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Se volvió para ser mejores: desafíos del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner

Tras la asunción, el objetivo ahora será desplegar acciones que marquen un camino en la dirección de consagrar un gobierno nacional, popular y democrático.

15 de diciembre, 2019 | 00.10
Se volvió para ser mejores: desafíos de Alberto y Cristina | Lo que viene

Las consignas que han sostenido la férrea resistencia a las políticas neoliberales que tanto daño le han hecho al país, expresaban no sólo el deseo sino la convicción de volver a consagrar un gobierno nacional, popular, democrático y respetuoso de garantías como de derechos humanos fundamentales. La concreción inicial de ese objetivo requiere ahora el despliegue de una serie de acciones que marquen un claro camino en esa dirección, que permita mantener el respaldo imprescindible del Pueblo.    

Cuánto tiempo, cuántas veces

El Peronismo, como expresión emblemática del Movimiento Nacional y Popular en nuestro país, ha ganado merecidamente ese lugar que le ha valido también una estigmatización permanente.

Despertando tanto el amor como el odio más allá de racionalidades políticas, aunque explicables desde lo ideológico. El antiperonismo se ha manifestado policlasista, con un aporte destacable de capas medias que lejos pueden considerarse ajenas a los beneficios sociales, económicos e institucionales que significaron los gobiernos de aquel signo.

En la última convocatoria de Macri se hizo evidente entre los asistentes ese odio visceral, que expresaron incluso quienes se reconocieron perjudicados por su gestión. No deja de ser curioso, sin embargo, que lo justificaran en una defensa de la libertad, de la honradez, de la independencia de la Justicia y de valores republicanos que no reflejó el Gobierno saliente.

En su discurso de asunción Alberto Fernández hizo hincapié en la necesidad de un reencuentro entre los argentinos, con respeto a la diversidad, con reconocimiento de la pluralidad de una sociedad democrática, sin exclusiones.

A la vez tuvo definiciones categóricas en torno a la erradicación de prácticas viciadas tan reiteradas en estos últimos años, de persecuciones a opositores, de discriminaciones inconcebibles, de la cooptación de magistrados implicados en operaciones de y con los servicios de inteligencia, de los perniciosos efectos de una prensa difusora de falsas noticias y promotora de linchamientos mediáticos.

El anhelo presidencial es valorable, un deseo compartible que ofrece serias dificultades para concretarlo y es virtualmente imposible con los sectores más reaccionarios que desde las PASO, advertidos de la alta probabilidad de un regreso del “populismo”, se han dedicado a potenciar las descalificaciones que alientan sentimientos negativos.      

Esa apreciación se robustece tomando en cuenta las prioridades planteadas, la solidaridad reclamada con los consiguientes sacrificios que ello impone y el sentido de los “Nunca Más” que pronunció en esa ocasión.     

Desde la primera proscripción del Peronismo, por demás extensa (18 años), fue ostensible la amenaza que representaba para quienes proponían un país segmentado, para pocos y tributario de intereses antinacionales. Esas ideas se reinstalaron con similar crudeza, a las imperantes en 1955, a través de la coalición macrista que bregaba por retroceder 70 años en la historia argentina e impedir definitivamente que se repitieran experiencias populares semejantes.

Tantas veces me mataron, tanta veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando. Los versos de María Elena Walsh (“Como la cigarra”), poéticamente reflejan al luche y vuelve, al vamos a volver o al volveremos tan caros a la militancia y tan incorporados al clamor popular que finalmente con resistencia, firmeza y convicciones lo hizo realidad, una vez más.

 ¿Qué ocurrió? ¿Qué se espera?

La mentira tiene límites cuando la realidad –que es la única verdad- se torna tan palpable que es imposible no advertirla, lo que no significa que no se insista en reinstalarla toda vez que se presente una ocasión propicia para fomentar los desencuentros, para recrear estigmas a la sombra de proclamas libertarias.

Algo de eso anticipaba Macri en su retirada, cuando se atribuía la condición de garante para “defender las cosas que hemos logrado y defender la Argentina si alguno quiere intentar abusar”, y agregaba "Tenemos que cuidar para que no roben, estafen o vuelvan a descuidar a nuestra Argentina. Eso depende de cada uno de nosotros. Debemos cuidar nuestras libertades.”.

No deja de ser asombrosa la persistente hipocresía, que a su vez revela la continuidad de un relato plagado de falsedades que seguirá siendo la línea directriz en la construcción de una oposición destituyente, como ya lo fuera hasta el 2015.

Sostener que será preciso tener esos cuidados, interpretando la “vuelta” como un peligro –casi un dato cierto- de que sería para robar y estafar, es tanto como señalar que son esos propósitos inherentes a la fuerza política vencedora en las elecciones de octubre.

Descalificaciones que van más allá de dirigentes, funcionarios y partidarios, porque involucran a un electorado que masivamente se pronunció por clausurar una etapa oscura de espaldas a la gente y prescindente de sus necesidades más elementales.

Que votó por la reconstrucción de un Estado que no sea un convidado de piedra frente a los Mercados o, peor aún, un socio complaciente, y que tenga al frente a quienes puedan emprender esa tarea, exhibiendo capacidades tanto como conductas acordes con esa delicada misión.

Para ser mejores  

La anterior experiencia peronista, entre 2003 y 2015, acrecentó sus bases de sustentación con la incorporación de miles de jóvenes que recuperaron a la Política como valor y de diversos colectivos que volvieron a tener -u obtuvieron- un espacio de representación para sus demandas. Así como amplió su espectro, con sectores afines identificados con el kirchnerismo que, en definitiva, era en sustancia la expresión predominante de ese Movimiento en el siglo XXI.

Ninguna duda cabe de que se cometieron errores, que desde distintas perspectivas pueden señalarse omisiones frente a legítimas expectativas o desafortunadas acciones por el modo, oportunidad o los responsables de su ejecución.

Lo que no le resta haber constituido el período más transformador, más inclusivo, más plural y de mayor compromiso social desde la recuperación de la Democracia en 1983. Ni la firmeza en la decisión plasmada en medidas concretas de gobierno en defensa de la soberanía nacional, de los derechos humanos y del desarrollo de una Economía productiva, generadora de trabajo, con equidad redistributiva.

El sentido del volver para ser mejores supone atender a los cuestionamientos, yerros, autocríticas y nuevos escenarios nacionales e internacionales, pero de ninguna manera abdicar de los significantes y significados que definen -por antonomasia- al Peronismo, ni de la justa como legítima reivindicación que, en esa línea, caracterizaron a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.    

Los festejos del 10 de diciembre dieron rienda suelta a una alegría postergada y esperanzada, con calles desbordadas por los cientos de miles que asistieron a darle la bienvenida al nuevo Presidente.

En ese marco también se registró una triangulación entre Cristina, Alberto y la Plaza que, entre discursos y vítores, dejó un mensaje que hizo huella y brindó claves para interpretar el sentido del volver, del para qué, del cómo y con quiénes como inclaudicables garantes del Proyecto Nacional inconcluso.    

Con las mismas banderas

El compromiso de gobernar sin sectarismos ni exclusiones, con total vocación de diálogo, buscando persuadir y no imponer, consensuar admitiendo que habrá desacuerdos que no siempre serán saldables, es encomiable y reconocible como un rasgo político sincero, que dista de una mera declamación coyuntural.

Lo manifestado ante la Asamblea Legislativa fue sustancioso y anticipatorio de un Programa de gobierno fruto de un profundo conocimiento de la situación en que se ha dejado a la Argentina, como de las cuestiones que exigen prioritaria atención.

El desguace del Estado, los saqueos que se promovieron con la especulación financiera y la degradación institucional, fueron señalados sin ambages.

Aquel mensaje presidencial al país en su conjunto se completó por la tarde ese mismo día, cuando Alberto Fernández ratificó ese compromiso y sumó otro explícito dirigido a quienes lo llevaran al triunfo en las elecciones, sosteniendo:

“Aprendimos que con nuestra división ellos se hacen fuerte. Por eso nunca más vamos a dividirnos (…) El tiempo que se inicia es un tiempo distintoSomos un movimiento político que nació en la faz de la tierra para ser solidarios con el prójimo  (…) A partir de hoy empezaremos a escribir un tiempo donde el más importante es el que produce y vamos a desterrar a los que especulan con la timba financiera (…) Cuatro años escuchamos decir que no volvíamos más, pero esta noche volvimos “

Palabras, que sonaron en total sintonía con las que minutos antes pronunciara Cristina: “Confíe en el pueblo, ellos no traicionan, sólo piden que los defiendan y los representen". Una síntesis clara para la gobernabilidad y para superar los esperables embates que desde diferentes espacios, de modo frontal o con disimulos gatopardistas, se deberán afrontar.  

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