Él fue Ricardo Durán, uno de los matemáticos más influyentes de la Argentina contemporánea. Doctorado en Matemática en la UBA, dedicó toda su vida académica a la institución que lo había formado.
Ella, Miguelina Guirao, pionera en el estudio de la fisiología de la percepción humana y los sentidos, deja un laboratorio de referencia en la región y legiones de discípulos
Ambos fallecieron la semana última con pocos días de diferencia. Durán había nacido el 8 de julio de 1956. Ingresó en Exactas en 1973 y se recibió en 1978. Le tocó estudiar durante los días más oscuros. En una entrevista grabada para el archivo oral de la memoria de esa casa de estudios, recordó el clima de temor que se vivía durante la dictadura y las sospechas que ciertos temas matemáticos despertaban entre los militares.
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“Fue uno de los discípulos predilectos de Alberto Calderón [considerado internacionalmente como una de las figuras más importantes del Siglo XX] y uno de los matemáticos más brillantes de su generación –lo recuerda Ricardo Miró, que fue su compañero en las últimas materias de la carrera, sobre todo en Análisis IV, dictada precisamente por Calderón–. De hecho, le debo el final de esa materia, dado que Calderón era muy difícil de seguir”, agrega.
A lo largo de su carrera, fue Profesor Titular Plenario de esa facultad, donde formó un grupo de investigación en Métodos Numéricos para Ecuaciones Diferenciales. Dirigió 11 tesis doctorales y publicó más de 70 trabajos en revistas internacionales. También fue investigador Principal del Conicet, Director del Instituto de Investigaciones Matemáticas Luis A. Santaló (Conicet-UBA) y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Además, integró los comités editoriales de Mathematics of Computation, del Journal of Mathematical Analysis and Applications y de la Revista de la Unión Matemática Argentina, tres de las publicaciones más relevantes de la disciplina.
Sus intereses científicos abarcaron las dos grandes vertientes de la matemática moderna, las áreas puras y aplicadas. Sus aportes "aplicados" tienen que ver con cómo hacer que las computadoras resuelvan problemas difíciles.
Muchos fenómenos del mundo real, como el flujo del agua, la vibración de un puente, el comportamiento de una estructura, se describen con ecuaciones matemáticas que no tienen solución exacta. La computadora necesita aproximar esa solución.
Durán fue experto en una técnica llamada “elementos finitos”: en lugar de analizar un objeto complejo entero (una viga, un fluido), se lo “divide” en miles de piezas pequeñas y simples, se resuelve algo más fácil en cada pieza, y se juntan los resultados. Es como armar un mosaico para imitar una pintura. Pero aproximar no es suficiente: hay que saber cuánto error uno está cometiendo. Ahí entran sus trabajos sobre estimaciones de error, herramientas para garantizar que la respuesta de la computadora no se aleje peligrosamente de la realidad. Trabajó también con tipos especiales de ecuaciones: las de Stokes, que describen fluidos viscosos (como la miel), y las de Reissner-Mindlin, que describen cómo se doblan placas delgadas (como el casco de un barco).
Pero para que esas técnicas computacionales sean confiables, necesitan apoyarse en una teoría matemática sólida; es decir, los cimientos que hacen que todo funcione. Durán estudió los espacios funcionales: formas abstractas de clasificar y medir funciones matemáticas, algo así como organizar objetos según sus propiedades más profundas en lugar de su apariencia. También analizó desigualdades matemáticas fundamentales. La más famosa en su campo es la desigualdad de Korn, que garantiza que una fórmula que describe la deformación de un material elástico tiene buen comportamiento matemático.
Estas dos visiones, una que permite inventar herramientas para que las computadoras resuelvan problemas del mundo real, y al mismo tiempo, la demostración rigurosa de por qué esas herramientas funcionan, una combinación poco común, es lo que lo hizo tan influyente y lo convirtió en una figura de referencia para varias generaciones de investigadores. Miró lo explica así: "La teoría de las ecuaciones en derivadas parciales (EDP) es uno de los campos más intrincados y dispersos de las matemáticas contemporáneas. Mas que una teoría sobre el tema, cada EDP implica una teoría en sí misma como tema: la ecuación del calor, las ecuaciones de Navier Sokes, las del campo electromagnético y las de la teoría de la relatividad general. Los matemáticos interesados que aceptan el desafío de las EDP ensayan según su estilo diversas técnicas de ataque. Están los 'pilotos espaciales' que se dedican a las teorías abstractas vinculadas con ese tema –como el argentino Alberto Calderón (1920-1998)– y los 'fierreros' que estrellan su trabajo y sus mentes para obtener soluciones concretas, como Ricardo Durán, experto en las EDP, pero a través del método de elementos finitos (MEF). El MEF puede decirse que es el espejo donde se reflejan las EDP, y Ricardo se destacó mundialmente por sus contribuciones en ese espejo. ¿En qué consiste esa reflexión especular? En general, una EDP –esenciales en la física– plantea relaciones cuantitativas entre muchas variables (temperatura, densidad de carga, coordenadas espaciales y temporales) que, en la práctica, exigen ser traducidas a ecuaciones algebraicas, que sí se pueden tratar con una computadora. En vez de analizar un universo continuo, propio de las EDP, el MEF de Durán corta ese universo en una malla digital inmensa, en donde cada punto tiene asociados valores específicos, que luego se transforman en ecuaciones algebraicas de tamaño descomunal, miles de ellas, que originan sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, muy parecidas en esencia a las viejas reglas de tres simple o compuesta".
Durán fue un referente internacional en Análisis Numérico y Ecuaciones Diferenciales, y dedicó su vida a la investigación, la docencia y la formación de nuevas generaciones de científicos. Pero no menos importante, “fue una gran persona, querido por todos”, comenta Alicia Dickenstein, presidenta de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Además de excelente ejecutante de flauta traversa y guitarra.
A lo largo de su carrera recibió algunas de las distinciones más destacadas; entre ellas, el Premio Houssay en Física, Matemática y Ciencias de la Computación, otorgado por el ex Ministerio de Ciencia y Tecnología en 2013; el Diploma al Mérito en Ciencia y Tecnología otorgado por la Fundación Konex en 2013, y el premio de la Academia Mundial de Ciencias (TWAS) en Matemática en 2018. Fue, además, conferencista invitado en numerosos congresos y en los foros más prestigiosos de la disciplina en el plano internacional.
La comunidad matemática local reaccionó con consternación ante la noticia. El Instituto de Matemática Aplicada del Litoral (IMAL) expresó que su excelencia académica, su generosidad intelectual y su permanente compromiso con el desarrollo de la matemática en el país dejan una huella profunda y un legado que perdurará en el ámbito científico y, en especial, en la comunidad matemática. Iba a cumplir 69 años. Quedan una escuela de discípulos, decenas de trabajos valiosos, y la memoria de un científico que entendió la matemática como vocación y como servicio.
Guirao, por su parte, fue una pionera absoluta en el estudio de la percepción humana. Había nacido el 29 de septiembre de 1925. A lo largo de más de cien años desarrolló una trayectoria extraordinaria, dejó aportes fundamentales en su disciplina y "un legado de compromiso, generosidad y sabiduría que permanecerá en la memoria de todos aquellos” que tuvieron el privilegio de conocerla, comunicó su familia.
Formada en la Universidad de Buenos Aires y especializada en Psicología Experimental en Milán, realizó estudios posdoctorales en la Universidad de Harvard bajo la dirección del célebre Stanley Stevens, uno de los fundadores de la psicofísica moderna. En aquel equipo de investigación, durante la década de 1950, era la única mujer.
A su regreso a la Argentina, desarrolló una trayectoria brillante en el Conicet, donde alcanzó la categoría de Investigadora Superior, y fundó el Laboratorio de Investigaciones Sensoriales (LIS), institución pionera y única en su género en América latina, dedicada al estudio de los procesos sensoriales, perceptivos y cognitivos.
Recibió numerosas distinciones; entre ellas el Premio Dr. Eduardo Obejero, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (1967, 1968 y 1969), la Beca Fulbright (1982), el Premio Conciencia a la Investigación Científica (1993) y el reconocimiento de la International Society for Psychophysics (ISP) en 2002.
“Su legado trasciende sus extraordinarios aportes científicos –destaca Jorge Gurlekian, actual director del LIS–. Fue pionera en introducir en nuestro país las técnicas psicofísicas, impulsó la investigación interdisciplinaria sobre los procesos sensoriales y la percepción del habla, y fundó en 1968 el LIS por iniciativa del Dr. Bernardo Houssay. Bajo su dirección, este laboratorio se convirtió en un centro de referencia en América latina. Formada en la Universidad de Buenos Aires, doctorada en la Universidad Católica de Milán y con una etapa decisiva en la Universidad de Harvard junto a Stevens, Miguelina reunió en el LIS a ingenieros, biólogos, lingüistas, psicólogos, bioquímicos y otros especialistas, convencida de que la ciencia avanza cuando se integran distintas miradas. Sus contribuciones abarcaron la percepción sensorial, la fonética acústica, la comunicación verbal y el estudio estadístico del español argentino. Su libro Los Sentidos. Bases de la Percepción continúa siendo una obra de referencia para generaciones de estudiantes e investigadores. Quienes tuvimos el privilegio de conocerla recordaremos, además de su brillantez intelectual, su enorme calidad humana. Fue una maestra que inspiró con el ejemplo, formó discípulos, promovió la excelencia científica y transmitió una pasión inagotable por el conocimiento. Su legado permanecerá vivo en sus publicaciones, en el LIS y, sobre todo, en las personas que formó”.
