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La deuda interna, la deuda externa y los cinco pilares de la recuperación argentina

Desde el gobierno apuestan a que el mercado interno encenderá el motor de la economía, sumado a la renegociación de la deuda y el desarrollo de cinco sectores.

12 de enero, 2020 | 00.05
La deuda interna, la externa y los pilares de la recuperación | Panorama político

Primero fue lo urgente: atender la deuda interna que fue como una bomba de tiempo con el reloj descompuesto en las manos de Alberto Fernández. Los primeros treinta días apuntaron a conjurar ese peligro, con medidas de distribución que volcaron recursos hacia los sectores que más habían quedado rezagados durante los últimos cuatro años. Desde el gobierno celebran un éxito parcial en esa cuenta. Los resultados de la transferencia de ingresos vía bonos, aumentos de salario, congelamiento de tarifas y el programa alimentario comenzarán a verse bastante pronto y ayudarán a cambiar las expectativas, confían en la Casa Rosada.

En la segunda etapa, que empieza a desplegarse por estos días, tomará más protagonismo en la agenda la renegociación de la monstruosa deuda externa que dejó Mauricio Macri. El éxito en esa tarea, que ya comenzó, de manera subterránea, es clave para lo que sigue. Sin un acuerdo con el FMI y acreedores privados que despeje los vencimientos por algunos años (dos, como mínimo, cuatro en el escenario soñado por los funcionarios del equipo económico), no estarán dadas las condiciones para desarrollar un plan de crecimiento sostenible en el mediano y largo plazo. El plazo para alcanzar ese objetivo es el 31 de marzo.

Después vendrá “lo más difícil”, según las palabras del equipo de gobierno. Una vez que se haya detenido la caída y con la economía se encuentre estabilizada, será urgente comenzar el largo camino de la recuperación. Aunque la experiencia macrista previno a los funcionarios actuales sobre el riesgo de poner plazos y hacer vaticinios, el gabinete económico trabaja pensando en que la segunda mitad del año la actividad comience a dar señales inequívocas de crecimiento que permitan cerrar el 2020 con el final de la recesión en el horizonte. Luego de los primeros 180 días, las medidas de contingencia deberán haber dado paso a un plan consistente y de largo plazo.

La idea de Fernández es que el mercado interno provea la chispa que ponga en marcha el motor y que las exportaciones sean el combustible que le permitan seguir andando. El consumo reprimido después de casi dos años completos de caída en las ventas de todo y la capacidad ociosa instalada son territorio fértil para que una inyección de recursos en los sectores bajos y medios bajos de la sociedad activen rápidamente la economía. El Presidente puso en manos de uno de sus funcionarios de mayor confianza, el ministro de Trabajo Claudio Moroni, el complejo desafío de que los puestos de trabajo se creen sean en blanco.

En cuanto a las exportaciones, hay cinco sectores donde la Argentina puede ser muy competitiva en el corto plazo. Al campo se lo potenciará a través de un fuerte programa para dar valor agregado a la producción de materias primas. Es indispensable a esta altura del siglo veintiuno dejar atrás la matriz primaria y enfocarse en potenciar el valor de las riquezas del suelo. Las herramientas ya están charlándose, entre el gobierno y algunos sectores rurales, mientras otros, que desean seguir viviendo de las ventajas comparativas heredadas durante generaciones, hacen tractorazos y amenazan con medidas de fuerza más graves, que ya no encuentran el eco de otros tiempos.

Los hidrocarburos y la minería son otras dos potenciales fuentes de ingresos de divisas en el mediano plazo. Ambos sectores hoy son explotados muy por debajo de su capacidad y además cuentan con una alta demanda en el mercado global. Algunos cálculos, quizás un poco optimistas, hablan de que podrían aportar a las arcas del Estado diez mil millones de dólares por año cada uno. Ambas actividades, empero, deberán desarrollarse en un marco de sustentabilidad del ecosistema, como quedó claro esta semana por las declaraciones del ministro de Ambiente, Juan Cabandié, y del de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, que llegó a proponer un “Green New Deal”.

Por último, en el sector servicios las actividades que están en la mira del gobierno son el turismo y el software. Históricamente, la llegada de visitantes del exterior se produce cada vez que la Argentina tiene un dólar competitivo. Las atracciones naturales y culturales que tiene para ofrecer el país pueden ser potenciadas con mejor conectividad aérea, inversión en infraestructura hotelera y la proyección de la gastronomía de marca argentina hacia el mundo. La exportación de servicios informáticos lleva un crecimiento continuo desde hace varios años pero sin un proyecto integral: habrá novedades al respecto en los próximos meses.

En la Casa Rosada confían que si se puede dejar atrás la emergencia social, se consigue un acuerdo ventajoso de renegociación de la deuda externa que ayude a estabilizar la macroeconomía y se puede poner en marcha un plan de crecimiento sostenible basado en esos cinco pilares, es factible apuntar a un nuevo ciclo de crecimiento sin que la espada de damocles del estrangulamiento del sector externo vuelva a poner en peligro lo que se obtuvo con tanto esfuerzo. Son muchos supuestos y es largo el camino pero al menos ahora hay un plan y la decisión política de avanzar en ese sentido. Después de cuatro años de deriva y caída libre, es un montón.

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