Un círculo virtuoso de emergencia

Las urgencias que impone la pandemia de coronavirus y la crisis económica resultante exigen reorientar la producción a lo que la sociedad más demanda y necesita en este momento. 

15 de abril, 2020 | 08.40

Argentina se anticipó al estallido de la pandemia de coronavirus y está superando carencias tecnológicas y de infraestructura con organización y conducción política firmes y precisas. Utilizar el mismo criterio para la reorganización industrial de crisis permitirá atender, en primer lugar, las necesidades urgentes e imprescindibles ante la amenaza sanitaria. Y se podrá salvar, de este modo, además, a una industria textil amenazada directamente por la extinción.

A comienzos de febrero de este año, los estragos de cuatro años de políticas de destrucción de empresas y empleos llevó la capacidad ociosa de la industria nacional al 56 por ciento, según datos del Indec, el porcentaje más bajo desde 2002. En ese escenario, la brutal caída de PBI que implica el aislamiento social requiere de soluciones extraordinarias que también se anticipen a lo inevitable del desastre económico. 

Una reconversión de crisis del sector textil

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La apertura indiscriminada de la importaciones entre 2016 y 2019 llevó a una cuasi destrucción de la capacidad productiva de la industria textil, que terminó importando telas de Perú y encargando la confección en China. El actual aislamiento social no solo perjudica a la industria textil en su fase manufacturera, sino también al sector de la comercialización, que queda virtualmente paralizado. Debe entenderse que el rubro textil tiene la característica de endeudarse a unos 120 o 150 días para poder comprar materias primas, insumos, etc., y todo con un nivel de facturación que en este momento es de cero. Esto hace que desde el sector se calcule que van a tardar por lo menos un año para recuperarse.

Leer las alertas de la reconversión industrial de crisis con la misma celeridad y decisión con que se decretó la cuarentena obligatoria, implica, entonces, pensar y visualizar soluciones para la escasez de material sanitario que ayude a prevenir el contagio, y a abastecer a hospitales, centros de salud, residencias geriátricas, organismos públicos, lugares de trabajo permitido y a todo el personal involucrado. Son cientos de miles de personas que requerirán millones de máscaras, barbijos, batas  hospitalarias, ropa de cama para centros de salud y lugares de aislamiento, productos específicos para niños...

Es una lógica de guerra que en nuestro país nunca hemos atravesado pero que está siendo implementada en Estados Unidos, Francia, España. Frente a la emergencia masiva, se moviliza la capacidad industrial y se la reorienta a la producción de los insumos que el estado considera prioritarios a través de diversos acuerdos del gobierno con las cámaras empresarias textiles. 

En estos convenios se puede incluir el valor de cada uno de los productos, contemplar el sostenimiento de la producción y de las empresas, y garantizar la compra de esa producción por parte del estado. También, el estado nacional puede mediar para que accedan las provincias, las obras sociales y las medicinas prepagas, unificando la compra o garantizando el acceso a un mismo valor.

Por último, hay que considerar la situación de los talleres textiles precarios que están produciendo material descartable sin ninguna medida de seguridad. Cuando avance el virus, si en esos talleres hay gente enferma, crece el riesgo de que el material que salga de esos vaya a estar contaminado, por lo que hay que constituir un equipo de especialistas en seguridad e higiene que integre el comité de crisis e interactúe con las áreas de salud e industria para garantizar que todo lo que se produzca, se haga con el mínimo de seguridad indispensable.  

Otras industrias en el esfuerzo común

Para que el propósito primordial todos los argentinos no se vea malogrado en la situación extrema que atravesamos, los acuerdos y convenios de reconversión productiva deberían extenderse a otros sectores. Es fundamental que la especulación y la escasez de algunos productos imprescindibles no conspire contra el esfuerzo de la sociedad, por eso el gobierno podría celebrar acuerdos y convenios en la línea del sector textil, con laboratorios de la industria cosmetológica a fin de garantizar la producción de insumos de primera necesidad para la atención de la emergencia del coronavirus. 

También la industria de bebidas alcohólicas podría sumarse a la elaboración de geles desinfectantes, lavandina y alcohol, garantizando la compra de esa producción por parte del Estado, que puede mediar y centralizar las decisiones para que accedan de un modo regulado y ordenado las provincias, las obras sociales y las empresas de medicina prepaga, garantizando un mismo valor.

Se cerraría, así, un círculo virtuoso de emergencia en el que se ayuda al sostenimiento de estas industrias, se protege el trabajo, se sustituyen importaciones importaciones, y se genera buena parte del material necesario para afrontar la pandemia, bajando costos en una situación internacional de demanda excesiva. 

 
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Carmela Moreau

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