El Taller Rancagua está ubicado debajo del parque Los Andes, en el barrio de Chacarita. En ese espacio bajo tierra trabajan 120 personas; allí se reparan los coches de la línea B de Subte. Desde marzo se convirtió en uno de los epicentros de un reclamo. Los trabajadores denunciaron que están expuestos, desde hace años, al asbesto, una sustancia mineral cancerígena, y decidieron hacer una retención de tareas que se mantiene. Al día de hoy 11 de ellos presentan neumoconiosis, provocada por la inhalación del material. Pero lo que sucede en el taller Rancagua no es excepcional: la problemática se extiende a casi toda la red de Subte y la búsqueda de soluciones se volvió decisiva.  

La denuncia está radicada en el Juzgado N°12 Contencioso Administrativo de Capital Federal y en la Subsecretaría de Trabajo de la Ciudad. En los expedientes están las confirmaciones que aseguran que tanto los trenes como el ambiente poseen fibras de asbesto que, al ser inhaladas, desencadenan problemas en la salud. Es por eso que se conformó una Mesa de Trabajo entre la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, los gremios, Metrovías, la Agencia de Protección Ambiental (APRA), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE) y la ya mencionada Subsecretaría de Trabajo de la Ciudad. También comenzó a intervenir la Defensoría del Pueblo de la Ciudad.

La noticia de que los coches CAF-5000 españoles tenían asbesto hizo eco el año pasado. Eran los mismos que circulaban en Argentina, después de que el gobierno porteño de Mauricio Macri los comprara en 2011. La empresa concesionaria Metrovías lo reconoció y quitó de circulación ese modelo. Ariel Roschetti, uno de los mecánicos del Taller Rancagua, siguió de cerca lo que ocurría en España. Fue así que comenzó una tarea: de manera experimental, de acuerdo a la función, la ubicación y el color, comenzó a sacar piezas de los trenes de otras marcas para mandarlas a analizar. Algunas de las pruebas que enviaron él y sus compañeros en la Universidad Nacional del Sur, de Bahía Blanca, dieron positivo.

Los reclamos más urgentes incluyen el monitoreo de la salud constante (con intención de que se extienda a lo largo de toda la vida) y la descontaminación, tanto de la ropa de trabajo y del ambiente, como el recambio de la flota. “Es inviable reemplazar todas las partes, además de que sería más caro. Los coches nuevos serían la solución de fondo”, pide Roschetti en diálogo con este medio.

El médico especialista en toxicología Eduardo Rodríguez fue uno de los redactores de la resolución de 2003 del Ministerio de Salud de La Nación que prohibió la producción, importación, comercialización y uso del asbesto. “Su origen es mineral, proviene de una roca. Está instalado en muchas partes. Era una sustancia noble y barata que servía, entre otras cosas, como aislante térmico y se usó indiscriminadamente –dijo a El Destape– Las complicaciones que puede generar son placas pleurales, asbestosis y cáncer de pulmón o de pleura, entre otras”.

Para Rodríguez el problema no es sólo laboral, sino de salud pública e insiste con que es difícil determinar a futuro cuántos serán los damnificados, incluidos los usuarios: “Se encontraron fibras de asbesto también en los techos de los vagones. Y para una sustancia cancerígena no hay absolutamente ningún umbral de tolerancia válido. Si bien desde la empresa dijeron que hay baja cantidad de ella en el aire, la exposición es por un largo período de tiempo. Para los trabajadores es una especie de ruleta rusa que no pidieron”.

Los estudios en el laboratorio determinaron que también contienen asbesto las marcas General Electrics, Siemens (que no lleva pasajeros, pero se usa para hacer trabajos de madrugada), Naboya, Fiat y Mitsubishi. Con respecto a esta última, Francisco Ledesma, secretario de Salud Laboral y Condiciones en el Medio Ambiente en el Trabajo de la Asociación gremial de trabajadores del Subterráneo y Premetro (AGTSyP), dice que las autoridades del Ministerio de Trabajo reconocieron que en cada coche (son seis por formación) el mineral está presente en casi un 80 por ciento.

“La preocupación está porque hoy circulan 16 formaciones del Mitsubishi en la línea B. Y también tenemos sospechas de la flota brasilera Alstom y de la CNR, proveniente de China, que corre en la línea A. En esos países no hay prohibiciones para fabricar y vender trenes con esa sustancia”, aseguró a El Destape. Y agregó: “Uno toma la decisión personal de fumar o no fumar, pero no de venir a trabajar en un medio de transporte y que el empleador no le informe, a sabiendas, que lo va a dejar en peligro”.

Voceros de Metrovías aseguraron a este medio que están ejecutando un Plan de Gestión Segura del Asbesto. Hicieron hincapié en el mantenimiento especial de la flota Mitsubishi, el asesoramiento con especialistas y la adquisición de elementos de protección para el personal, entre otros. Al mismo tiempo mencionaron que la problemática trasciende las fronteras y que es un “desafío” para los subtes de todo el mundo.