Precio del dólar y mala praxis

La disparada de la cotización del paralelo, que desestabiliza el mercado cambiario y pone en riesgo la cotización oficial, es el primer daño autoinfligido del gobierno del Frente de Todos

17 de mayo, 2020 | 00.05

Pesos más, pesos menos, el dólar paralelo se paseó esta semana por los 140. Que la brecha con el oficial oscile en el 100 por ciento es una pésima noticia. El “precio natural” del paralelo debería rondar la suma del oficial más el 30 por ciento del impuesto y, a lo sumo, algo por costo de transacción, o sea más de 90 y menos de 100.

EL APRIETE DE LOS ANTICUARENTENA

Cuando la brecha es tan grande se potencian las expectativas de devaluación, es decir los actores económicos comienzan a adaptarse a un precio más alto de la divisa. Los productores de bienes frenan las ventas porque no saben cuál será el costo de reposición de sus mercaderías o simplemente remarcan por las dudas sobre la base de la devaluación imaginada, los exportadores retienen las ventas o las liquidaciones. El normal abastecimiento de productos queda alterado, lo que retroalimenta precios y las tensiones sobre el tipo de cambio. Cuidado con el último número del Indec, que marcó una baja de la inflación, porque allí dentro hay muchos precios regulados. Finalmente, quienes tienen un excedente intentan dolarizarlo.

Provocado el daño, el gobierno difícilmente pueda volver atrás la cotización, no porque sea imposible, sino porque la historia económica local enseña que eso nunca sucede, por el contrario, lo que suelen repetir los gobiernos en situaciones similares es la devaluación. Devaluar significa simplemente la caída de los salarios en dólares y con ello la caída de la demanda agregada y de la producción. En otras palabras, cuando las lecturas más optimistas esperan para 2020 una retracción de la actividad del 7 por ciento, podría ocurrir que la recesión se agudice todavía más. Esto también es historia, las bajas salariales en dólares nunca cumplieron la promesa de aumentar las exportaciones. En países como Argentina las ventas externas dependen de la demanda del resto del mundo, hoy deprimida por la pandemia. El “tipo de cambio competitivo” es uno de los mitos más dañinos de la economía local.

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Sin embargo existe una diferencia entre las devaluaciones del pasado y la amenaza del presente. Para un gobierno no es lo mismo mantener el precio del dólar elegido con restricción externa que sin ella, como es el caso del presente. Hoy, el derrumbe de las importaciones producto de la recesión hace que el abastecimiento de dólares no sea un problema. O al menos no debería serlo, más cuando se decidió un plazo de gracia de tres años para el pago de los servicios de la deuda.

Las acciones de un gobierno en un escenario de este tipo son dos. La primera es asegurarse que los exportadores liquiden sus ventas, la segunda evitar a toda costa que quedarse con excedentes financieros en pesos sea equivalente a perder dinero. La mala praxis cometida se sintetiza en haber generado una tasa negativa en pesos. Por los plazos fijos los bancos estaban pagándole a las empresas el 0,7 de la tasa de Leliq, cuando esta proporción debería ser el 0,9. Nadie puede razonar que la solución patriótica para los propietarios de un excedente sea perder dinero. La economía no funciona en contra de la lógica del comportamiento de los actores.

A ello se agrega otro dato central. Con restricciones a la compra de dólares la única vía “legal” para hacerlo es el llamado “dólar bolsa”, las operaciones con acciones del Contado con Liquidación y con títulos públicos del MEP. Luego el precio de estas operaciones conduce el precio del paralelo, “ilegal” o blue. Distintas fuentes consultadas por El Destape coinciden en que el mercado del dólar bolsa mueve apenas unos 50 millones de dólares diarios. O sea, ya no son las épocas del gran Toto de la Champions en que era necesario establecer barreras de 5000 millones de dólares en un mercado cambiario desregulado. Hoy para incidir en precios lalcanza con que cualquier “agencia gubernamental” (nótese la delicadeza) intervenga en este mercado con, digamos, 5 millones diarios. El camino no es combatir con la gendarmería, sino las intervenciones y regulaciones eficientes, es decir, las que respetan la lógica del comportamiento de los actores.

Es absurdo quejarse de “la maldad de los especuladores” que dolarizan sus excedentes cuando no se les ofrece nada a cambio. Es normal que cualquier propietario de un excedente, desde un asalariado de altos ingresos a un empresario que necesita preservar su capital de trabajo, lo dolarice versus la opción de perder dinero. A modo de ejemplo, Brasil logró tener un mercado financiero en moneda local luego de largos años de pagar tasas positivas en reales. No se trata de cuestiones culturales. Si se quiere crear un mercado de deuda en moneda local tienen que existir incentivos para quedarse en la moneda propia. No hace falta ningún modelo monetario sofisticado para entenderlo.

Lo notable es que en el gobierno abundan los economistas, en algunas áreas más que en otras, que entienden perfectamente estas cuestiones elementales. Algunos de ellos tienen cargos de decisión en el Ministerio de Economía, la Anses, la Comisión Nacional de Valores y el Banco Central. Cuando se los consulta sobre la disparada del dólar bolsa lo que se escucha es el deslinde de responsabilidades. Aquí se evitan los textuales porque no se participa de las internas, pero el dato común es que cada tribu encuentra argumentos para culpar a la otra. Es verdad que el del Frente de Todos es un gobierno de coalición, pero cuando en la tropa propia hay tantas tribus la solución lógica es que el cacique ponga orden. La pregunta que sigue es ¿con quién habla de economía el cacique?

 

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