El animal que fue especie invasora y ahora es un gran recurso productivo para un pueblo de la provincia de Buenos Aires

Una especie invasora que por décadas afectó la costa sur bonaerense, es ahora la base de un proyecto innovador. Científicos del CONCIET, claves en el proceso.

06 de febrero, 2026 | 07.00

Un proyecto científico-industrial está dando un vuelco a la percepción de un viejo problema ambiental en la costa de Buenos Aires. La ostra del Pacífico (Crassostrea gigas), una especie invasora que por más de cuatro décadas se expandió sin control por el litoral bonaerense, está siendo transformada en un recurso productivo de valor agregado.

La iniciativa, liderada por investigadores del CONICET busca no solo controlar biológicamente esta plaga, sino también generar desarrollo económico y empleo en la región de Bahía Blanca y Patagones.

La clave del proyecto radica en un cambio de perspectiva: en lugar de buscar sólo erradicar a la especie, se propuso aprovechar su biomasa de forma responsable y sostenible. El resultado tangible es el desarrollo de la primera salsa de ostras producida íntegramente en Argentina, un producto de consumo habitual que hasta ahora dependía de la importación.

De plaga ambiental a materia prima gourmet

La ostra del Pacífico llegó de manera ilegal a las costas de Bahía San Blas a principios de la década de 1980. Desde entonces, su proliferación masiva alteró los ecosistemas marinos, desplazó especies nativas, redujo la biodiversidad y generó problemas concretos para las comunidades costeras, como playas con valvas cortantes y cambios en el paisaje.

Frente a este escenario, equipos del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO), junto con investigadores del PLAPIQUI y el INBIOSUR –todos bajo la órbita del CONICET y la Universidad Nacional del Sur–, iniciaron una línea de trabajo para convertir esta sobrepoblación en una oportunidad. La colaboración se estableció con la empresa regional Cultivo Ostras SAS.

La ciencia detrás de la transformación

El proceso no fue sencillo. Los científicos no partían de cero en lo gastronómico, pero sí tuvieron que desarrollar y validar todo el proceso industrial para garantizar un producto seguro y de calidad. Esto incluyó desde el diseño de los métodos de extracción y procesamiento hasta los exhaustivos análisis de seguridad alimentaria.

Un pilar fundamental fue asegurar que la materia prima proviniera de zonas estrictamente controladas y certificadas por el SENASA. El área de extracción autorizada se ubica entre Los Pocitos y Bahía San Blas, en el partido de Patagones, donde se realiza una cosecha controlada que contribuye directamente al objetivo de control poblacional.

Impacto dual: control ecológico y desarrollo regional

Este proyecto representa un modelo poco común en Argentina: la gestión de una especie invasora mediante su explotación comercial sostenible. La lógica es contundente: a mayor escala de producción y extracción de ostras, menor será la presión reproductiva de la especie sobre los frágiles ecosistemas costeros, logrando un control efectivo a través de la demanda del mercado.

Además, la iniciativa abre una nueva vía de diversificación económica para zonas costeras que a menudo tienen pocas alternativas productivas. Genera empleo directo e indirecto, promueve la formación técnica especializada y fortalece el vínculo entre la ciencia pública y la industria local, con un impacto social y económico directo en la región.

Próximos pasos y una lección de innovación

El proyecto se encuentra actualmente en su fase final de validación técnica y regulatoria. Se están completando los análisis nutricionales del producto y los estudios de vida útil para asegurar su calidad. Si todo avanza según lo planeado, la producción piloto podría marcar un precedente histórico en la gestión de recursos costeros en el país.

Este caso demuestra que, con conocimiento científico, planificación estratégica y colaboración entre sectores, incluso los errores ambientales del pasado pueden reconvertirse en soluciones innovadoras y sostenibles.

Lo que durante años fue visto como un problema sin solución, hoy se perfila como un ejemplo de cómo la ciencia aplicada puede generar desarrollo transformando un desafío en una oportunidad concreta.