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Paz, Pan y Trabajo

La aprobación de la Emergencia Alimentaria fue un primer paso, pero queda el más importante: generar trabajo digno.

21 de septiembre, 2019 | 20.25

Le sanción de la ley de Emergencia Alimentaria expone el fracaso de un modelo de país, que siendo productor de alimentos no ha sido capaz de garantizar la alimentación de su población llegando en la actualidad a cifras alarmantes de pobreza, hambre y desintegración social.

Los Movimientos Populares hemos impulsado durante años un programa de emergencia para abordar varios de los problemas que se sufren en los barrios populares presentando en el Congreso de la Nación 6 leyes: Emergencia Social, Emergencia Alimentaria, Registro de Barrios Populares (RENABAP), Reparación Histórica de la Agricultura Familiar, Ley de Infraestructura Social y Emergencia en Violencia de Género. Las primeras 3 fueron sancionadas por unanimidad, la reparación histórica de la agricultura familiar fue votada en diciembre de 2014 y nunca promulgada, mientras que las últimas dos nunca fueron tratadas.

 

¿Por qué en el Congreso? Porque queremos Paz

 

Entendemos que si los conflictos sociales no tienen una canalización institucional a través del dialogo y el consenso, promoviendo políticas de Estado, quienes no tienen derechos quedan abandonados y expuestos ante un contexto que promueve el descarte social y la desigualdad. Sabemos que en el territorio la pelea es contra los narcos, los sectores corruptos de las fuerzas de seguridad, el delito organizado y la violencia generada por la ruptura del tejido social. Hoy en día son las Iglesias, los clubes de barrio, las sociedades de Fomento y los Movimientos Populares quienes forman la última barrera ante la ausencia del Estado, defendiendo la vida comunitaria, sosteniendo a las familias excluidas y organizando a los trabajadores pobres para reconstruir la esperanza y enfrentar a quienes siempre ganan en las crisis cuando el Estado se debilita o decide dejar de cumplir con sus obligaciones fundamentales.

 

 

¿Por qué la Emergencia alimentaria? Porque queremos Pan

 

Nuestro país es una potencia productora de alimentos. Sin embargo, el hambre es innegable: el 40% de nuestra población en la pobreza y el 50% de menores en esa situación son la muestra mas palpable que Argentina puede tornarse inviable. No puede ser estable una democracia tan desigual. Los años que vienen son para reconstruir la Unidad Nacional, sin exclusiones, pensando en cómo volvemos a tener trabajo y acceso a los alimentos, la salud y la educación. Esta prioridad quedó expuesta por la unanimidad con la que se aprobó esta ley. El diálogo social entre la Pastoral Social, el Poder Ejecutivo, los movimientos populares y los gremios durante estos años ha sido un ejemplo de que intereses, muchas veces encontrados, pueden construir acuerdos en los temas que son causa común para quienes queremos vivir en una sociedad con justicia social. Lamentablemente, el modelo Económico de Cambiemos, transformándose en una fábrica de pobres, impidió que se obtengan resultados, ya que ninguna política social pudo ser efectiva, aumentando diariamente el conflicto y la demanda ante el crecimiento del hambre como el principal problema a resolver con extrema urgencia.

 

 

¿Cuál es el desafío del futuro? El trabajo

 

El gobierno de Macri ya no tiene tiempo, capacidad y, mucho menos, legitimidad para revertir esta situación. De todas maneras, todos estos problemas quedarán pendientes de resolver. Es fundamental terminar con el paradigma del subsidio, recuperar el paradigma del trabajo, ya que es este el único y verdadero ordenador social. Todos queremos que las familias argentinas coman en sus casas y eso se logra solo generando trabajo digno. Los Movimientos Populares estamos convencidos que ese es el camino que tenemos que tomar. Por eso, estamos unidos a través de propuestas concretas, porque vivimos en los mismos barrios, sufrimos los mismos problemas y nos sentimos hermanados con quienes sufren y la pasan mal. Para nosotros no son cifras o estadísticas que se tiran por el aire como si nada, son compañeras y compañeros con un nombre y un rostro que conocemos y abrazamos.

Durante años hemos construido viviendas sociales, hemos producido alimentos a baja escala, hemos mejorado el hábitat en los barrios populares y hoy alimentamos a diariamente a un millón de personas en todo el país. Todo esto lo hacemos en silencio, donde no llegan las cámaras de televisión ni tampoco quienes nos critican diariamente, estigmatizando nuestra labor sin siquiera conocerla.

Para empezar a revertir este complejo y duro cuadro social hay que reconocer los problemas. Dimos un primer paso, pero queda el más importante: generar trabajo digno.

 

*El autor de la nota es secretario de políticas sociales del Movimiento Evita. Dirigente de CTEP.

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