuando los investigadores introdujeron un estímulo sorpresivo: abrir un paraguas de manera repentina. Los caballos que habían olido el "miedo" reaccionaron de forma mucho más intensa y brusca que los del grupo de control.

Curiosamente, los niveles de cortisol en sangre de los caballos no mostraron diferencias significativas entre un grupo y otro, lo que sugiere que la respuesta es una reacción de alerta aguda y conductual, más que un estrés hormonal prolongado.

La ciencia detrás del olor a miedo: un lenguaje químico inconsciente

¿Cómo es posible que el sudor transmita emociones? La explicación es biológica. Cuando una persona experimenta miedo, estrés o ansiedad, se activa su sistema nervioso simpático (responsable de la respuesta de "lucha o huida"). Esta activación libera hormonas como la adrenalina y el cortisol, las cuales, a su vez, estimulan las glándulas sudoríparas.

La composición química del sudor secretado en ese estado es sutilmente diferente al producido por el calor o el ejercicio físico. Son estas moléculas odoríferas imperceptibles para nosotros las que animales con un olfato muy desarrollado, como perros y, ahora se confirma, caballos, pueden detectar e interpretar. Estudios paralelos incluso sugieren que los humanos también podemos, de manera inconsciente, captar estas señales de miedo en el sudor de otros.

Implicancias prácticas: la calma del jinete es clave

Este descubrimiento trasciende el ámbito de la curiosidad científica y tiene implicancias directas y prácticas para cualquier persona que interactúe con caballos, ya sean jinetes, cuidadores o veterinarios. El estudio refuerza una máxima antigua en el mundo ecuestre: la importancia de manejar las propias emociones al estar cerca de estos animales.

Un caballo que detecta miedo en su guía puede interpretar que hay un peligro inminente en el entorno, lo que lo predispone a reaccionar con nerviosismo, desobediencia o incluso comportamientos defensivos. Por lo tanto, trabajar en la propia calma y seguridad no es solo una cuestión de actitud, sino una herramienta fundamental para una comunicación efectiva y segura con el animal. Este hallazgo nos recuerda la profunda y ancestral conexión que existe entre humanos y caballos, basada en una comunicación sensorial mucho más rica de lo que solemos creer.