22 de noviembre, 2019 | 16.04

Calica Ferrer, el amigo del Che Guevara: "En Argentina salimos de la pesadilla que fue el macrismo"

En el marco de la proyección de los cortos documentales "Y en eso se fue Fidel" y "De Ernesto al Che", de Matías Mera, Calica Ferrer conversa con El Destape en un momento bisagra en la historia latinoamericana.

En el marco de la proyección de los cortos documentales "Y en eso se fue Fidel" y "De Ernesto al Che", de Matías Mera, Calica Ferrer conversa con El Destape en un momento bisagra en la historia latinoamericana.

En el bar El Olmo lo encuentro de espaldas, con las manos entrelazadas. Espera a que llegue. Está ansioso, quiere hablar y rememorar sus andanzas pasadas. Calica Ferrer fue amigo de Ernesto "Che" Guevara y el elegido para acompañarlo durante su segundo viaje por América Latina. Cuando le mencionó a Ernesto por primera vez, los ojos le chispean. Se traslada rápido a la acción y, como los mejores narradores, seduce con cada pausa. Crea suspenso. Consciente de eso, reinicia su aventura.

-Es inminente arrancar esta charla por la cruda realidad que está atravesando Latinoamérica con el retorno de gobiernos de derecha, ¿qué crees que pensaría Ernesto al respecto?

-Ernesto, que era un tipo muy inteligente y muy bien ubicado, lo asimilaría a cuando nosotros salimos por América Latina en 1953. Sacando el gobierno de Perón, que fue elegido por el pueblo, en toda la región había dictaduras manejadas por Estados Unidos, el gran capataz de la tierra. La historia siempre se repite. Yo pienso que Estados Unidos se ha dado cuenta de que pierde su posición política en el mundo y esto hace que redoble sus esfuerzos por dominar el “patio trasero latinoaméricano”, como llamaban al continente, porque si no, se quedan sin nada ante el crecimiento de Rusia y China. Por eso, me pone muy triste lo que ocurre en Bolivia, porque yo lo conocí a Evo Morales y le tengo un gran respeto como dirigente y como persona. Todavía no comprendo la magnitud de este golpe. Me deja un poco tranquilo saber que acá en Argentina salimos de la pesadilla que fue el macrismo.

-Que se va pero nos deja la verdadera pesada herencia.

-Sí, es cierto. Pero, ¿sabes qué? Nosotros tuvimos la suerte de tener el peronismo y el sindicalismo en nuestra historia. Esto es muy importante ya que por más mal que nos tratase lo peor de la derecha siempre tuvimos a los que defendieron los sueldos, las vacaciones pagas, el aguinaldo. Son conquistas sociales que la derecha no avasallo y el pueblo no permite que las derrumben. En cambio, Chile no entendió eso.

-Mencionaste la importancia de Estados Unidos en el tablero político de dominación, ¿son los principales responsables de que, por ejemplo, haya un Bolsonaro en Brasil?

-Por supuesto. Igual no hay que descuidar el hecho de que el imperio del norte se ocupó de copar la prensa que, evidentemente, es un arma poderosísima y le da vuelta la cabeza a la gente. Alguien que no lee, que no está al tanto de las noticias, que no tiene la posibilidad de informarse bien, lee un titular de Clarín y discute en base a eso. Un verso total. La única prensa libre en el mundo es la cubana y esto es obra de, entre tantos otros, de Ernesto. Cuando nosotros arrancamos nuestro viaje por Latinoamérica los medios dominantes del momento eran La Nación, Clarín y La Prensa. Te hacían ver el mundo de la forma que a ellos les convenía. Con Ernesto estábamos siempre informados, pero a nosotros lo que nos hizo cambiar la cabeza fue el contacto con la gente.

-¿En qué contexto lo conociste a Ernesto?

-Fue cuando yo tenía 4 años, en 1932, en Alta Gracia. Sus padres lo llevaron hasta en busca de un clima propicio para el asma que padeció toda su vida. Nuestros padres eran amigos y eso hizo que cultiváramos una relación desde temprana edad. De esa confianza surgió el viaje por Latinoamérica que me propuso Ernesto.

-A lo largo del viaje, ¿sentiste miedo por tu vida?

-Una vez, cuando casi naufragamos en el Lago Titicaca. Nos agarró una tormenta de noche, y ahí pude comprobar la tranquilidad ante el peligro de Ernesto. Cuando arrancaron los problemas, empezamos a remar nosotros porque el capitán se metió en proa pensando que nos hundíamos. Me acuerdo que rezaba. La verdad es que no soy de tener mucho miedo. Eso lo aprendí de él, de Ernesto. Y mira que a veces nos detenía la policía, o no teníamos nada para comer, apenas una arepa con queso. No me ofusco, hay que ser rápido ante el miedo. Ernesto nunca tenía miedo. Él jamás me exigió nada y yo estaba preparado para nuestra travesía. Las únicas veces que discutíamos era por tema de manejo de la plata que llevábamos, a veces lo retábamos por los gastos que llevaba.

-¿En qué gastaba la plata?

Por ejemplo, cuando llegamos a Cuzco dijimos “¿Qué hacemos?”. Yo me había enterado que había un lugar en el que te planchaban la ropa y te podías bañar, y se lo comenté anunciándole que iba a ir. Él me respondió: “yo me voy a comer”. Yo me bañe muy tranquilo y cuando iba a encontrarme con Ernesto, tenía un hambre increíble, él estaba en una mesa llena de platos típicos que había comprado. Me miro y me dijo: “viste pelotudo que era más importante comer que bañarse”. Nos peleábamos a veces, nunca por mujeres. Con el tiempo me enteré que teníamos intereses de mujeres en común. A Ernesto le gustaba estar acompañado.

-¿Cómo describirías a Ernesto ante alguien que no lo conoce?

Un ser humano que dedicó su vida a velar por los derechos de los que menos tienen y por la justicia social, dando su vida por eso. Un compañero de travesía único, un amigo formidable. Una persona que, cuando conoció a Fidel Castro, tuvo gran intuición para darse cuenta de que era un tipo confiable. A través de su figura podía sentirse más valioso.

-¿Lo conociste a Fidel?

Sí, cuando fue con Hugo Chávez a Alta Gracia. Pasé toda una mañana con Fidel. Un tipo muy especial, con un gran sentido del humor. Y Chávez también. De los líderes progresistas de izquierda lo conozco a él, a Evo, a Néstor. A Cristina no la conozco, lo tengo pendiente. Ella fue el cuadro político que garantizó la perdurabilidad de un modelo de país. Y por eso le estoy eternamente agradecido. Cuando me enteré de su muerte, me entristecí tanto. Se me vinieron una película de imágenes a la cabeza. Esa madrugada me llamó por teléfono el embajador cubano para darme la noticia. Si bien sabia que estaba mal, me dolió muchísimo. Lo mismo que con Ernesto. Te diría que ambas muertes tienen una marca de inevitabilidad. En el caso de Ernesto, yo no creí jamás que lo asesinaran. Al contrario, pensé que lo juzgarían y se salvaría. Tuve esa esperanza. Siempre tuve la duda de si fueron los Estados Unidos los que ordenaron la muerte, o los militares bolivianos.

-¿Tenés alguna hipótesis?

-Estoy empezando a creer que fue obra de la CIA y algún infiltrado.

-Una de las cosas que más me llaman la atención es la persistencia de la imagen del Che en la cultura popular, en especial de su boina, ¿qué sentís cuando se lo evoca de esta manera?

-Y si supieras que la boina de Ernesto está acá en Argentina. Conseguí que me invitaran a verla y fotografiarla en unos días, después de tanto tiempo. Te cuento la historia: cuando Ernesto estuvo en Punta del Este a los 36 años, en representación de Cuba, con motivo de una reunión de cancilleres en la cual Estados Unidos había anunciado un crédito especial para Latinoamérica. Ernesto los denunció y los trató de “letrinólogos”, porque lo único que sabían hacer era letrina. Ese mismo día les dice a sus padres y a nuestro amigo Carlos Figueroa que fuesen a la suite donde se alojaba para poder charlar. Esa misma noche, Carlitos, que era muy caradura, le dice: “no me hinches las pelotas y no me hables como cubano. A mí me tratas como amigo”. Todos nos reímos. Hay que decir que ellos se trataban de “pelotudos”, “pelotudones”,” pelotudazos”: cuando termina la reunión Carlitos se despide de Ernesto “bueno pelotudazo me voy, espero verte pronto y bien”, y en ese momento agarra su boina y se la lleva como un recuerdo. Después de muchísimos años he conseguido que un hijo de Carlitos me deje visitarla una vez más. No se como esta la gorra, no la vio nadie más. Nunca. Espero que este en buen estado.

-Después de ese viaje por Latinoamérica no se vieron más con Ernesto. Si pudieses charlar con él, ¿qué le dirías?

-Que me siento muy orgulloso de haber sido su amigo y que me hubiese elegido para acompañarlo en su viaje. Fue un distinto, un imprescindible. 

 

  • "Y en eso se fue Fidel"  y "De Ernesto al Che"  se proyectarán hoy a las 20 horas en el Centro Cultural Matienzo (Pringles 1249). Estarán presentes el director Matías Mera y Calica Ferrer para dialogar con el público presente.
     

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