El Gobierno oficializó el aumento del 7,78% para jubilados, pensionados y beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y asignaciones familiares. De esta forma, se confirma lo que se advertía a finales del año pasado, con la aprobación de la reforma previsional: el ajuste sobre toda la seguridad social.

En total, los haberes de la clase pasiva se incrementarán un 28,47% en 2018. La inflación, en cambio, ya alcanzó el 40 por ciento y se estima, según cálculos privados, que podría superar el 45%, de acuerdo al REM que publica mes a mes el Banco Central.

Cada mes que pasó fue un calvario para jubilados y niños. A medida que avanzaba el año, los precios subían por el ascensor, mientras que los ingresos lo hacían por la escalera.

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Así, tras un primer trimestre de 6,6% de inflación acumulada, los jubilados vieron un incremento del 5,71%, con lo que quedaron levemente por detrás. Lo mismo ocurrió en junio, cuando el IPC acumulado llegó a 15,96%, mientras que las jubilaciones subieron un 11,74%. Más de cuatro puntos de diferencia.

A partir de allí, la diferencia fue desastrosa. La aceleración de la inflación provocó que en septiembre, cuando llegaba el tercer incremento, la brecha ascendiera a 13 puntos: 32 a 19 por ciento.

Desde entonces, y aun con pronósticos optimistas, los jubilados cerrarán el año con una pérdida histórica: si se cumplieran los pronósticos del REM para noviembre y diciembre, la inflación superará el 47%, mientras que las jubilaciones llegarán a solo un 28,5% de incremento. Casi 20 puntos menos en un año, un recorte mayor a los 13 puntos que Patricia Bullrich estableció para el 2001, como ministra de Trabajo.