Brasil, una elección al filo del abismo

02 de octubre, 2022 | 00.05

“En estas elecciones se juega la democracia en Brasil”. Esta frase repetida por grandes artistas como Chico Buarque, intelectuales como Boaventura de Souza Santos o políticos como José Luis Rodríguez Zapatero, sintetiza la importancia de este 2 de octubre en nuestro querido país vecino. 

Aún más, en estas elecciones se juega el destino democrático de toda la región porque un triunfo de Lula da Silva sería un enorme estímulo para retomar la integración regional; un gran apoyo para los gobiernos que buscan alternativas soberanas al neoliberalismo y hasta un relativo contrapeso para la asfixiante presión que el imperio estadounidense viene descargando (cada vez más cuanto mayor es la declinación de su liderazgo global) sobre nuestro continente.

La reelección de Jair Bolsonaro, por el contrario, no sólo sería un atentado contra la Madre Tierra (por la sistemática destrucción de la Amazonia), sino que incrementaría las dificultades que los gobiernos progresistas ya enfrentan. Su permanencia al mando de Brasil alentaría dos peligrosas tendencias: una local (grupos de neofascistas violentos que ya han aparecido también en Argentina) y otra externa: con Bolsonaro y los militares en el poder Washington multiplicaría las intervenciones híbridas que ya están en marcha –el caso de Argentina es clarísimo: ataques contra la moneda, incitación a la violencia, operaciones judiciales, etc-. 

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Negar los hechos solo puede provocar una tragedia y la realidad es que, en los últimos cuatro años, hubo en la región cuatro intentos de magnicidio (afortunadamente fallidos): Nicolás Maduro (2018); Evo Morales y Alvaro García Linera (2019) y Cristina Fernández de Kirchner (2022). Venezuela y Bolivia estuvieron bajo asedio y golpes blandos ¿y Argentina?

¿Es posible que Bolsonaro continúe en el poder? Si se cumplen las reglas del juego democrático: No. Según algunas encuestadoras como Datafolha, un escenario posible es que la fórmula Lula da Silva-Geraldo Alckmin obtenga más del 50% y gane en primera vuelta. En estos primeros comicios se elegirán además 513 diputados (la totalidad de la Cámara baja), un tercio del Senado (27), 27 gobernadores y 1059 legisladores provinciales, es decir, se conformará el nuevo mapa de la política brasileña y se determinará las condiciones de gobernabilidad del nuevo gobierno. 

El segundo escenario posible es que Lula gane en la primera vuelta, pero no obtenga la mitad más uno de los votos. En ese caso habrá ballotage el 30 de octubre entre él y Bolsonaro. El actual presidente ha puesto una vara alta para justificar un escenario de insurrección y medidas represivas. Dijo que si en la segunda vuelta él no obtiene un 60% de votos es porque hubo fraude y que las elecciones serían invalidas.

El ex capitán viene habilitando desde hace meses el uso de armas e incentivando a sus seguidores –que son muchos, sobre todo en Río de Janeiro y Brasilia- con un discurso lleno de violencia. El 70% de los brasileños –según una encuesta realizada por la Red Acción Política por la Sostenibilidad (RAPS) y por el Foro Sistema Brasileño de Seguridad Pública (FBSP) tiene miedo de recibir agresiones físicas si dice lo que opina de política. Los seguidores del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula no salen a la calle con sus camisetas rojas por miedo. Ya hubo tres casos denunciados de bolsonaristas que asesinaron a gente del PT.

Según la Universidad Federal Fluminense, las milicias de Bolsonaro dominan el 57,5 % de las favelas cariocas. Estos grupos determinan el voto de los “favelados” y han armado los llamados “corrales electorales” donde está prohibido que entren candidatos que no sean bolsonaristas. En este clima de intimidación, cualquier situación es posible, incluso que Lula sea imposibilitado de asumir si gana el 30 de octubre.

Por último, si todo sale bien y el 1º de enero de 2023 Lula vuelve al palacio del Planalto, el presidente “trabalhista” tendrá una misión muy compleja. Cuando asumió en 2003, hacía diez años que el neoliberalismo se imponía en el mundo y, salvo las propuestas contrahegemónicas del venezolano Hugo Chávez, parecía que no había más alternativa que seguir los dictados del Consenso de Washington. La historia no fue tan lineal.
Ahora, en un contexto global muy diferente (de transición hegemónica, guerra en Europa y alta inestabilidad), deberá revertir la trágica herencia social, sanitaria, económica y ambiental que le deja Bolsonaro, con una estructura institucional penetrada por más de 6.000 militares colocados por el ex capitán en los segundos y terceros niveles del Ejecutivo.

Lula sabrá cómo hacerlo. En tantos años nunca ha perdido su muñeca de sindicalista: negociadora sin sumisión, diplomática sin cobardía para enfrentarse a los poderosos. Cuenta además con la memoria histórica del “No al Alca” y la década ganada. Tiene otros compañeros de ruta (Andrés Manuel Lòpez Obrador, Luis Arce, Gustavo Petro) y una potencia –EEUU- mucho más urgida de obediencia incondicional por su declinación irremediable, pero es su último o anteúltimo mandato y está en condiciones para gobernar, una vez más, para la Historia.

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Telma Luzzani

Tiene una trayectoria de más de 30 años como periodista y analista de política internacional. Trabajó en numerosos medios gráficos (Página 12, Tiempo Argentino y Clarín) y medios audiovisuales. Fue conductora de Voces del Mundo en Sputniknews y co conductora en el multipremiado programa de VISION 7 INTERNACIONAL emitido por la TV Pública. Tiene varios libros escritos. Los más conocidos son: “Todo lo que necesitás saber sobre la Guerra Fría” (2019); "Territorios vigilados. Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica" (Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2012); Venezuela y la revolución (2008), entre otros.

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