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Elecciones Bolivia: el escenario incierto que enfrenta Evo Morales en un posible balotaje

Con un Bolsonaro local y la oligarquía en contra, el líder cocalero espera el final del conteo para no depender de una segunda vuelta. 

21 de octubre, 2019 | 10.23

El próximo 15 de diciembre habría ballotage presidencial en Bolivia. De confirmarse los resultados de ayer, los ciudadanos del país vecino concurrirían a una segunda vuelta electoral desde que se instauró la nueva constitución plurinacional. A mediados de diciembre solo habrá dos rostros impresos en las boletas: la cara del actual Jefe de Estado Evo Morales y la imagen del periodista Carlos Mesa, presidente circunstancial de su país tras la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada y portavoz de la Bolivia blanca, la asentada principalmente en las grandes ciudades de los departamentos ricos del oriente.

El Tribunal Electoral aún no contabilizó el total de las actas electorales. Falta procesar el sufragio de las circunscripciones rurales. Por lo pronto, el mandatario Evo Morales resultó vencedor con algo más del 45% de los votos, ese caudal otorga a la coalición oficialista la mayoría en Diputados y Senadores aunque el gobernante MAS cede el haber de contar con los dos tercios de representación parlamentaria, una posición legislativa cómoda con la que venía gobernando.

El podio se completa con el mencionado Mesa, que consiguió el aval del 38% de la ciudadanía, y con un médico evangélico coreano Chi Hyun Chung, que con un discurso violento hacia la mujer y las minorías sexuales, contabilizó un inesperado 8% de los sufragios. Con una mano en la biblia y la otra bien aferrada a una abultada billetera alimentada con sus ingresos como empresario de la salud, el señor Chung no dejó dudas sobre su posicionamiento de cara al ballotage: “Hay que cerrarle el telón al socialismo”, advirtió ayer el candidato del Partido Demócrata Cristiano.

En paralelo desde el Palacio Quemado Evo Morales confían en que la finalización del conteo de votos, una vez computados los votos emitidos en las comunidades rurales, es decir del riñón social campesino y cocalero donde se forjó el mandatario como dirigente sindical, modifique la última placa oficializada por el Tribunal Electoral. “Como siempre estamos confiados en el voto del campo, solo quiero recordarles, el 2002, en mi primera candidatura, en algunos departamentos éramos perdedores, y me acuerdo, había nevada en julio de 2002, y después seguían llegando los votos, retrasados por la nevada, y hemos sido primeros en Oruro y Potosí, y por eso vamos a esperar hasta lo último del escrutinio nacional para seguir con nuestro proceso de cambio”, remarcó Morales rodeado de sus ministros y de su histórico compañero de fórmula, el Vicepresidente Álvaro García Linera.

El desafío de Evo Morales será crecer en votos en un electorado que eligió opciones muy críticas de su administración. El evangelista Chi Hyun Chung, el Jair Bolsonaro de Bolivia, hizo de la narrativa supremacista y meritocrática –considera que los homosexuales necesitan un “tratamiento psiquiátrico” y que los rituales de la Pachamama son “una artimaña del diablo”- su principal patrimonio político. Es muy difícil, entonces, que su base electoral migre en diciembre, al no participar Chung del ballotage, al primer presidente indígena de Bolivia en un eventual balotaje.

Por su parte, el candidato Óscar Ortiz, de la plataforma Bolivia Dice No, representante de la élite del departamento de Santa Cruz de la Sierra, una provincia agroindustrial, capital del levantamiento secesionista del 2008, ya advirtió ayer que, si por él fuera, su capital de votos conseguido (4%) ya tienen la camiseta puesta de Carlos Mesa.

En tiempos de grieta Bolivia ayer votó, precisamente, con el contorno geográfico de la rebelión autonomista ya mencionada que se gestó en los inicios del gobierno de Morales. El presidente Evo Morales ganó con más del cincuenta por ciento de los votos en departamentos del occidente como La Paz y Cochabamba, donde predomina el color campesino, obrero e indígena. En cambio, Mesa se impuso en las provincias de Santa Cruz, Tarija, Beni y Chuquisaca, enclaves donde la pujanza energética y agroindustrial de esos distritos apuntaló el rencor corporativo hacia La Paz de sus oligarquías locales.

Tal como están las cosas, aún sin conocerse los números definitivos de la elección, Bolivia parece haber ratificado en las urnas el comportamiento de los hemisferios bien definidos que en el último referéndum le dijeron No a la posibilidad de reelección para Evo Morales. En ese plebiscito la derrota oficialista fue por escasos votos. La apuesta del oficialismo es, por lo tanto, a revertir esa estrecha diferencia. No sería la primera vez que Evo lograse dar vuelta un escenario adverso en su vida.

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