8M: la historia de lucha de las mujeres ladrilleras que desafían al machismo de los hornos

La igualdad de género en las fábricas y las economías populares del ladrillo recién se comenzó a plantear hace 10 años. Las trabajadoras ladrilleras se consideraban una “ayuda” al trabajo del varón de la casa. Hoy luchan por un protocolo contra la violencia laboral y alcanzar los derechos laborales para todas.

08 de marzo, 2023 | 00.05

"Trabajo, no ayudo", se escucha proclamar a decenas de mujeres ladrilleras a lo largo y ancho del país donde en cada pueblo de cada provincia hay hornos familiares donde trabajan y son pilares fundamentales en estas cadenas de producción en las que ponen el cuerpo de sol a sol. Las mujeres ladrilleras son parte de una cultura familiar que de generación a generación transmitió esta labor artesanal entre barro y fuego. Pero recién hace 10 años que las trabajadoras del ladrillo comenzaron a reconocerse como tales y empezaron a desafiar al machismo que hay en los hornos que siempre aparentaron ser solo de varones.

La actividad ladrillera siempre estuvo centrada en las fábricas donde todavía la mayoría de los trabajadores son hombres, pero siempre existió un pilar fundamental de esta cadena productiva que son los hornos familiares que se encienden a lo largo del país donde no sólo el varón realiza el trabajo; lo hace toda la familia, tanto la esposa, la madre, la hermana. Allí, las mujeres no diferenciaban esta actividad de las tareas domésticas y consideraban que era "ayudar en la casa" sin reconocerse como trabajadoras. Hasta que en 2015, la Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina (UOLRA) comenzó a recorrer la Argentina profunda y se encontró con este sector de la actividad ladrillera, el de los emprendimientos familiares, hoy reconocidos como Economía Popular, y convocó a las mujeres a organizarse y luchar por sus derechos.

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“Cuando nos acercábamos a hablar con las compañeras ellas decían que ‘ayudaban’ en el emprendimiento, pero claramente ellas hacían la misma labor que los varones e incluso más, porque después cocinaban, limpiaban la casa, llevaban a los hijos a la escuela”, contó la secretaria de Interior de UOLRA,  Ana Lemos, a El Destape. En ese momento iba a darse un hito en la historia de las ladrilleras: se realizaba la primera reunión nacional de mujeres de aquel rubro, inédita en la historia del sindicato. La misma contó con la participación de 30 ladrilleras de todo el país, en su mayoría de la provincia de Buenos Aires. Así comenzaba el 8M de estas mujeres.

Qué es ser una trabajadora ladrillera

Ser ladrillera es uno de los trabajos más duros en la Argentina, según sus propias protagonistas. "Es una actividad en la que pones el cuerpo y se empieza a trabajar desde muy joven. Es tan artesanal que a los 40 años el cuerpo está muy deteriorado", nos cuenta Lemos. Por lo general, las jornadas son de 4 a 5 horas cuando hacen jornadas compartidas, pero después donde están solas son franjas extensas, entre 8 a 9 (en el caso de los parques ladrilleros). En el caso de las que trabajan en sus casas es difícil definir la jornada, "realmente es un trabajo de sol a sol". Las mujeres están en cada paso de esta producción, apilando, armando el horno hasta tapando los adobes cuando amenaza la lluvia. Son esenciales en la fabricación.

Noemi es una de ellas. Junto con su familia tiene un horno en San Andrés de Giles, localidad de Cucullú, donde arrancó apilando y su marido cortando. "Comenzamos de a poco porque él no sabía sobre el oficio todavía y yo estaba embarazada de mi hija más pequeña. Tenía a mi hijo más grande de 11 años y a mi hija Valentina de 7, que tiene parálisis cerebral y necesita asistencia permanente. En esos tiempos, mientras esperaba a que ellos volvieran de la escuela, hacía los quehaceres de la casa y a eso de las cinco de la tarde nos íbamos al horno donde estaba mi marido y yo me ponía a apilar", cuenta Noemí.

Una historia similar comparte Ana María que es madre de tres hijos y abuela de un nieto. Ella nació en Jujuy, se crió en Tarija, Bolivia y hace más de 22 años que vive y trabaja en Traslasierra, Córdoba. "Con mi marido nos dedicamos a la fabricación artesanal de ladrillos. Trabajamos dentro de los hornos familiares y estamos constituyendo una cooperativa con otros compañeros y compañeras", detalló la mujer ladrillera que contó que en el horno hace de todo: corta, vaquetea y apila. "Si no podemos trabajar en el horno, nos ponemos a ver la huerta, hacemos copas de leche en el galpón de la cooperativa, o hacemos fondos y cocinamos cosas para vender", contó.

Las mujeres están en cada paso de esta producción, apilando, armando el horno hasta tapando los adobes cuando amenaza la lluvia. Son esenciales en la fabricación.

Cuando comenzaron a organizarse y compartir experiencias, ambas supieron de sus derechos no solo como mujeres, sino como trabajadoras.  También conocieron acerca de los derechos de los niños, de los derechos de los migrantes. Según reveló Lemos, ladrilleros es un sector en el que aún existe explotación infantil porque en muchos de los hornos familiares trabajan niños y niñas. 

Para Noemí, el día que conoció a otras mujeres ladrilleras "fue el día que se me abrió un camino para hablar, para construir y para proponer". De repente sintió que tenía un espacio para sacar afuera todo lo que tenía en la mente. "Sabía que la oportunidad iba a venir, pero no sabía que iba a llegar al horno donde trabajaba y donde vivía", agregó Noemí.

“Las mujeres ladrilleras antes estábamos atrás de los hombres y éramos bastantes ninguneadas”, cuenta Ana María que remarca que no sabían ni qué era una cooperativa pero ahora ese papel cambió. "Nos estamos organizando e incorporando nuevas herramientas para nuestro desarrollo tanto personal como grupal. Queremos seguir con la formación, con la buena administración, queremos conseguir maquinarias, producir nuevos oficios, reducir el sacrificio del trabajo que es bastante duro. Yo estoy acostumbrada a luchar, así que lucharemos hasta donde sea", afirmó Ana María. 

Violencia laboral en el ambiente familiar

Uno de los desafíos de la Unión de Ladrilleros es poder sacar los hornos de las casas con perspectiva de género y desde la acción colectiva que promueva cambios reales en el mundo del trabajo. “Es importante poder visibilizar a todas las trabajadoras en esta actividad que se muestra aparentemente masculina. Realmente es un desafío y un trabajo muy grande, pero hoy ya llegamos a ser 4 compañeras dentro de la secretaría", destacó Ana. Se refiere a Soledad Casals, Secretaria de Géneros; María Fernández Loy, Secretaria de Prensa y Comunicación; Romina de los Santos, Secretaria de Administración y Finanzas; y Ana Lemos, Secretaria de Interior.

Uno de los grandes avances fue la constitución de la cooperativa de mujeres Santa Elena, Entre Ríos. En este tipo de cooperativa con mujeres al frente hay otro tipo de organización

El lema "Trabajo, no ayudo" surgió el 25 de noviembre de 2020, cuando se realizaron 16 días de activismo contra la violencia hacia las mujeres y se planteó la violencia laboral como una de las violencias contra la mujer. Las mujeres ladrilleras trabajan a la par de los hombres en todo el proceso del ladrillo, pero además siguen siendo las responsables de las tareas de cuidado. Sin embargo, todavía sus derechos deben ser conquistados y otros aún no fueron reconocidos. Las actividades las realizaron junto a las mujeres sindicalistas de la ICM y del Sindicato de Trabajadoras y Trabajadores de Industria, Construcción y Agro de Catalunya (UGT FICA de Catalunya).

"El objetivo principal fue fortalecer la identidad de nuestras mujeres trabajadoras ladrilleras, entendiendo que parte de la violencia que sufrimos las mujeres está relacionada con la invisibilidad de nuestra identidad como trabajadoras y reconociendo la importancia de su rol", enfatizó la secretaria de Interior.  En este marco, desde el Sindicato enfrentan el desafío de crear un protocolo contra la violencia laboral porque hasta ahora se toma como violencia doméstica, ya que los espacios laborales en muchos casos siguen siendo los hogares. Y por otro lado, seguir con políticas para sacar los hornos de las casa y poder alcanzar un convenio colectivo. “Necesitamos nuestra propias herramientas porque por ahora tenemos que usar las prestadas que no se amoldan a nosotras. Las realidades de otras trabajadoras no son para nada semejantes a las nuestras”, sostuvo Lemos.

Mujeres ladrilleras al frente: organización colectiva

En este marco, hace unos años se está avanzando en la constitución de cooperativas y los parques ladrilleros que agrupan todos los hornos familiares. Para lxs trabajadorxs ladrilleros la cooperativa sirve para poder vender a clientes más grandes y de manera masiva, ayuda a todos los pequeños productores. 

Uno de los grandes avances fue la constitución de la cooperativa de mujeres Santa Elena, Entre Ríos. En este tipo de cooperativa con mujeres al frente hay otro tipo de organización. "Nosotras organizamos cooperativas de mujeres, ahí tenemos otros horarios, allí las compañeras comenzaron a hacer adoquines de cemento premoldeados. Es menos esfuerzo", detalló Lemos. Hasta el 2015 desde hacía más de 60 años sólo se contemplaba a los trabajadores del ladrillo que ejercían su oficio en fábricas formales y consideraba ilegal que mujeres trabajaran en la industria del ladrillo.

Otro ejemplo de la organización colectiva es la Cooperativa Unión Ladrillera de General Roca, que agrupa a aproximadamente 60 familias de trabajadorxs del ladrillo en el “parque ladrillero". María Aldana Eslavoi es la presidenta de la Cooperativa Unión Ladrillera de General Roca que se creó con el objetivo de separar los ámbitos domésticos de los laborales. El primer horno del parque ladrillero se encendió en el 2019 en un convenio del municipio con el sindicato de Ladrilleros. Fue el primer acuerdo que buscó regular la actividad ladrillera en la Patagonia. 

"De esta forma se saca la unidad productiva del hogar y se erradica el trabajo infantil porque en ámbitos hogareños los niños comienzan a trabajar. Además transforma la forma de trabajo individual a una cuestión colectiva, lo que permite mayor trabajo como también el acceso a tecnologías y por sobre todo derechos y reivindicaciones laborales que permiten la igualdad de género y el reconocimiento de las ladrilleras", remarcaron desde la organización. 

Por otro lado, con el avance de la perspectiva de género en la industria ladrillera se está comenzando a plantear la contratación de mujeres en las fábricas ya que ellas solo trabajan dentro de la economía popular. "Hay una cuestión cultural de que es un trabajo de hombres y que por eso no van a contratarlas. Es una discusión que nos va a llevar mucho tiempo con el sector patronal, que recién el año pasado empezó a conformar una cámara nacional empresarial del sector ladrillero y de a poco se está instalando este debate”, detalló Ana Lemos que admitió que “contratar a una mujer nunca se les había ocurrido pero ahora ya hay mujeres empresarias en las reuniones por paritarias”.

De a poco vamos introduciendo estos planteos de género y también del cupo laboral. Es un proceso que es largo teniendo en cuenta que durante muchos años las compañeras trabajaron gratis. Hace diez años comenzamos un camino para reconstruir nuestro lugar como mujeres ladrilleras que comenzaron a reconocerse trabajadoras y a partir de ahí empezaron nuestras luchas, muchas de ellas ya ganadas”, completó la secretaria de Interior.

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