Otros cuatro años de neoliberalismo

El presidente Alberto Fernández deberá convivir con el neoliberalismo heredado durante toda su gestión. De su capacidad para minimizar los costos que acarreará, dependerá seguramente la viabilidad de su gobierno.

20 de noviembre, 2019 | 16.27

Tres de los cuatro años de caída económica, junto a la reducción de salarios y jubilaciones, fue el combo neoliberal con el que el macrismo se desempeñó durante su gobierno. Sin embargo, esta amarga experiencia no concluirá el próximo diez de diciembre, pues revertir su herencia será un proceso que demandará mucho más que una gestión gubernalmental, debido a la destrucción del tejido social, productivo y macroeconómico que ha sufrido la Argentina.

Sin dudas, el principal elemento con el que cuentan estos sistemas, impuestos en nuestro país a sangre y fuego por la dictadura cívico militar, y cuyos capítulos se repitieron durante el menemismo y la primer Alianza, es el endeudamiento, el cual no solo actúa como un anestésico a sus programas de ajuste, sino que además condiciona de manera determinante la gestión de futuros gobiernos que intenten plantear un programa progresista para el desarrollo social.

Y es que según el Centro de Investigación y Formación de la CTA (Cifra-CTA) el macrismo tomó en promedio una deuda de 32.500 millones de dólares anuales, triplicando incluso del ritmo de emisión de las anteriores experiencias neoliberales (1976-1983 y 1989-2001), aumentando así la deuda pública en 103.808 millones de dólares, y en donde la fuga de capitales y no las obras públicas representó prácticamente la totalidad del endeudamiento, es decir 93.667 millones de dólares. Asimismo, si se le suma la deuda que la alianza Cambiemos estimuló y facilitó tomar a provincias y privados, los nuevos compromisos de los últimos cuatro años ascienden a 187.706 millones de dólares, según el Observatorio de Deuda Externa (ODE).

Es por esta razón que, de acuerdo a la Universidad de Avellaneda (UNDAV), el gobierno de Alberto Fernández deberá afrontar en sus próximos cuatro años una deuda de 180.000 millones de dólares, pues en 2020 vencen 48.686 millones; en 2021, 44.953 millones; en 2022 46.499 millones; y en el último año de gobierno 37.800 millones. Todo ello, con mercados de crédito cerrados, debido a que el macrismo agotó la capacidad de préstamo de los mismos, y con el crédito del FMI otorgado en más de un 90 por ciento.

La prueba de que el nivel de deuda fue tomada de forma irresponsable, la dio el propio macrismo, cuando anunció el “reperfilamiento” de parte de la misma en septiembre pasado, una forma elegante de decir que no se podría cumplir con los compromisos acordados. Sin embargo, el grueso de este insustentable endeudamiento quedará en manos del próximo gobierno, que deberá anunciar una reestructuración, con todas las condicionalidades que ello representa para una gestión de gobierno.

Pero no es solo el endeudamiento el condicionante neoliberal para restringir las acciones de los futuros gobiernos, sino también la destrucción del tejido productivo, con su consecuente aumento en la desocupación y la pobreza, lo que hace irremediable que el proceso de reconstrucción demande un prolongado lapso, sin garantías además de que la sociedad tenga la capacidad de comprensión y resistencia al difícil proceso de restaurar la economía. Sucede que según datos de la consultora Radar y del Centro Cepa, durante el gobierno de Cambiemos cerraron entre 15 y 20.000 pequeñas y medianas empresas, lo que en gran parte explica que la desocupación se haya duplicado durante la gestión macrista del 5,8 por ciento al 10,6 por ciento, que se hayan sumado 4,5 millones de pobres, y que el PBI haya caído cerca de 8 puntos porcentuales, toda vez que el PBI nacional se explica en un 70 por ciento por el mercado interno. Sabido es, crear empresas y puestos de trabajo es un proceso arduo y que requiere mucho tiempo, mientras que alcanza con una serie de medidas económicas como las dispuestas por el macrismo, como tarifazos, apertura importadora, o tasas de interés descomunales, para que de la noche a la mañana desaparezcan estas unidades productivas.

Lo cierto es que estas duras cifras, que crecen exponencialmente con el correr de los días, difícilmente puedan invertirse a partir del diez de diciembre, y es por eso que el gobierno de Alberto Fernández deberá convivir con el neoliberalismo heredado durante toda su gestión. De su capacidad para minimizar los costos que acarreará, dependerá seguramente la viabilidad de su gobierno.

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