Faltantes de insumos básicos y en la protección de los trabajadores frente al coronavirus: ¿Qué más falta?

Frente a las múltiples carencias que afectan a la población, cuesta identificar otros faltantes determinantes en nuestras vidas de cara al futuro.

19 de abril, 2020 | 00.05

Es una época en que se cuentan múltiples carencias en el aprovisionamiento de la población, aunque pareciera que, a veces, nos cuesta visualizar y dimensionar otros muchos faltantes con enorme incidencia en nuestras vidas y destino común.

Faltantes en Salud

Con la crisis sanitaria se han vuelto más visibles carencias de distinto tipo en los sistemas de Salud pública, que son producto del desguace implementado a nivel nacional y en muchos distritos entre 2015 y 2019. Faltan centros de asistencia, camas para internaciones y en especial para terapia intensiva, infraestructura, logística, vacunas.

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La desatención de un área estatal tan primordial, delegando funciones –indelegables- al sector privado y sólo para quienes puedan tener acceso a esos efectores, es más grave aún a poco que se advierta el desaprovechamiento de recursos ya existentes y su inexplicable abandono.

Existen numerosos ejemplos de esa desidia injustificable, como las miles de vacunas vencidas (contra el sarampión, poliomelitis, hepatitis A y B) o las que se hallaban demoradas en la Aduana detectadas a comienzos de este año. Los camiones (trailers) sanitarios del Ministerio de Salud de la Nación preparados para atención primaria, campañas de vacunación y otros servicios de salud en todo el país, que funcionaron hasta el 2015 y luego quedaron inutilizados, arrumbados en un depósito hasta que fueran descubiertos unas semanas atrás.

Otro tanto resulta de los cinco hospitales construidos para aquella misma época en la Provincia de Buenos Aires, a los que sólo debía equipárselos para su puesta en marcha y no se hizo, Resultando vandalizados o sujetos ahora a una puesta en valor que llevará su tiempo –y mayores erogaciones- en un período crítico como el actual.

En estos días también se supo de 24 ambulancias –en desuso y deterioradas- adquiridas por el anterior Gobierno bonaerense en el año 2018, que no fueron nunca incorporadas a servicio alguno a pesar de estar totalmente equipadas, tratándose de elementos vitales para las acciones de emergencias.

Faltantes de insumos sanitarios básicos

Entre los servicios esenciales frente a la pandemia ocupan un primer lugar los de salud, que lógicamente no dependen sólo de los recursos materiales antes aludidos sino, principalmente, de las trabajadoras y trabajadores que en sus diversos roles (profesionales, personal técnico, de enfermería, de administración, de maestranza, de vigilancia) son quienes deben cuidar a la población, no sólo a los pacientes afectados por coronavirus, y asumiendo los mayores riesgos.

A pesar de la delicada misión que deben afrontar, cada vez son más las denuncias por la falta de provisión de elementos de protección o seguridad en cantidad suficiente o, directamente, por su total omisión en la entrega o reposición que, incluso, exige que cada cual se los provea por su cuenta y cargo.

Esa situación se ha verificado en hospitales públicos de la Ciudad de Buenos Aires dando lugar a acciones de amparo, como también en sanatorios privados en los que parte del personal se contagió del Covid-19 y que, en varios casos, no fue informado provocando un mayor peligro para quienes continuaban prestando sus labores.

Lo que se verificó por intervención de la autoridad sanitaria, a raíz de denuncias de delegadas sindicales, en el Sanatorio de la Providencia y en el Hospital Italiano con 34 y 19 infectados respectivamente. Aunque también se registran reclamos gremiales de igual naturaleza en el Hospital Alemán, en el Centro Gallego, en el Sanatorio Otamendi, entre otras muchas clínicas.

Faltantes en la protección de derechos laborales

Las alternativas descriptas precedentemente poseen particular relevancia en función del cometido que cumplen quienes se desempeñan en el ámbito de la salud, pero no se limita a ese sector las infracciones en materia laboral.

En distintas actividades exceptuadas del Aislamiento Preventivo Social Obligatorio (APSO) se registran, recurrentemente, serias omisiones en la adopción de medidas de seguridad e higiene, falta de acatamiento de los protocolos previstos en razón de la pandemia y de provisión de elementos básicos de protección personal.

Tal como sucede en diferentes industrias (de la alimentación, de la construcción, del papel, frigorífica, metalúrgica), en empresas mercantiles, gastronómicas y de telecomunicaciones como, también, de transporte público y de vigilancia.

Se advierte asimismo un abuso y forzamiento de las excepciones contempladas, ya sea por pretender abarcar tareas, sectores o líneas de producción que no resultan esenciales, como por exigir el desempeño de quienes pertenecen a grupos de riesgo o se les reconoce una condición que los exime del deber de asistencia al trabajo (los progenitores con menores a su cuidado).

La generalización de conductas de los empleadores expresamente vedadas, como se advierte en la aplicación de suspensiones o disposición de despidos e incumplimientos en materia salarial (por reducción de las remuneraciones, supresión de adicionales o premios, fragmentación o falta de pago de los salarios), se va acrecentando con el correr de los días.

Las dificultades que padecen trabajadoras y trabajadores para ejercer sus derechos, ante el riesgo de perder sus empleos, se acentúan por la virtual imposibilidad de acceder al asesoramiento profesional o sindical.

Situaciones que imponen una mayor presencia de las autoridades administrativas del trabajo, una mejor regulación de la actividad sindical en la emergencia -hoy sujeta a serias restricciones-, la implementación de mecanismos aptos para una rápida canalización de los reclamos gremiales y una oportuna intervención de los órganos estatales competentes.

Falta identificar con qué se confronta

Analogar el combate de la pandemia con una guerra posee un valor simbólico, por el sentido épico que connota y el compromiso que en tanto tal implicaría para la sociedad en su conjunto.

La fuerza beligerante se nos plantea invisible, microscópica y altamente letal, representada en un virus hasta hace poco desconocido y con una velocidad de propagación que potencia sus efectos devastadores para la salud, como también para la economía, la vida social y las propias instituciones.

Ahora bien, es cierto lo novedosa que resulta la enfermedad provocada por el Covid-19, pero no sucede igual con esas peligrosas consecuencias, a las que ya estábamos expuestos y que se preveían desde hace largo tiempo en virtud de las desigualdades mayúsculas generadas por el Neoliberalismo.

En todo caso, el coronavirus ha operado como disparador –y de algún modo, como revelador- de una crisis a que inevitablemente llevaba la deshumanización exorbitante que caracteriza al Capitalismo financiero y a un sistema que denota irreparables fisuras.

La falta de Estado o la reducción a su mínima expresión, condicionado cuando no cooptado por los Grupos concentrados y las Corporaciones hegemónicas. La prevalencia brutal de los intereses de minorías sobre el bien común y el bienestar general, desarticulando todo lazo solidario, impidiendo un desarrollo con equidad y justicia social.

Es eso, en definitiva, lo que ha permitido una vulnerabilidad extrema de las Naciones, por la falta de recursos y dispositivos para enfrentar contingencias –si se quiere, extraordinarias- que ponen en tensión la preservación de la vida con la rentabilidad que asegure una inagotable acumulación de riqueza.

Falta definir quiénes están en el barco

En ocasiones en que el país atraviesa una situación sumamente crítica, hacen falta respuestas que supongan una voluntad unificada y la disposición a ofrecer máximos sacrificios para superarla.

Suele entonces apelarse a una figura retórica, afirmando que “todos estamos en el mismo barco”. Como si con ello se diera por cierto que los intereses en juego son comunes y complementarios, por lo cual los compromisos serían asumidos sin reparos por la totalidad de los involucrados.

Pensado ese “barco” como una representación idealizada de la Argentina, importaría que nadie podría quedar fuera del mismo. Sin embargo, una convicción semejante no debería prescindir de que muchos ya han enviado su equipaje al extranjero y manifiestan una gran predisposición por mudarse, por subirse a otro barco.

El hecho de que empresas y personas residentes en el país dueñas de las mayores fortunas, posean entre el 60% y el 80% de su patrimonio en el exterior, muestra hasta qué punto es pura retórica esa formulación marinera.

Definitivamente, no todos están –o se sienten- partes de un destino común, comprometidos y partícipes de un esfuerzo mancomunado para sobrellevar el presente estado de excepción, como también para poder afrontar con nuevos paradigmas lo que dejará el paso de la pandemia.

En cualquier caso deberemos estar advertidos, para evitar el abordaje como polizones de aquellos que en mejor condición se encuentran para sufragar el pasaje en esta compleja travesía.

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Álvaro Ruiz

Abogado laboralista, profesor titular de derecho del Trabajo de Grado y Posgrado (UBA, UNLZ y UMSA). Autor de numerosos libros y publicaciones nacionales e internacionales. Columnista en medios de comunicación nacionales. Apasionado futbolero y destacado mediocampista.

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