El Destape: Pasaron diez años de la desaparición de Jorge Julio López, ¿por qué la causa está paralizada hace tanto tiempo?

Miguel Graziano: Hay una total decepción de lo que ha pasado tanto con el gobierno anterior como en estos primeros meses de gobierno y lo que ha logrado hacer la justicia. Esta causa tiene ciertas particularidades: intervino la justicia penal, la justicia federal, todas las fuerzas de seguridad y todos los estamentos del Estado en materia de seguridad y de inteligencia. Los resultados están a la vista a partir del paso del tiempo y de estos diez años de impunidad. Por otra parte, quien debería ser uno de los principales sospechosos de la segunda desaparición de López, Miguel Osvaldo Etchecolatz, tiene alguna posibilidad concreta de obtener la prisión domiciliaria, a la que llega después de muchísimo tiempo de pedirla. Desde un primer momento que está inventando excusas, problemas de salud y ahora incluso una huelga de hambre para poder dejar la cárcel e ir a su casa. Pasaron muchos años y en la causa judicial todavía no hay personas involucradas en la desaparición. Son diez años sin respuesta por parte de la justicia y por parte del gobierno.

ED: ¿Por qué se le dio tan poca importancia a la investigación del caso?

MG: No creo que la investigación haya tenido poca importancia, sino que no han sabido, no han querido y no han podido resolverla. Esto tiene que ver con ciertas características de las responsabilidades y las acciones de los estamentos del Estado en la segunda desaparición de López. Es muy probable que haya habido zona liberada en la casa. Además, ciertos sospechosos tienen relación con las fuerzas de seguridad o con el servicio penitenciario. Esto se da en un contexto donde López era testigo en la causa contra Etchecolatz y también en la causa por la unidad 9 de La Plata, puesto que había estado detenido en otras dependencias policiales de manera ilegal durante la dictadura militar. Es posible que aquellos elementos que participaron de la represión hayan tenido alguna injerencia en cómo eran las fuerzas de seguridad en 2006 y quizás la tengan hoy también.

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ED: ¿Qué pasó entre la noche del 17 y la mañana del 18 de septiembre de 2006?

MG: Es un misterio. Esa mañana su familia se despertó para ir al juicio y no lo encontraron. Lo cierto es que López no dijo nada sobre si iba a mantener alguna reunión ese día, era una persona muy especial en ese sentido. Por años había tenido que guardar y callarse cosas, elaboró un proceso muy personal y privado respecto de lo que había vivido durante la dictadura militar, incluso a escondidas de su propia familia. Tenía esa especie de mundo secreto donde probablemente haya acordado alguna reunión con alguien, quizás haya sido engañado para abrir la puerta de su casa, porque no hay elementos que muestren que hubo violencia previo a su desaparición. Aparentemente salió de su casa por propia voluntad. El misterio es para ver a quién y qué objetivo tendría esa reunión. López quería que se hiciera justicia, al punto que lo que más repetía en sus escritos secretos era "los argentinos tienen que saber".


ED: Con el paso del tiempo el caso se vuelve invisible ¿qué legado queda para los jóvenes?

MG: Además de las desapariciones físicas, López fue víctima de desapariciones simbólicas en los medios de comunicación, en la política y en la justicia inútil que no logra acceder a la verdad y a la reparación. Sin embargo, sigue vivo en obras, libros, fotos y en muchas paredes de La Plata. Hay una foto particular y significativa de López con los ojos cerrados, tomada por Helen Zout, en la cual la fotógrafa dice que ese es el López que no podía hablar, el que estaba en silencio. Asimismo, tiene otra foto de él mirando a la cámara y sostiene que ese es el López liberado, que se enfrenta a lo que pasó, que pudo hablar y revelarse; un hombre que ya no tenía miedo y se podía afrontar a cualquier cosa. Ese es el López que intentamos rescatar todo el tiempo, el que va a seguir entre nosotros a pesar de que los poderes no quieran hablar de él.

ED: ¿Quién era Julio López?

MG: Fue un hombre que asumió como propia la consigna de memoria, verdad y justicia. Un trabajador que logró sobreponerse a los silencios, en especial al de su familia, aquella que cuando él salió en libertad, todavía en dictadura, le decía "no hables de esto que pasó". También está el silencio de una sociedad que decía "mejor no decir nada", "por algo será", "algo habrán hecho". Esa misma sociedad que permitió el indulto. Él fue armando su propio mundo interior donde ejercía la memoria, la escribía en hojas sueltas que iba encontrando en las propias bolsas de cal y de cemento de su trabajo como albañil. Con el paso del tiempo, sus testimonios fueron cada vez más liberados, cada vez aportando más datos, y no porque en algún momento se haya guardado algo, sino porque se iba dando más permisos. Hubiera sido muy interesante seguir contando con el testimonio de López, porque se estaba animando a decir más cosas. Fue un hombre con mucha memoria, inteligencia y valentía, y por eso es un héroe.

Diez años sin López
Producción periodística: Rocío Criado, Juan Amorín y Juan Pablo Mansilla.
Edición: El Gato Gris y Martín Torres Negri.
Video: Lisandro Leiva.