“Las penas son de nosotros, los minerales críticos son ajenos”. Así sería la actualización del estribillo de “El arriero va” de Atahualpa Yupanqui. “El minero va”, para completar la paráfrasis, en una semana donde el gobierno de Javier Milei firmó la Pax Silica, un acuerdo impulsado por Estados Unidos para garantizarse la cadena de suministros de minerales críticos para el desarrollo de tecnología e inteligencia artificial que deja a la Argentina con el mismo rol que en el siglo XIX: proveedor de materias primas y comprador de su resultado industrializado. Antes era el cuero y la ropa, ahora los minerales críticos y la inteligencia artificial.
La firma de Pax Silica fue, obviamente, en Estados Unidos. Por argentina firmó el embajador Alejandro Oxenford. “La Argentina celebra esta alianza, que materializa la visión estratégica del Presidente Javier Milei sobre AI y abre una nueva etapa de prosperidad y progreso compartidos, para construir un futuro de la inteligencia artificial al servicio de nuestros pueblos y fundado en el espíritu emprendedor, la innovación y el Estado de derecho”, dijo el comunicado de la embajada argentina en Washington. Pero la realidad es otra.
En las fotos del evento se lo ve a Oxenford con el arquitecto de la Pax Silica, el subsecretario de Asuntos Económicos Jacob Helberg. No es un dato ni un funcionario menor: Elberg fue, según su currículum, “asesor principal del director ejecutivo de Palantir” Alex Karp, el socio de Peter Thiel. “Básicamente es el comisario político de Silicon Valley en territorio de un rival interno, Marco Rubio. Está casado con Keith Rabois, socio de Peter Thiel en Founders Fund”, detalló Nicolás Lantos en El Destape.
El objetivo de la Pax Silica es que los países firmantes se limiten a la parte de la cadena de la tecnología digital asignada. En el caso de la Argentina, a proveer minerales críticos. La piedra basal de la Pax Silica ideada por Helberg es que la soberanía digital no existe, que los países no tienen que desarrollar lo que ya tiene otro y simplemente tienen que sumarse a la iniciativa con lo que puedan aportar en este momento. En ese esquema, Estados Unidos es el centro de toda la maquinaria y la Argentina un simple proveedor de insumos que luego tiene que comprar lo que Estados Unidos haga con esos insumos.
Helberg es un joven funcionario de 36 años que fue el fundador de The Hill & Valley Forum, un centro de lobby de los tecnomillonarios de Silicon Valley para influir sobre los políticos de Washington. El primer sponsor de la la entidad es Palantir, la empresa de Karp y Thiel. No es la única, figuran casi todas las firmas de tecnología como Open IA, Oracle, Nvidia y Google, entre tantas otras. Armaron una fundación para llevar sus intereses al gobierno de Estados Unidos y pusieron al subsecretario de Asuntos Económicos
Mientras el gobierno argentino anunciaba su adhesión a la Pax Silica, Helberg publicó un documento en la web del Departamento de Estado titulado “La trampa de la soberanía digital”. El texto apunta contra la iniciativa de la ONU de que cada país construya sus infraestructuras en Inteligencia Artificial. “Es una visión seductora. También es atrasada y contraproducente”, dice Helberg.
Helberg hace una analogía entre empresas y países. Plantea que las empresas exitosas son las que no hacen lo que otra empresa ya fabrica, porque ese mercado ya está cubierto. Y quiere aplicar ese principio a los países: que ninguno desarrolle nada que ya haya desarrollado otro. “Habrán logrado no la llamada ‘soberanía digital’ sino una especie de mediocridad sincronizada”, afirma Helberg de los países que creen sus propias capacidades informáticas.
“Una nación no es digitalmente soberana porque puede reproducir los avances de ayer, la mitad del mundo puede hacerlo. Es digitalmente soberano porque puede contribuir al de mañana. Lo llaman soberanía de la innovación: el poder no de copiar lo que existe, sino de crear lo que no”, dice Helberg. Y pone como ejemplo que Estados Unidos no corrió detrás del 5G, tecnología en la que quedó rezagado frente a China, sino en lo que se monta encima de la transmisión de datos, la inteligencia artificial.
“Esta es la lógica detrás de Pax Silica. No lo construimos como una fortaleza. Lo construimos como una coalición de capacidades, una forma para que las naciones que confían entre sí encuentren la mejor tecnología dondequiera que viva entre ellos y trencen esas fortalezas. La premisa es simple y antigua: los socios de confianza que intercambian sus ventajas logran lo que ninguna nación amurallada puede manejar sola. El cálculo de un socio se encuentra con los minerales de otro, el talento de un tercero, el capital de un cuarto, y el resultado no es una suma sino una multiplicación”, detalla Helberg.
Muchas referencias. La “nación amurallada” es evidentemente China, una de sus obsesiones. Tiene un libro llamado “Los cables de la guerra: la tecnología y la lucha global por el poder”donde, según su currículum, “aboga por una estrategia estadounidense más contundente frente a las ambiciones tecnológicas de China”.
Pero lo más interesante es la distribución de tareas que plantea: un país tiene minerales, otro va y los extrae, el tercero tiene científicos y otro el dinero para financiar la operación. La vieja división internacional del trabajo, donde Argentina volvería a su rol de proveedor de materia prima y consumidor de producto terminado. Ahora, en lugar de vaquitas son minerales raros, en lugar de cuero y ropa será inteligencia artificial. Lo que nunca Helberg, además, es quien se queda con los beneficios. Y, sobretodo, con el control de la tecnología y de los países que usen esa tecnología que no es propia. O sea, que terminan sin soberanía digital. Para esta era, sin soberanía a secas.
La verdadera trampa, o más bien falacia, de Helberg, es que pone dos opciones extremistas: o te sumás a su iniciativa o sos un cavernícola que arranca de cero en el desarrollo científico digital. Elude mencionar los caminos alternativos: la integración, la transferencia de tecnología, la diversificación de socios.
Hay apenas 16 países que firmaron la Pax Silica de Trump, de Helberg, o sea de Thiel. Argentina será el 17, la desgracia.
El plan Trump-Thiel
La Pax Silica no es una iniciativa aislada sino el correlato de la política de Trump hacia la región motivada por su interés de no depender de China en la cadena de suministros tecnológicos.
Apenas asumió este segundo mandato, Trump publicó una declaración en la web de la Casa Blanca sobre la restauración de la competitividad y la seguridad estadounidenses vinculada a la aplicación de la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA por sus siglas en inglés). Esa ley data de 1977 y sanciona a las empresas estadounidenses que cometan actos de corrupción en el extranjeros.
Trump anunció la detención de la “aplicación excesiva e impredecible” de la FCPA que hace que las empresas estadounidenses sean menos competitivas”. Agregó que “las empresas estadounidenses son perjudicadas por la sobrecarga de la FCPA porque tienen prohibido participar en prácticas comunes entre los competidores internacionales, creando un campo de juego desigual”. En pocas palabras, las habilitó a pagar coimas en el extranjero, como si las firmas yanquis fueran las únicas honestas del mercado hasta ahora.
Pero, ¿para qué tenían que pagar coimas las empresas estadounidenses? En el párrafo siguiente, la respuesta: “Las ventajas estratégicas en minerales críticos, puertos de aguas profundas y otras infraestructuras o activos clave en todo el mundo son fundamentales para la seguridad nacional estadounidense”.
En Argentina cumplieron cada objetivo. La primera privatización de Milei fue Industrias Metalúrgicas Pescarmona (IMPSA), que fabricaba equipos de alta complejidad. La compró un consorcio liderado por la estadounidense Arc Energy. Infraestructura, un activo clave. La última la Vía Troncal Navegable, el río Paraná, que quedó en manos nuevamente de Jan de Nul, empresa belga con sede en Luxemburgo que en medio de la licitación aclaró que solo usaría tecnología de Estados Unidos.
Antes, tal como publicó Sebastián Premici en El Destape, se había firmado un Memorándum entre Argentina y Estados Unidos para autorizar la presencia del Cuerpo de Ingenieros de las Fuerzas Armadas estadounidenses en el río Paraná. Este es el ejemplo de cómo Estados Unidos exporta lo que no consume. Tienen su río Paraná, el río Missisippi, que atraviesa el país de norte a sur, y no lo privatizan. Lo controla el mismo Cuerpo de Ingenieros que ahora está en el río Paraná argentino.
En torno a los minerales críticos hay otro Memorándum firmado el 22 de agosto de 2024 entre la cancillería argentina y el Departamento de Estado de EEUU. El acuerdo dice que busca “cooperar en el fortalecimiento de la gobemanza y la inversión en el sector de los recursos minerales críticos en la República Argentina, a fin de ayudar a expandir su integración y el apoyo a cadenas de suministro seguras y confiables a nivel mundial”. Lo mismo que la Pax Silica.
El objetivo del Memorandum es la “exploración, extracción, procesamiento y refinación, y reciclaje y recuperación de recursos minerales críticos”. La excusa es que se necesitan inversiones, pero la Argentina no puso ninguna condición acerca de qué obtener a cambio de sus recursos. Podría hacerlo, ya que los minerales están en suelo argentino. Eligieron no.
El punto 4 vale la pena citarlo completo: “El Gobierno Nacional de la República Argentina tiene la intención de proveer información a los Estados Unidos de América respecto de potenciales licitaciones y proyectos en la República Argentina tan pronto como dicha información se encuentre disponible. El Gobierno Nacional de la República Argentina hará todo lo que se encuentre a su alcance para alentar a los gobiernos subnacionales a proporcionar esta información lo antes posible, para garantizar que las empresas con sede en los Estados Unidos de América y los socios de la Asociación para la Seguridad de los Minerales tengan suficiente tiempo para participar”. En síntesis, Argentina le tiene que avisar a EEUU de forma prioritaria de todo lo vinculado a minerales e incluso obligar a las provincias a hacerlo.
¿Qué pidió Milei a cambio de esto? Nada. El Memorándum no exige ninguna contrapartida por parte de Estados Unidos, ni transferencia de tecnología, ni inversión en industrialización local. La redacción sigue la línea del Acuerdo Comercial que firmó Milei con Trump: la Argentina se compromete a muchas cosas a cambio de nada.
No alcanza
“La minería va a generar un millón de puestos de trabajo directos”, dijo Milei. Es cierto que la Argentina tiene un potencial minero enorme, más aún si le suma valor agregado con industrialización local. Pero es un sector que no crea esa cantidad de puestos de trabajo y Milei está empecinado en que el país no solo entregue su soberanía digital sino también pierda su soberanía industrial y minera.
Actualmente la minería genera el 1,5% del trabajo en el país. Son aproximadamente 90.000 trabajadores. Aún si se triplica explicará el 4,5%, unos 270.000 trabajadores. Aún si, al igual que la construcción, eso genera la duplicación del empleo de forma indirecta, ocupará al 9% entre directos e indirectos, algo arriba de los 500.000 trabajadores. La matemágica de Milei nunca cierra.
No hay forma de el desarrollo de la minería equipare la destrucción del resto de las ramas de la economía. Desde la llegada de Milei al gobierno se crearon 31 empresas de minería, lo que podría ser un signo de recuperación. Pero lo cierto es que cierran 31 empresas por día, según los cálculos del Instituto Argentina Grande. Dos años y medio contra cada día. No dan los números.
Lo mismo sucede con el trabajo. La minería genero 2.524 puestos de trabajo desde que asumió Milei. En el mismo período la construcción perdió 81.425, la industria 79.263, la administración pública 67.312, incluso los bancos despidieron a 13.250. No hay forma que la minería absorba lo que descartan los otros sectores de la economía.
La firma de la Pax Silica solo confirmará esta tendencia. El acuerdo establece que la Argentina solo generará puestos de trabajo en las canteras, en las minas, nada en industria ni en desarrollo científico ni en nada que ya exista en Estados Unidos. Luego dependerá de Estados Unidos para toda la cuestión digital. Un nuevo colonIAlismo.
