El nombramiento de Diego Santilli como jefe de gabinete es un elemento más de la composición que se va armando. La Libertad Avanza y el peronismo van a definir la elección de 2027 en una elección donde la provincia de Buenos Aires tendrá, por enésima vez, un rol decisivo. El sucesor de Manuel Adorni quiere ser gobernador desde que en noviembre de 2021 ganó por un punto la elección para diputado nacional. Con la agonía del PRO, su pésima relación con Mauricio Macri y la irrupción de Milei, Santilli parecía fuera de carrera. Ya no. Santilli se benefició primero de la narcoaventura de José Luis Espert y después de la saga de nuevo rico de Adorni. Por eso, pudo negociar con Karina Milei una asunción como jefe de gabinete que no resigne su objetivo electoral. El único competidor a la vista es Sebastián Pareja, pero el operador preferido de la hermana presidencial es un desconocido para los 17.523.996 habitantes del principal distrito de la Argentina. Si Milei no la choca y Santilli no tiene problemas similares a los de su antecesor, el año que viene estará en campaña para arrebatarle la provincia al peronismo. Los Milei lo necesitan competitivo en el territorio madre de todas las batallas.
Para Fuerza Patria, un sello que también parece destinado a morir, la elección en la inmensidad bonaerense también será definitoria. Ya lo es y explica en parte la tensión entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof. Detenida desde hace más de un año e inhabilitada de por vida para ejercer cargos públicos por decisión de la Corte Suprema, la ex presidenta consideró siempre a la provincia la “retaguardia” de su proyecto político. Por eso eligió a Kicillof como candidato a gobernador y por eso nunca esperó que el gobernador se le insubordinara: hoy cuestiona sus gestos de autonomía y, todo indica, no descarta jugar contra la ambición presidencial de su ex ministro de Economía. “Nunca imaginó que desde la retaguardia le clavaran una puñalada”, dice una persona que visita seguido a CFK en San José 1111.
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Kicillof tiene una mirada muy distinta. Piensa que ganó las elecciones ejecutivas de 2023 y legislativas desdobladas de 2025 pese al “desastre” del Frente de Todos y el plan asfixia de Milei. El cuestionamiento directo de Máximo Kirchner a Kicillof en Parque Lezama tensó como nunca la relación en lo que era el viejo kirchnerismo y generó interrogantes mayores. ¿Puede haber una negociación o el camino de ruptura no tiene retorno? ¿Quiénes pueden ser los mediadores? ¿Los pocos intendentes que buscan una salida negociada o Sergio Massa, el actor que se beneficia por default con la disputa entre CFK y AK? Quienes dialogan con el gobernador bonaerense dicen que está en marcha un método en contra de Kicillof que Cristina ya aplicó en contra de otros candidatos. Además, ven al gobernador convencido de que Milei y Santilli tendrán los votos necesarios para eliminar las PASO, un golpe que obligaría a las distintas facciones del peronismo bonaerense a ir a una interna por primera vez en casi cuatro décadas.
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El creador del Movimiento Derecho al Futuro mira encuestas que lo dan con una imagen positiva del 53% en provincia y contrastan con la baja intención que tiene la decena de precandidatos que amagan con pelear por el sillón de la gobernación en 2027. Por eso piensa que el año que viene tendrá que hacer campaña al lado del candidato o candidata que pretenda heredarlo. “Siente un deber histórico”, dice una de las personas que mejor lo conoce. ¿Puede haber un pacto que preserve la provincia para Cristina y garantice el apoyo al proyecto presidencial de Kicillof? Hoy parece imposible. Máximo lanzó la candidatura presidencial de CFK y se espera que la ex presidenta mueva una ficha. En La Plata dicen que Kicillof está dispuesto a una reunión, pero no en este contexto. Hace falta un cambio en el clima interno y eso no depende de un llamado sino de una “tarea colectiva”, dice un dirigente que todavía piensa en la posibilidad de un entendimiento.
Por ahora, Massa disfruta la pelea pero cerca suyo algunos piensan que si el enfrentamiento se profundiza, sus intereses corren peligro. Un peronismo roto y partido en dos a nivel nacional pone en peligro la provincia de Buenos Aires y conspira contra el candidato a gobernador del PJ. Massa no lo va a decir hasta el final pero no descarta ser candidato a gobernador. ¿El ex intendente de Tigre puede enfrentar al nuevo jefe de gabinete? Se conocen de memoria desde que a fines de la década del noventa militaban bajo impulso de Carlos Menem por el proyecto de Ramón “Palito” Ortega para enfrentar a Eduardo Duhalde. ¿El choque de Cristina y Kicillof habilita a Massa para ordenar la oferta opositora? ¿El cardenal Samoré, según el apodo que le gusta difundir, puede hacer que todos entiendan que pueden perder más? Todos en el peronismo saben que Massa va a intentar hasta el final ser candidato a presidente y enfrentar o disuadir a Kicillof.
La mayoría de los protagonistas del experimento fallido del Frente de Todos coinciden en algo más. Si el peronismo vuelve al poder, tiene que tener un único líder. Falta mucho y al mismo tiempo, no tanto. Solo hay algo de lo que no puede dudarse: la pelea bonaerense y la pelea nacional no pueden pensarse separadas. Son la misma pelea.
